El taller de los ‘púnicos de corazón’

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Una alumna del Taller de Arqueología muestra el resultado de una de las recetas del curso de cocina romana realizado ayer. Foto: ARGUIÑE ESCANDÓN

Una alumna del Taller de Arqueología muestra el resultado de una de las recetas del curso de cocina romana realizado ayer. Foto: ARGUIÑE ESCANDÓN

Libum o panecillos de queso, dulcia domestica o dulces domésticos, sal de apicio o sal especiada, Cicer coliculis et pullo o garbanzos al estilo Cicerón y la famosa salsa Garum hecha con las tripas de los pescados pequeñitos, trituradas con sal y dejadas a fermentar durante tres meses a la que después se le añadían especias. Era una salsa muy elaborada y costosa que se servía a modo de condimento en pequeñas cantidades. Estas son algunas de las recetas romanas que elaboraron ayer los alumnos de entre 13 y 17 años en el curso de cocina del Taller de Arqueología de Verano. Una formación que tiene lugar durante 13 semanas, desde junio hasta septiembre, en la casa pagesa d’es Porxet, en la Necrópolis de Puig des Molins.

Antes de comenzar con las recetas, los alumnos habían visionado un documento que les introdujo en la gastronomía de la época romana. Por eso sabían que su alimentación se basaba en la «dieta mediterránea a base de muchas frutas y verduras, pescado y poca carne, que la tomaban los más adinerados. Además, bebían más vino que agua y les gustaban las mezclas de sabores y los alimentos muy especiados», compartió Zoe, una de las alumnas del curso quien añadió que, curiosamente y contra todo pronóstico, «los gladiadores no comían apenas carne, se alimentaban a base de vegetales, granos y legumbres».

La coordinadora del gabinete didáctico del Taller de Arqueología de Verano, Carmen Mesquida, explicó que el curso de gastronomía romana era una de las actividades que le proponía a sus alumnos. «Lo primero que hacemos es explicarles la Necrópolis, ubicarlos en el tiempo y en el espacio, mostrarles lo que es un hipogeo y a partir de ahí se realizan excavaciones simuladas en hipogeos. También les contamos las distintas fases arqueológicas tales como documentación o conclusiones», indicó Mesquida.

En el mismo sentido, la coordinadora del taller comentó que «excavar todo el día sería una locura, por lo que les proponemos distintas actividades como amuletos, barro, terracotas o este de comida romana». Son actividades que se van ajustando a las edades de los niños que van desde los 5 a los 17 años.

Los alumnos por su parte, aseguraron realizar esta formación al sentirse interesados por «la historia y la cultura de la isla» y muchos de ellos lo demuestran asistiendo cada año desde hace más de siete.

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