La acusada de llevarse un pit-bull de sa Coma afirma que lo cogió porque estaba suelto

El fiscal pide para ella una multa al entender también que, incluso, pudo contar con ayuda externa para sustraer el perro

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Un total de 360 euros, como mucho, le puede costar a una indigente italiana residente en Vila haberse llevado un perro de raza pit-bull de su propiedad que se encontraba en el centro de recuperación de animales de sa Coma. Ésta es la pena que finalmente ha pedido el fiscal para la mujer a la que la Policía Local de Eivissa sorprendió por la calle con uno de los canes después de que el 23 de enero se hubiera descubierto la desaparición del perro, que se hallaba con otro de la misma raza.

«No lo iba a dejar en medio de la carretera. Mi perra es lo más importante para mí. Fui a verla y le silbé. Estaba suelta por allí. La perrera estaba rota. No robé nada», declaró ayer la acusada ante la juez Martina Rodríguez, magistrada titular del Juzgado de lo Penal número 2 y quien debe decidir si dicha persona incurrió en una falta de hurto.

La sospechosa se enfrentaba a un año de prisión pero el fiscal modificó su acusación al acreditarse que la mujer era la propietaria del pit-bull y que el valor de éste no se podía concretar con exactitud.

Hipótesis

En el juicio, incluso, no se descartó que otra persona hubiera podido ayudarla para 'recuperar' a su mascota. Para entrar en el centro hubo que burlar un vallado de unos dos metros y luego pasar por encima de un muro de tres metros hasta encontrar la jaula donde estaba los canes.

El pit-bull que supuestamente fue sustraído también tuvo que ser llevado cargado para poder sacarlo de estas instalaciones municipales. El ladrón o los ladrones también utilizaron partes de un palomar para que hiciera las veces de rampa y ayudaran a sortear estos obstáculos.

«Es imposible que escaparan solos porque los perros no saben volar»

Una de las trabajadoras del centro afectado afirmó tajantemente que las jaulas se dejaron cerradas y que, descubierto lo sucedido, vieron que personas desconocidas habían roto el vallado y destrozado el techo de brezo de la jaula de los pit-bull. No pudo ser un accidente. «Es imposible que escaparan solos porque los perros no saben volar», dijo.

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