Antoni Marí Marí Rota: «Sa Cala tiene historia desde la Edad de Bronce con la Cova des Culleram»

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Antoni Marí Marí.

Antoni Marí Marí.

12-08-2019 | Ultima Hora

Antoni Marí Marí Rota es, ante todo, un hombre polifacético. Se dedicó a la docencia en el colegio Sa Bodega a lo largo de treinta años. Fue miembro y portavoz de l’Institut d’Estudis Eivissencs, miembro fundador y secretario general del partido Entesa Nacionalista i Ecologista y promotor y portavoz del Grup d’Estudis de sa Naturalesa (GEN). También es un estudioso de su pueblo, Sant Vicent, sobre el que ha escrito recientemente el libro Sa Cala. De carreranys a carreteres, por el que acaba de ser galardonado con el Premi Vuit d’Agost a la categoría de investigación, reconocimiento que ya logró en 2014 por otra publicación sobre Sa Cala de Sant Vicent, Sa Cala. Ports i llaüts.

—Su último libro cuenta la evolución de los accesos a sa Cala de Sant Vicent. ¿Cómo se dieron los cambios?
—Sa Cala tiene historia desde la Edad de Bronce. Sa Cova des Culleram era una catedral en el Mediterráneo. Los peregrinos llegaban por mar y otros lo hacían por tierra a través de carreranys de la época fenicio-púnica que comunican Sant Carles y Sant Joan con sa Cala. Algunos se ampliaron y se transformaron en caminos. En un carrerany solo puede caminar una persona tras otra. Estos caminos después se ampliaron un poco, ya podían llevar un ataúd cuatro personas y el festejo era más fácil, pues el joven y la chica podían ir por los costados. Después se ampliaron, mientras llegaban los carros a Ibiza, pues a Sant Joan llegaron mas tarde, y se transformaron en caminos de carros.

—¿Cómo llegaron los carros a Sant Vicent?
—Los primeros carros llegaron en un llaüt en el año 20, desmontados en piezas. Esto hace que el primer camino de carros vaya del puerto hacia un poco más abajo de la iglesia, adonde tardó más tiempo en llegar. Todas las mercancías que sa Cala necesitaba importar, como harina, azúcar y otras cosas, ya venían en llaüt y el camino des Torrent se transforma en uno de carros que también serviría para exportar las materias sobrantes y embarcarlas después en un llaüt hacia Vila o la Península. El segundo camino va de sa Cala a Sant Carles, ya que la gente estaba desesperada, pues se había comenzado la carretera de Sant Joan a sa Cala en el 35, y el golpe de Estado del 36 paraliza las obras. Entonces abrieron un camino de carros hacia Sant Carles. La carretera empezada en la República se acabará en el 61-62, y al final del 62 ya se puede circular. Era de tierra y en el 65 se asfaltó, igual que en el año 80 el camino de carros de sa Cala a Sant Carles, que se amplió y convirtió en carretera.

—¿Está colaborando actualmente en algún proyecto o publicación?
—Tengo dos conferencias que hacer. Una es para la UOM, la Universitat Oberta para Majors, y después una para la Federació de Colles de Ball Pagès. Como publicación tengo pensado adaptar una novela inédita escrita por un hombre de sa Cala nacido en 1911 que dejó un relato que le hubiese gustado ver publicado y no se hizo.

—Respecto a su etapa docente, ¿cómo nació sa colla de Sa Bodega?
—Nace para promocionar nuestra lengua -el catalán- . El año 86 el Parlament Balear aprobó la Llei General de Normalització Lingüística y empezamos a abrir líneas de enseñanza en catalán, que teníamos que ampliar y completar con otros elementos. En este caso pensé en formar una colla, y en el año 87 comenzamos junto a Carmen Tur, quien daba las clases. Esto era como una actividad extraescolar y casi todos eran alumnos del mismo centro, después ya vinieron alumnos de otros lugares y en este momento son la mayoría.

—¿El alumnado se interesa por la cultura local?
—No es una cosa mayoritaria, pero sí que se nota que la gente se interesa y además hay que tener en cuenta que no había habido nunca antes tantas colles en Ibiza, además federadas. Hay todo un conjunto de ballades, no solo de fiestas de pueblo, sino también las que se hacen en pozos y fuentes, que desaparecieron durante unos años y ahora vuelven a tener vigencia. Asisten no solo los balladors, sino mucha gente. Una de las últimas fue en la Font des Verger de Sant Josep.

—¿Percibe que se promociona lo suficiente la historia de las islas pitiusas a nivel educativo?
—Depende del centro. Si nos referimos a las escuelas, yo creo que varía, pero se enseña. En el caso de la geografia e historia hay que comenzar desde el entorno más cercano. Muchos centros se incorporaron tarde a la normalización lingüística, pero actualmente la mayoría deberían cumplir la ley que existe. Los medios de comunicación también tienen un papel fundamental. Yo mismo dediqué el pregón de las fiestas del barrio de ses Figueretes a datos históricos y geográficos de aquel lugar, de aquella finca, que se llama Figueretes porque había muchas higueras.

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