Una cuesta para clientes y comerciantes

| Eivissa |

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Unos puestos siguen abiertos, mientras otros cierran por vacaciones. Foto: D.M.

Unos puestos siguen abiertos, mientras otros cierran por vacaciones. Foto: D.M.

Además de poner a prueba la capacidad de nuestro sistema digestivo, las comilonas navideñas tienen otras consecuencias, como las económicas. Los excesos de las fiestas pasan factura por igual al cuerpo y al bolsillo en un periodo al que se le conoce como la  cuesta de enero.

«Se habla mucho del precio del pescado en Navidad pero ahora muchas variedades no están más baratas», apunta la pescadera Carmen Moya, quien pone como ejemplo las almejas, que están cinco euros más caras que en diciembre. «Hay temporales y las barcas casi no salen, hace un mes que casi no traen sardinas y boquerones», detalla. Otra pescadera, Sandra Abella, señala la merluza, que ha pasado de 10 euros/kilogramo a 19 o el gallo, que de 12 a subido a 16 euros/kilo. «Incluso también se ha encarecido el salmón, cosa que no entiendo porque es de criadero», cuestiona.

En los puesto de verduras, los precios no sufren tantas variaciones, pero se observa un notable bajón en la afluencia de clientes. «Enero siempre se nota que es un mes más flojo, y eso que muchos han cerrado su puesto», comenta Cati Roselló, de Frutas y Verduras Riera. Y es que, ante el retroceso de las ventas a principios de año, la ley de la oferta y la demanda hace estragos en los pasillos del Mercat Nou de Vila, donde prácticamente se equiparan la cifra de puestos abiertos y la de cerrados, muchos de estos últimos de vacaciones hasta entrado el mes de febrero.

Sin embargo, la veterana Maria Cardona, de la frutería que lleva su nombre, extiende la cuesta de enero, entendida como una época de poco movimiento, hasta marzo o abril.

«Hasta entonces está todo muy parado», afirma. «Leí en prensa que en Navidades habían marchado 12.000 personas de Eivissa y parece que han vuelto con lo justo, porque la venta está más floja que hace un año», añade la pescadera Carmen Moya.

Por su parte, algunos clientes reconocen que en enero moderan sus compras tras facturas más altas de lo normal hasta el día de Reyes. «Llevo un establecimiento en Platja d’en Bossa y en invierno está cerrado, por lo que en invierno son meses más bien complicados», razona Enrique Alonso.

Otros consumidores, en cambio, manifiestan que no modifican sus hábitos en estas fechas. Es el caso de Eugenia Ezquerra, quien explica que en esta época del año compro «lo mismo de siempre, lo que necesitamos en casa». Tampoco sufre los excesos navideños el bolsillo de Mª Antonia, quien indica que «si en diciembre nos hubiéramos pasado quizás tendría que reducir gastos, pero este año no ha sido así».

                                                                                                                                         

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