Mono González: «Ibiza puede ser un escenario vivo del arte mundial»

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‘Mono’ González trabajando en el Medusa Festival de Ibiza.

‘Mono’ González trabajando en el Medusa Festival de Ibiza.

Alejandro Mono González es uno de los pintores-muralistas más importantes de Sudamérica. Nacido en 1947 en la ciudad chilena de Curicó ha dedicado toda su vida a la reivindicación a través del arte social y político. Su carrera comenzó en la campaña electoral de Salvador Allende en 1968 siendo uno de los fundadores de la Brigada Ramona Parra, a la que el cantautor Víctor Jara hizo su himno y con la que pasó a la clandestinidad después del golpe de Estado de Augusto Pinochet.

Cercano al pintor Roberto Matta, ambos pintaron en 1971 junto a los habitantes de la comuna de La Granja el mural El primer Gol del Pueblo Chileno y que ha sido recuperado, entre 2005 y 2007, después de décadas de olvido premeditado. Estudió en la Escuela Experimental Artística de Santiago, donde se especializó en pintura teniendo como profesores a Fernando Marcos y a Osvaldo Reyes, ayudantes de pintores como Siqueiros, Orozco y Rivera en México.

El Mono González, como lo llaman, es conocido también por su trayectoria como escenógrafo. Ha trabajado para el Teatro Municipal de Santiago, en anuncios de televisión y en importantes producciones teatrales, además de su participación en múltiples películas como La danza de la realidad de su compatriota Alejandro Jodorowsky.

«Donde haya muros y amigos allí voy», explicó el artista estos días en Ibiza, a donde ha viajado para participar en el Medusa Festival que ha reunido a cuatro importantes artistas del muralismo y la intervención urbana que han dejado su impronta en cuatro colegios de Ibiza. González llegó desde Nápoles y desde Bolivia ya que este veterano artista no para de viajar por el mundo en su entusiasmo por compartir su obra y su espíritu de lucha social. «Trabajamos fundamentalmente con los jóvenes. Nosotros empezamos cuando internacionalmente se estaba iniciando el graffiti y la intervención urbana, pero no teníamos ni idea de que eso existía», nos cuenta, sin parar de trabajar, en las dependencias del colegio público de Cas Serres.

«En el año 1968 hicimos campaña con Salvador Allende y la letra y la propaganda se convirtieron en imágenes, hablábamos de un hombre nuevo y fue cuando empezamos a hacer murales colectivos», explica en referencia a los murales de grandísimas dimensiones que ha pintado acompañado de otros artistas y colaboradores en Chile y en diferentes rincones del mundo. «Nuestro trabajo se convirtió en códigos visuales que repartimos por toda la ciudad de Santiago durante la dictadura», asegura. Y así sigue desarrollando su obra, después de décadas, de la misma manera.

«Me encanta trabajar con los grafiteros con los que intercambio experiencias y comprobamos que los lenguajes utilizados se pueden intercambiar».

«Un gran aprendizaje»

El artista chileno está muy satisfecho con la experiencia ibicenca dentro del Medusa Festival, que se ha desarrollado entre el 12 y el 21 de diciembre. «Vine invitado por Hosh ya que coincidimos en otro festival en Nápoles y ha sido muy positivo porque ha sido un aprendizaje para viejos y jóvenes», apostilla.

Además, para Mono González «lo más importante es que levantamos la autoestima de los muchachos de manera inmediata, enseñándoles que se puede montar un taller en cualquier sitio». Algo que han comprobado los alumnos con los talleres de serigrafía, stencil y graffiti. Además, los escolares del colegio Cas Serres, la Escuela de Adultos de Ibiza, Sa Joveria y el instituto público Sa Blancadona han podido seguir la evolución de los murales que han confeccionado el artista chileno, junto a Suso33, el canario Toño Cruz y el ibicenco, Hosh.

Por otra parte, el artista chileno, asegura que el arte urbano, «ese que se hace en cualquier muro», es un precursor del turismo cultural. «Tenemos diferentes experiencias en las que se ha demostrado que a través del arte las comunidades pueden prosperar y creo que en Ibiza se podría impulsar un proyecto en este sentido viéndola como un museo al aire libre que todo el mundo quiera visitar. En otras experiencias la población ha aceptado los murales y los ha entendido como un factor de desarrollo», concluyó.

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