Ayuda ibicenca para uno de los países más pobres del mundo

| Eivissa |

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María Bufí en el hospital más pequeño de Senga Bay junto a Eduard, quien con sólo 21 años diagnostica y prescribe con las pocas herramientas que hay. Foto: FACEBOOK MARÍA BUFÍ

María Bufí en el hospital más pequeño de Senga Bay junto a Eduard, quien con sólo 21 años diagnostica y prescribe con las pocas herramientas que hay. Foto: FACEBOOK MARÍA BUFÍ

La doctora ibicenca María Bufí, directora ejecutiva general en Eiviluxury Aesthetic Medicine, acaba de terminar un viaje que no olvidará en su vida. Se trata del tiempo que ha pasado como voluntaria ayudando en la pequeña localidad de Senga Bay, en el país africano de Malawi.

Todo comenzó cuando esta doctora de 42 años decidió «resetear» su vida y huir del estrés que sentía en su vida diaria. Tras pensarlo detenidamente escogió la ONG Voluntariado en Malawi - Cooperating Volunteers que trabaja directamente en este país, sin salida al mar y ubicado en el sureste de África, que se encuentra entre los menos desarrollados y más densamente poblados del continente y que además cuenta con una bajísima esperanza de vida y una alta tasa de mortalidad infantil.

Una situación con la que María se dio de bruces nada más llegar a Senga Bay y al orfanato, situado en la cima de una colina y creado por esta ONG para escolarizar a los niños huérfanos que no pueden permitirse ir a la escuela estatal. El centro no tiene luz ni agua corriente, pues cuesta dinero traerla hasta allí, y está compuesto por cuatro aulas con pizarra y una chaqueta vieja como borrador. Además, el centenar de alumnos, de entre 6 y 14 años, no tienen material escolar ni por supuesto ropa que no sea vieja y, durante las clases, de dos horas de duración, a todos ellos «les dan una papilla hecha maíz y agua y les lavan las manos con agua que traen los profesores».

Junto a esta pequeña escuela, la doctora ibicenca se encontró con una comunidad compuesta «por una agrupación de chabolas hechas con fango y cañas y habitada por unas 200 personas, entre ellas, los 100 niños y unos 20 ancianos». Allí, gracias a la mediación de Margaret, la coordinadora de Voluntariado en Malawi - Cooperating Volunteers, María Bufí pudo conocer al consejo de ancianos, los bailes típicos y un té tradicional de Malawy que se toma con un pan dulce. Así mismo, comprobó en primera persona el trabajo que llevan a cabo los jóvenes por sacar adelante la comunidad, sobre todo a través de la pesca y la recogida de madera para hacer carbón.

Junto a todo ello, María Bufí sacó tiempo para colaborar como doctora en este país africano. Concretamente, lo hizo en el hospital más pequeño de Sanga Bay donde, entre otras personas, conoció a Eduard, un joven que con apenas 21 años, «diagnostica y prescribe con las pocas herramientas que tiene a su alcance», y juntos, atendieron a pacientes y suturaron varias heridas. Algo que también le sirvió para comprobar la situación tan precaria del centro ya que «el laboratorio del hospital no tiene neveras, hemogramas ni bioquímicas y los médicos cobran tarde y poco y aún así no se quejan en absoluto».

Contando los días para volver

Por todo ello, Bufí asegura que a sus 42 años ha vivido una experiencia tan positiva que ya está contando los días para regresar el año que viene porque «ellos te ayudan y nosotros a ellos». Además María Bufí, a través de Eiviluxury, ha decidido empezar a impulsar un serie de campañas durante el invierno para recaudar fondos para las organizaciones que trabajan en este país así como a otras asociaciones sin ánimo de lucro de Eivissa y Formentera.

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