Cuando Rogelio Enrique San Francisco Cobo, conocido popularmente como Quique San Francisco, responde al teléfono uno enseguida sabe que es él. Su voz es inconfundible. También lo es su peculiar manera de entender la vida y su sentido del humor, lo que le ha hecho ganarse una amplia nómina de seguidores en toda España, incluído el que escribe estas líneas. Lo primero que nos dice cuando le llamamos para hablar de su presencia esta noche en el Festival del Humor de Ibiza es que las entrevistas para un periódico hay que hacerlas en persona pero tras un par de explicaciones sobre los tiempos que corren en los medios de comunicación enseguida cambia el chip y nos regala una conversación que nos arranca una sonrisa detrás de otra. Como previa para lo que se podrá ver esta noche en Can Ventosa.

—¿Esta noche subirá con su cerverza al escenario?
—Sin duda. Sólo dejaré la cerveza el día en que mi médico me lo diga por prescripción facultativa. Aunque dicen que es perjudicial como lleva agua no hay ningún problema.

—Hay una leyenda urbana que asegura que usted sólo se alimenta de cerveza...
—No la desmiento. Es la mejor bebida. El agua es muy insípida y aburrida.

—¿De qué va a hablar esta noche en el Festival del Humor?
—Pues de todo un poco. De mis experiencias con las mujeres, de mi vida, de las mascotas y... hasta aquí puedo leer que te voy a acabar haciendo el monólogo por teléfono y no va a venir nadie al teatro.

—¿Entra Ibiza dentro de ese repaso?
—No. En este monólogo no voy a hacer ningún chiste sobre la isla porque es un sitio maravilloso para vivir menos en el mes de agosto. Te lo digo porque llevo desde los 18 años visitándola y me encanta.

—Pues ya hace unos años. Me imagino que habrá cambiado mucho.
—Por supuesto. Por ejemplo aún recuerdo que cuando yo fui por primera vez a la isla, en la discoteca Pacha no había parquin ni calles ni nada. Sólo había marisma y campo y era una maravilla.

—Usted vive de hacer reir a la gente. ¿Estamos actualmente para hacer chistes?
—Claro que sí. La vida hay que afrontarla con sentido del humor porque si no es un coñazo y un aburrimiento. Eso lo aprendí de mi padre que hasta el día en el que se estaba muriendo estuvo haciendo bromas a las enfermeras.

—¿Heredó su capacidad para hacer reir de ellos?
—Sí. Mi padre tenía un humor cojonudo y diferente, y mi madre, aunque es cántabra y más seria, también es muy graciosa y lapidaria.

—Cuanto tenemos que aprender de nuestros mayores.
—En algunas cosas sí pero yo prefiero a los jóvenes. No soy un pederasta pero los mayores al final somos un coñazo.
—Entonces le encantará saber que usted es un referente para las nuevas generaciones de monologuistas.
—Eso siempre es bueno porque te sientes valorado. Pero yo no soy referente de nada. Y si lo soy es porque fui de los pioneros que comenzaron con el programa piloto de un grupo de locos se atrevieron con una idea que no se había hecho antes en España. Eso fue antes de que compraran los derechos, todo creciera mucho y se nos fuera de las manos.

—Eso es cierto. ¿No cree que hay una enorme saturación de monologuistas?
—En parte sí. Hoy en día somos muchísimos. Todo el mundo cree que puede hacer un buen monólogo cuando es complicado. Hasta el otro día mi carnicero me dijo que me pasaría uno para que lo leyera y lo valorara. Y en fin...

—¿Una moda más?
—Como tantas otras. Es lo que tiene el ser humano, que coge algo y lo explota hasta la saciedad. Stanley Kubrick puso dos niñas corriendo por un pasillo en El resplandor y ahora todos son niñas locas por todos lados. Y lo mismo con los psicópatas.

—¿No cree que llegará un momento en el que ya no haya más temas para escribir monólogos?
—Al final son conceptos universales pero sí, corremos el riesgo de cargarnos este oficio maravilloso.

—Maravilloso pero muy complicado. Mucha gente se cree que es subirse a un escenario y soltar cuatro chistes.
—Es verdad. No es una tarea nada sencilla. Lleva mucho más trabajo del que muchos se creen. En todos los aspectos, la redacción, la representación... Y es que un texto malo un buen actor lo hace bueno y al revés.

—¿Por qué se decidió a hacer monólogos cuando llevaba ya una sólida carrera como actor?
—Porque siempre he sido una persona a la que le gustan los deportes de riesgo y esto lo es. Es trabajar sin efectos especiales, delante de una gran cantidad de público espectante y sin saber si le va a hacer gracia tu última ocurrencia. Creo que una profesión de valientes y yo siempre he presumido de tener esa virtud.

 

LA CITA

JUEVES 09 NOVIEMBRE - 21:00 HORAS
ENRIQUE SAN FRANCISCO y MIKI DKAI
Can Ventosa. 18 euros anticipada. 20 euros taquilla
VIERNES 10 NOVIEMBRE - 21:00 HORAS
EL SEVILLA
Can Ventosa. 18 euros anticipada. 20 euros taquilla
SÁBADO 11 NOVIEMBRE - 21:00 HORAS
SANTI MILLÁN y JAVI SANCHO. Estamos mejor
que nunca
Can Ventosa. 18 euros anticipada. 20 euros taquilla
DOMINGO 12 NOVIEMBRE - 20:00 HORAS
OCHO APELLIDOS IBICENCOS
Can Ventosa. 10 euros