Fina Darder: «La crisis nos ayudó a situarnos y en 2012 limitamos el trabajo a siete países»

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Fina Darder es la coordinadora de esta asociación que suma dos décadas de existencia.

Fina Darder es la coordinadora de esta asociación que suma dos décadas de existencia.

19-03-2019 | DANIEL ESPINOSA

El próximo 29 de marzo el Fons Pitiús de Cooperación (FPC) celebrará 20 años «trabajando por la justicia, los derechos humanos y la paz», como dice el lema del evento que acogerá a las 19:00 horas el Centro Cultural de Jesús. Su coordinadora, Fina Darder, se muestra orgullosa del trabajo realizado estas dos décadas, sobre todo por haber integrado a todas las instituciones de gobierno de las Pitiusas, a pesar de los cambios políticos. Han llevado a cabo más de 400 proyectos, a los que se han destinado más de 12 millones de euros, en países que van desde Honduras a Magascar o India. En 2004 la asociación fue declarada entidad de utilidad pública por el Consejo de Ministros en reconocimiento a su labor y a la transparencia en su gestión .

—Tras 20 años haciendo una labor tan importante, todavía hay gente en las Pitiusas que no sabe qué es el FPC ¿cómo puede ser?
—La verdad es que es una deficiencia que tras 20 años la gente no sepa lo que es el FPC. Es algo que no hemos sabido hacer, una asignatura pendiente. El Fons es una asociación privada que tiene la peculiaridad de que sus socios son instituciones públicas, por lo que su presupuesto, en un 95%, es público. A parte de las instituciones, entre las que están todos los ayuntamientos de Ibiza, los Consells de Ibiza y Formentera y el Govern, están todas las ONG que trabajan en cooperación para el desarrollo desde las Pitiusas. Entre todos ellos han formado una asociación que trata de coordinar a dónde se tienen que destinar esos recursos, de qué manera, la estrategia, el plan de trabajo anual…y el resultado es el trabajo de cooperación que se puede realizar.

—¿Qué abarca su labor?
—Hay dos vertientes. El Fons Pitiús nace para trabajar en materia de cooperación internacional, en proyectos o iniciativas que tratan de paliar necesidades en países del sur. La otra parte, la que hacemos aquí, es la de sensibilización para la transformación social. Lo que sería educación para la ciudadanía activa, responsable, crítica. Esto lo hacemos a través de campañas, en las escuelas a través de la Xarxa de Centres Educatius Solidaris.

—Han tomado como uno de vuestros pilares los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, ¿se está avanzando en su cumplimiento?
—A nivel nacional, no mucho. El gobierno español actual creó un organismo para trabajar por el cumplimiento de estos objetivos y no sé si ha tenido mucho tiempo de desarrollarlos. Lo que es interesante de esta agenda es la transversalidad que tiene. La aplicación de la agenda tiene que ser a todos los niveles, no solo a nivel nacional o internacional, sino también a nivel local, incluso de empresa y de individuo. Toda esa línea que va hacia abajo nos permite ver esa agenda como algo que tú puedes aplicar. En ese sentido yo creo que se están haciendo más cosas de lo que parece. Nosotros tenemos unos audiovisuales en nuestra página web que explican cada uno de los objetivos y los ejemplifica a nivel local. Lo que quisimos precisamente es trasladar esa agenda al ámbito pitiuso desde los diferentes niveles en los que podemos observar su aplicación. Cada objetivo lo protagoniza una entidad, ya sea el Consell, una empresa, las alianzas o individuos; y explica qué se hace por este objetivo concreto.

—¿Qué podemos hacer a nivel individual contra la pobreza y por un mundo más justo?
—Algo fundamental es estar informado de forma plural. Saber lo que pasa a nuestro alrededor, pero también lo que pasa más allá de nuestras fronteras. Intentar también buscar versiones diferentes de lo que pasa. No es algo que se haga habitualmente, pero lo deberíamos intentar para tener un punto de vista más crítico. Luego, por otro lado es muy importante el consumo. Nos estamos convirtiendo en consumidores, al menos desde el punto de vista empresarial, nos intentan vender e intentan que compremos a toda costa. Y te dicen que si no tienes busques un préstamo o te lo dejan. Estamos en un punto en el que esta forma de actuar no es sostenible. Tenemos que cambiar nuestros hábitos en materia de consumo. Si puedo comprar una camiseta por tres euros me tengo que hacer preguntas. ¿Por qué esta camiseta vale tres euros? No es posible que valga tres euros si no hay detrás una explotación laboral. Esas cosas deben partir de nosotros como consumidores.

—¿Qué evolución han tenido en su trabajo y el modo de trabajar en estos 20 años?
—Empezamos trabajando en cualquier lugar del mundo. Hicimos una convocatoria a la que se presentaron muchos proyectos en aquel momento y tuvimos proyectos en lugares como Madagascar, o Guinea Ecuatorial… trabajábamos de manera dispersa. No teníamos experiencia, la idea era trabajar en proyectos de cooperación pero de primeras no sabíamos a qué nos enfrentábamos. Poco a poco nos dimos cuenta de que no tenía sentido dispersar tanto los recursos que teníamos. Primero porque no nos permitía hacer un seguimiento de los proyectos que llevábamos a cabo. Si un día trabajas aquí y al otro trabajas en la otra punta del mundo, haces un proyecto, lo acabas y ya está. No ves el efecto de ese proyecto. Por eso fuimos limitando geográficamente los lugares en los que trabajábamos en función de las organizaciones que tenían base en las Pitiusas.

—¿Por qué solo de las Pitiusas?
Nos interesa trabajar a través de organizaciones que tengan base social aquí. Entendemos que si esas organizaciones trabajaban en un país determinado, ellas se encargaban de difundir el trabajo que se hace en ese país y de sensibilizar a la sociedad pitiusa sobre cómo se vive en ese país.

—¿Cómo son los proyectos que desarrollan ahora mismo?
—Son proyectos de seguimiento muchos de ellos. Por ejemplo, de una escuela que es necesario financiar y se pone una parte del presupuesto de esa escuela año tras año. En ese aspecto hay dos modalidades de cooperación. Una la que se hace con las ONG que tienen sede en Ibiza y Formentera y otra de cooperación directa. Esta última la llevamos a cabo en Nicaragua y el Salvador. Allí no hay una ONG como intermediaria, sino que nosotros tenemos nuestra contraparte allí. En Nicaragua trabajamos en un municipio en el que desde hace cinco años estamos trabajando con diferentes comunidades para que tengan acceso al agua. Se perforaron dos pozos y al final se crearon dos puntos de agua en los que la población puede ir a cargar agua para sus domicilios. Hemos evolucionado también en nuestra forma de trabajar. Consideramos fundamental que haya una participación de múltiples actores en el lugar en el que se lleva a cabo el proyecto para que sea sostenible. Cuantos más actores participen en ese proyecto más sostenible será. Los actores principales son las personas que van a beneficiarse de ese proyecto pero que también van a participar en su puesta en marcha, los gobiernos municipales del lugar en el que trabajamos. Buscamos insertar el proyecto en el plan municipal.

—¿Qué supone esa implicación?
—Estos proyectos no tienen que ser una iniciativa que provenga solo de nosotros, ni siquiera de la ONG que está en el territorio. Nos ponemos en contacto con el municipio y si en el plan municipal hay una serie de sectores en los que se quiere trabajar y se pretende hacer mejora, el proyecto se puede insertar allí. Entonces participan el municipio, la organización y los ciudadanos. Nosotros complementamos ese proyecto desde el punto de vista económico que es en la faceta que podemos participar. Al final el proyecto es un conglomerado de complementariedades que hacen que ese proyecto tenga continuidad. Con ello los objetivos se pueden palpar uno, dos o incluso tres años después. Eso es lo que perseguimos.

—¿Qué les queda por mejorar?
—Una de nuestras asignaturas pendientes es la evaluación de los proyectos. Hacemos seguimientos, que es ir al país y comprobar que las actividades se están llevando a cabo. Si se ha destinado dinero a que se contruya una escuela, ver que se ha construido; si se ha hecho una formación con mujeres reunirte con ellas, que te expliquen cómo ha sido esa formación, si creen que se puede mejorar… eso es el seguimiento. La evaluación va más allá, la evaluación quiere comprobar si el objetivo que pretendía el proyecto ha dado resultado. Si el proyecto de las mujeres que te decía, busca que encuentren trabajo, si lo han conseguido. Eso solo se puede ver meses o incluso un año después. Es una labor compleja porque es muy cara, no tenemos experiencia en ello y tendríamos que buscarla fuera. Este año por primera vez habíamos planteado una evaluación en Nicaragua junto con el Fons Mallorquí y el Fons Menorquí, llevamos 20 años trabajando allí. Es un proyecto que nos iba a hacer una persona del Fons Català y está en curso debido a la situación política del país. Así que está en curso y es la primera vez que haremos una evaluación de este tipo de resultados.

—¿Cuál es la labor que hacen a nivel de isla?
—En esta labor también hemos marcado una evolución. Empezamos sensibilizando sobre desigualdades, la pobreza de los países del sur, que mucha gente tenía cubiertas sus necesidades… nos dimos cuenta de que eso no era suficiente. Ahora sensibilizamos, pero también buscamos que las personas sean agentes de cambio. Si queremos transformar la realidad en la que vivimos, vamos a transformarla desde nosotros mismos. Desde esa premisa lo que hemos intentado en las escuelas es transmitir ese espíritu. Nosotros podemos contribuir a cambiar el mundo y acabar con la pobreza si desde nuestro pequeño espacio transformamos las cosas. Con las escuelas empezamos haciendo talleres. Poco a poco nos dimos cuenta que no éramos ni eficaces ni eficientes. Los talleres eran superficiales, los niños si no seguían hablando de ese tema el mensaje no cuajaba. Por eso lo que hicimos es una Xarxa de Centres Educatius Solidaris, que ahora conforman 11 escuelas, y con ella intentamos profundizar en la temática que sea. Este año están trabajando los ODS. Hacemos que los estudiantes se pregunten qué pueden hacer por el cumplimiento de esos ODS. El uso de: papel, tinta, electricidad, calefacción…que se planteen que pueden hacer en materia de funcionamiento básico. También a nivel de organización de la escuela, cómo transmito lo que trabajo, si estudio pintura, ¿estudio también a las mujeres pintoras? Intentamos poco a poco que la escuela se plantee un proyecto para el centro desde la base. Ahora estas escuelas tienen un hermanamiento con las escuelas de Nicaragua y cada año eligen una temática y hacen un proyecto y se lo intercambian. Así los niños de aquí conocen qué pasa con las migraciones en Nicaragua por los niños de allá. Ya no lo explicamos nosotros, lo explican los niños desde su propia experiencia. Es un intercambio que enriquece por el intercambio, pero también por el aprendizaje.

—¿Están suficientemente financiados?
—Sí, hoy día sí, nuestro presupuesto ha hecho una U en estos 20 años. En 2018 nuestro presupuesto fue de 800.000 euros, que creo que es un buen presupuesto, cuando en 2013, el año en el que tuvimos el presupuesto más bajo que hemos tenido, fue de 450.000 euros. En la crisis sufrimos una gran bajada de nuestro presupuesto y fue entre 2012 y 2013 que limitamos el trabajo a siete países, que es en los que estamos trabajando ahora. Esa bajada de presupuesto supuso un cambio de planteamiento para nosotros. ¿Qué pretendemos con la cooperación? ¿Tenemos que trabajar para siempre en un país? Así que la crisis nos ayudó a situarnos un poco.

—¿Cuáles son esos siete países?
—Estamos trabajando en Nicaragua, Guatemala, el Salvador, Perú, Honduras, Mozambique y también en India.

—¿Entonces la crisis tuvo su parte positiva?
—Las crisis tienen que servir también para algo. Si no aprendemos de las crisis mal vamos. Fue negativa porque nos puso en un brete. Teníamos un presupuesto pero no teníamos liquidez y eso hizo que tuviéramos dos años de retraso en los pagos. Pero a pesar de eso sacamos otra serie de cualidades. Supimos adaptarnos a las nuevas circunstancias a través del esfuerzo del personal de la institución. Tuvimos que reunirnos con las ONG para decidir quién cobraba primero. Porque si todos los proyectos están aprobados, ¿quién cobra primero? Supieron establecer unos criterios para decidir, por ejemplo, que las organizaciones más pequeñas cobraran primero ya que las grandes tienen más recursos. El Fons se reforzó con la crisis.

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