«Algunos dicen que debería pensar más lo que digo pero entonces no sería yo, Miquel Costa»

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Miquel Costa nació y se crió en su infancia en Santa Agnès. Por ello, la foto no podía ser en otro lugar que junto a los almendros que empiezan a salir en el Pla de Corona. Foto: ARGUIÑE ESCANDÓN

Miquel Costa nació y se crió en su infancia en Santa Agnès. Por ello, la foto no podía ser en otro lugar que junto a los almendros que empiezan a salir en el Pla de Corona. Foto: ARGUIÑE ESCANDÓN

Miquel Costa es una leyenda viva del mundo editorial pitiuso. Aunque él se niegue a reconocerlo, fiel a la modestia que siempre le ha acompañado, este hombre de sonrisa contagiosa y verbo sincero y directo se ha convertido en todo un referente gracias al tiempo que lleva al frente de la Editorial Mediterrània y hasta hace algo más de un año, como responsable de la mítica Llibrería Mediterrània de la avenida de España de Vila. Y es que desde 1996, cuando pasó a ocuparse en solitario de la editorial que había creado Mariano Mayans, este hombre nacido en Santa Agnès en 1962 se ha convertido en un especialista en dar a conocer la cultura y la lengua de las Pitiüses con la publicación de casi 150 obras de unos cuarenta autores.

Sin embargo, nuestro aspirante a Sardina Negra de esta semana, al que todo el mundo conoce y saluda en Corona, no nació entre libros. De hecho, asegura con una gran sonrisa que las dos primeras novelas que leyó se las regalaron unos hippies (peluts) que vivían al lado de su casa familiar y fueron Robinson Crusoe y 20.000 leguas de viaje submarino. De familia humilde, el mediano de cinco hermanos con los que se lleva mucha diferencia de edad, comenzó a trabajar con 14 años, primero en Vila y después en Sant Antoni como carnicero con los Hermanos Pep Pera hasta que una enfermedad le obligó a dejar esta labor. Y tras ser representante durante casi cuatro años acabó «casi por casualidad» en la Editorial Mediterrània, de la que no se ha movido siendo fiel a sus ideales, como demuestra que su nombre ha estado ligado a varios proyectos de la izquierda siendo incluso concejal en Sant Antoni con el PSOE.

De todo esto y otras muchas cosas más nos enteramos tomando un café con él en el bar Cas Ferre, a la entrada de Santa Agnès, donde no para de entrar gente y saludarle. Eso sí, minutos antes, había llegado puntual a su cita en la iglesia del pueblo vestido con americana de pana, chaleco granate, camisa de cuadros grises y blancos, y pantalón azul marino, y sin rastro de uno de sus famosos sombreros de paja. Después, y antes de comenzar la entrevista, Miquel Costa nos regaló a modo de introducción un paseo en su coche por un Pla de Corona donde los primeros almendros empiezan a florear, enseñándonos zonas y secretos que prácticamente solo conoce él.

—Vaya paseo que nos ha regalado. Qué pena que aún no estén todos los almendros en flor...

—Aún quedan unos días. Para principios de febrero estarán todos florecidos, aunque me da que este año será un poco malo porque no ha llovido mucho y hace mucho calor. Una pena.

—Viene sin sombrero. Creía que siempre le vería con un sombrero de paja en la cabeza...

—(risas). Bueno es que no es verano y además se vuelan con el viento. Pero sí, en verano siempre me acompañan para protegerme del sol.

—¿Tiene uno solo o es de los que tiene una gran colección?

—Intento ir renovándolos porque me encantan los de paja. Me suelen durar unos dos años aunque cada vez es más difícil encontrar tiendas donde comprarlos. Antes había muchas sombrererías en Eivissa pero ahora la mayoría han desaparecido. ¡Ah! Incluso tengo uno de vestir aunque no me lo pongo casi nunca porque es muy de señor (risas).

—Es verdad lo de las sombrererías porque antes en la Península era muy común que los hombres llevaran sombrero. ¿Aquí en Eivissa también?

—Si pero más que para vestir era fundamentalmente para protegerse del sol mientras se trabajaba en el campo. Además, en mi familia, que era muy humilde siempre nos regalaban un sombrero de paja y unas sandalias de plástico de esas con las que se podía andar por la tierra y por el agua.Así que ya ve, nunca me han faltado (risas)

—Hablando de su familia. ¿Usted es de los de descendencia casi infinita ibicenca?

—(risas) Bueno no se si tanto. Lo cierto es que mis padres y yo somos de Corona y mis abuelos de Sant Miquel. Pero bueno el apellido Costa está muy extendido por Catalunya, Aragón e incluso Portugal o Brasil, así que...

—Pero no negará que usted es muy ibicenco...

—No eso no. No me gusta cuando se dice eso de muy ibicenco, muy español o muy... Yo creo que somos ibicencos o de Corona sin más.

—Usted que va de coroner por la vida... ¿Cómo ha cambiado el pueblo desde su infancia?

—Realmente no mucho. Es tan pequeño que no puede cambiar mucho aunque si es verdad que, por ejemplo, las carreteras y la plaza de la iglesia no estaban asfaltada. Todo era tierra y cuando llovía barro. Incluso, en el colegio sólo éramos tres alumnos en mi clase. Fígurese. Ahora sería un privilegio porque se consideraría educación casi personalizada.

—Nos ha contado que fue carnicero y representante pero ¿cómo acaba siendo editor?

—(risas) De casualidad. De rebote. A los 24 o 25 años tuve un problema de salud que me obligó a estar ingresado varios meses y a dejar de trabajar con los hermanos Pep Pera. Entonces Mariano Mayans me animó a entrar en la Editorial Mediterrània. Aquello fue en 1991 y desde entonces sigo al pie del cañón, desde 1996 en solitario.

—Menuda profesión. ¿Hay que ser valiente o insensato para ser editor?

—(risas) Una mezcla de las dos cosas. En serio, no es una labor nada sencilla porque uno se encuentra muchas trabas. Además, tenga en cuenta que en la Editorial Mediterrània trabajamos con un sector muy limitado, el de Eivissa y Formentera. Para nosotros un best seller es aquel libro que vende unos 300 o 400 ejemplares así que figurate la diferencia con otras editoriales más grandes.

—¿Entonces es difícil ser editor en Eivissa?

—No sólo aquí, sino en todas partes. En cualquier lugar cada vez es más complicado porque el mundo está cada vez más globalizado y en nuestro caso los sistemas de importación y exportación son más complicados por estar en una isla. Pero bueno, nosotros no tenemos grandes ambiciones ni poder económico así que nos limitamos a trabajar en nuestra tierra y por nuestra gente.

—¿Tienen apoyos de las instituciones?

—Las justas. Normalmente tenemos que editar sin ayudas, poniendo nuestro dinero de nuestro bolsillo y a veces eso supone un problema. Además, en ocasiones tenemos que competir en desventaja con los ayuntamientos que cada vez más se empeñan en hacer el papel de un editor. Ellos pueden ayudar dando alguna subvención pero no pagar entera una publicación porque entonces nosotros partimos en desventaja.

—¿Por?

—Porque, por ejemplo, nosotros tenemos que pagar un maquetador o un corrector y eso sube los costes y el precio final de venta. Ellos lo tienen todo y como además cuentan con dinero público todo es más barato, incluso el precio al que se ofrece al lector.

—¿Qué es lo peor y lo mejor de este trabajo?

—Lo peor tener que decirle a alguien que viene con una obra y lleno de ilusión que no se la puedes publicar. Es duro pero hay que entender que no podemos decir que si a todo. Y lo mejor de mi trabajo es ver que la cultura, la lengua y la historia de Eivissa y Formentera siguen vivas a pesar de las trabas.

—¿Entiendo que entonces a pesar de los momentos complicados el esfuerzo ha merecido la pena?

—Por supuesto. Cualquier esfuerzo merece la pena si haces lo que te agrada. Esa es una frase que me repito siempre y como a mi, mi trabajo me encanta, pues claro que ha merecido la pena tanto trabajo y dedicación.

—El caso es que algo habrá hecho bien porque no ha parado de recibir premios. Me vienen a la mente la Mención de Honor de Sant Jordi, el Premio Producción Cultural del Institut d´Estudis Baleàrics o el Premio Ramon Llull del Govern...

—No se. Lo que si sé es que hemos trabajado mucho.

—El último de los premios que recibió fue el prestigioso Premi d’Actuació Cívica que otorga la Fundació Carulla. ¿Qué ha hecho con los 5.000 euros del premio?

—(risas). Bueno es un buen pellizco que no viene nada mal. Realmente lo invertiré en publicar algunos libros y pagar algunas deudas de la editorial. Es un premio y un dinero que me han dado como editor y por ello tengo que invertirlo en Mediterrània y en los libros y escritores de las Pitiüses. Es de ley.

—Con tanto premio y con tantos años de trabajo, no me negará que es usted un referente en Eivissa.

—No. Ni hablar. Nada de referentes. Hay mucha gente anónima que se merece este calificativo mucho más que yo. Yo soy sólo uno más.

—Referente no se... pero humilde un rato...

—(risas) Es algo que he intentado ser siempre. Es mi carácter. Soy de Corona, que le voy a hacer.

—Además, lo que ha sido siempre es una persona sin pelos en la lengua. Siempre se ha significado políticamente, en la izquierda, ¿eso es bueno o malo para un editor?

—Por un lado es bueno porque en esta vida hay que ser consecuente con las cosas en las que se cree. Yo siempre he sido muy franco y voy de frente. Eso sí, no le voy a negar que en ocasiones me ha traído problemas. Mi mujer me dice que me debería callar mas y pensar lo que digo...

—Pero entonces no sería usted...

—Eso sí. Y sería una pena. Cada uno es como es.

LA PREGUNTA

—¿Cómo fue su infancia?

—Como la de cualquier niño de campo en una zona tan especial como Corona. Mis padres eran pobres pero no escatimaron en cariño. Eso sí, tuve el privilegio de conocer desde bien pequeño a los peluts o hipies que vinieron a Eivissa. Había unos cuantos al lado de mi casa que se integraron muy bien en la isla y en nuestras tradiciones, acudiendo incluso a matanzas que hacíamos. Para mí su presencia fue un cambio enorme porque, entre otras cosas, tenga en cuenta que yo vi por primera vez a un hombre con barba a los ocho o nueve años...

EL TEST

Un libro

Los primeros que me regalaron: Robinson Crusoe y 20.000 leguas de viaje submarino

Una película

El cazador

Una serie

Mossèn Capellà de IB3

Un cantante o un grupo

Uc y Maria del Mar Bonet

Alguien a quien admire

Posiblemente a los primeros ‘peluts’ que vinieron a Eivissa. Me marcaron y aprendí mucho con ellos.

Un color

El verde

Un plato de cocina

Sofrit pagès

Un deporte

Para ver el fútbol y para practicar el caminar

Un lugar de la isla donde perderse

Cala Aubarca o Cala Sardina

Un viaje que nunca olvidará

El que hice con 19 años a Estados Unidos. Fueron dos meses inolvidables

Un objeto fetiche

No tengo

Una manía

Tengo muchos. Creo que mi mujer es la que mejor los podría decir.

Un defecto

Soy muy impulsivo y no mido las palabras

Una virtud

Soy buena persona

Un sueño por cumplir

Poder seguir al frente de la editorial muchos años, dignamente y ayudando a nuestra tierra

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