La ‘resiliencia’ de Siegfried Meir

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Yo pensaba que mis padres habían elegido para mí el nombre de Siegrifried, tan alemán, para protegerme de los nazis. Sin embargo, he descubierto que que en mi familia hubo más de un Siegfried. También pensaba que había sido deportado a los 7 años, pero eso ocurrió cuando tenía 9 años». Son algunos de los descubrimientos que Siegfried Meir ha conocido gracias al trabajo de investigación que le ha regalado la periodista Arancha Gorostola. Y gracias también a esa labor desinteresada ha podido presentar Meir su libro Mi Resiliencia, por fin en castellano. Lo hizo ayer en Eivissa, en la Llibreria Mediterrània. «Hace tiempo que se publicó en francés, pero ningún editor español se animaba a sacar el libro, quizás porque yo no soy escritor y no conseguía contar bien la historia. Arancha ha realizado un extraordinario trabajo de investigación que documenta la historia y además ha redactado mi vida. No ha querido ser coautora, pues ha decidido regalarme su trabajo. Es mi historia, pero no contada por mí», explicaba ayer el protagonista.

Siegfried Meir perdió a su padre en Auschwitz y allí vio morir de tifus a su madre. Pasó de puntillas muchas veces por la delgada línea que separa la vida de la muerte y otras tantas se libró de ella. Finalmente fue adoptado por un prisionero español con quien coincidió cuando les evacuaron de Auschwitz a Mauthausen, a quién llama padre, pues asegura que gracias a él, es hoy quien es.

Cantante, diseñador y escultor en Eivissa, tantas veces reinventado como ganas de que su padre adoptivo se sintiera orgulloso de él. Asegura que «dios murió en Auschwitz» y que si hay que hablar de un dios, para él lo fue Saturnino Navazo, quien le salvó de la delicuencia y de la mala vida que había aprendido a llevar tras tanto sufrimiento, gracias al amor con el que supo entender y reconducir su vida.

Un libro que pretende ser un canto a la esperanza para todos aquellos que hayan sufrido una infancia traumática, si tienen la suerte de encontrar a personas buenas en su camino, como le pasó a Meir.

Yo pensaba que mis padres habían elegido para mí el nombre de Siegrifried, tan alemán, para protegerme de los nazis. Sin embargo, he descubierto que que en mi familia hubo más de un Siegfried. También pensaba que había sido deportado a los 7 años, pero eso ocurrió cuando tenía 9 años». Son algunos de los descubrimientos que Siegfried Meir ha conocido gracias al trabajo de investigación que le ha regalado la periodista Arancha Gorostola. Y gracias también a esa labor desinteresada ha podido presentar Meir su libro Mi Resiliencia, por fin en castellano. Lo hizo ayer Eivissa, en la Llibreria Mediterrània. «Hace tiempo que se publicó en francés, pero ningún editor español se animaba a sacar el libro, quizás porque yo no soy escritor y no conseguía contar bien la historia. Arancha ha realizado un extraordinario trabajo de investigación que documenta la historia y además ha redactado mi vida. No ha querido ser coautora, pues ha decidido regalarme su trabajo. Es mi historia, pero no contada por mí», explicaba ayer el protagonista.

Siegfried Meir perdió a su padre en Auschwitz y allí vio morir de tifus a su madre. Pasó de puntillas muchas veces por la delgada línea que separa la vida de la muerte y otras tantas se libró de ella. Finalmente fue adoptado por un prisionero español con quien coincidió cuando les evacuaron de Auschwitz a Mauthausen, a quién llama padre, pues asegura que gracias a él, es hoy quien es.

Cantante, diseñador y escultor en Eivissa, tantas veces reinventado como ganas de que su padre adoptivo se sintiera orgulloso de él. Asegura que «dios murió en Auschwitz» y que si hay que hablar de un dios, para él lo fue Saturnino Navazo, quien le salvó de la delicuencia y de la mala vida que había aprendido a llevar tras tanto sufrimiento, gracias al amor con el que supo entender y reconducir su vida.

Un libro que pretende ser un canto a la esperanza para todos aquellos que hayan sufrido una infancia traumática, si tienen la suerte de encontrar a personas buenas en su camino, como le pasó a Meir.

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