«No hubiera llegado aquí sin mi padre, un abogado que siempre está dibujando en folios en blanco»

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Un pintor del Renacimiento con planta de héroe de cine. Bruno Preciado tiró de sentido del humor para convertirse en Sardina Negra. Lo hizo en su casa y prestándose a todo lo que le pedía nuestro fotógrafo Daniel Espinosa. Además, se atrevió a pintar un cuadro para el programa con los ojos vendados. Casi nada.

Un pintor del Renacimiento con planta de héroe de cine. Bruno Preciado tiró de sentido del humor para convertirse en Sardina Negra. Lo hizo en su casa y prestándose a todo lo que le pedía nuestro fotógrafo Daniel Espinosa. Además, se atrevió a pintar un cuadro para el programa con los ojos vendados. Casi nada.

13-02-2018 | Daniel Espinosa

Bruno Preciado es un artista en el más amplio sentido del término. No en vano, este pintor ibicenco, de padre y madre salmantina, está considerado como uno de los pintores jóvenes con mayor proyección de España. De momento, nuestro aspirante a Sardina Negra ha tenido el privilegio de haber sido seleccionado en dos ocasiones para recibir enseñanzas por parte del prestigioso pintor y escultor madrileño Antonio López en el curso que ofrece anualmente en el Museo Casa Ibáñez de la localidad almeriense de Olula del Río. De él, este joven de 25 años con porte y voz de héroe del cine ha heredado su pasión por el detalle y el realismo, y gracias a sus enseñanzas y su habilidad es capaz de realizar retratos y pinturas que dejan con la boca abierta. Su último trabajo fue, precisamente, para Sardinas Negras, y sólo podemos adelantar que lo hizo con los ojos vendados. Casi nada.

Gracias por recibirnos en su casa y en su estudio. Usted nació hace 25 años en Ibiza pero... ¿cuánto tiene de salmantino?

—Muy buenos días. Pues sí, nací en Can Misses pero mi padre, abogado, y mi madre, profesora, son de Salamanca y además, presumen de ello. Así que tengo una mezcla perfecta.

Usted es muy joven pero ¿cuándo decidió que quería ser pintor?

—Creo que siendo pequeño. En el instituto fue cuando decidí plantearme seriamente el estudiar Bellas Artes en Barcelona, pero ya de pequeño siempre andaba rellenando folios en blanco.

¿Tiene algún pintor en la familia? ¿Lo heredó de alguien?

—Realmente pintor profesional no, aunque mi padre siempre me animó para que me dedicara a esto. Él es abogado pero el dibujo se le da muy bien y pinta cuando tiene tiempo. Realmente no hubiera llegado hasta aquí sin él, porque ha sido quien más me ha apoyado y ha creído en mí.

Nos han dicho que de pequeño le gustaba mirar hormigas y contarlas. Creo que incluso pensaban que iba a ser veterinario o biólogo.

—(Risas). Es verdad. Me encantaba mirar las hormigas, coger los bichos con las manos y meterlos en un cubo. Pero no sólo en casa sino también en el mar, donde era feliz cogiendo animalitos. Y sí, todo indicaba que me iba a dedicar a las ciencias pero al final fíjate las vueltas que ha dado la vida. (Risas).

Incluso, antes de estudiar Bellas Artes, hizo la Ruta Quetzal. ¿Cómo consiguió participar en esa aventura?

—Fue en 2008 y lo hice tras enviar un cómic. Para poder participar tenías que mandar un trabajo de lo que quisieras y había gente de todas las ramas, humanidades, ciencias... y al final tuve la suerte de ser seleccionado junto a otros 300 chicos de todo el mundo.

Yo eso lo veía por la televisión y siempre me fascinaba...

—Estuvo muy bien, la verdad. Para mí lo mejor fue cruzar el charco, ir a Panamá, y compartir unos días con gente de tantos países, sobre todo de Latinoamérica.

¿Le impresionó Miguel de la Quadra–Salcedo?

—¡Y tanto! (Risas). Es un hombre que con sus ochenta y tantos era muy viril. Un hombre que se nota que hizo mucho deporte en su vida. Además era muy elegante con su bigotón... parecía el prototipo de descubridor decimonónico al que sólo le faltaba el casco. (Risas)

Después estudió en Barcelona. ¿Qué tal le fue?

—Muy bien. Estudié en la Facultad de Bellas Artes de la Universitat de Barcelona y fue una experiencia magnífica. Es cierto que yo era más joven pero siempre la recuerdo como una carrera laberíntica, en la que no sabes en qué asignatura te estás metiendo. Te matriculas en algo que parece pintura y acaba siendo algo completamente distinto porque la mayoría de las materias tienen nombres raros y confusos. Además, es una carrera en la que depende mucho del profesor que te toque.

¿Es verdad que los buenos artistas tienen que estar un poco locos?

—(Risas). Eso se dice. Yo creo que eso es porque el arte no es una ciencia exacta sino algo muy subjetivo. De todos modos, en el mundo de la pintura hay de todo. Mira, por ejemplo, el pintor y escultor madrileño Antonio López es un tío sobrio y sereno mientras que Dalí era súper extravagante, con sus bigotes y paseando un oso hormiguero por la calle con un collar. Hay de todo.

¿Y usted con quién se siente más identificado?

—(Risas). Con Antonio López. Yo tengo más los pies en la tierra. Será mi parte castellana. Mi parte de Salamanca.

Por cierto, hablando de Salamanca... con qué se queda, ¿con el farinato de su madre o las costillas a la brasa del bar Bambú de la plaza?

—Pues me pones en un apuro. (Risas). Las dos cosas son sencillamente espectaculares.

¿No las echa de menos?

—Un poco porque en Salamanca la gente sale mucho de tapeo y está genial. Es algo que también eché de menos en Barcelona cuando estaba estudiando.

Volviendo a Antonio López. Con tan sólo 25 años ha estado dos veces en Olula del Río aprendiendo con él. Eso es algo de lo que no pueden presumir muchos jóvenes.

—Gracias. Y sí, he sido seleccionado en dos ocasiones y se lo agradezco muchísimo. Ha sido un acto de generosidad enorme el haberle podido conocer y el que dedicara parte de su tiempo a enseñarme. Además, ha sido genial el aprender con gente de tantos lugares distintos.

¿Y cómo es él?

—Encantador. A pesar de su edad la cabeza le funciona fenomenal. Le encanta hablar y filosofar sobre todo tipo de temas, no sólo de pintura, lo que le convierte en alguien muy cercano.

¿De él ha heredado su pasión por el realismo? Usted es capaz de realizar cuadros que parecen fotografías...

—(Risas). Gracias. Yo diría que mi pintura es más figurativa. Ahora mismo estoy terminando un retrato de Marià Torres, el que fuera conseller de Cultura y ya he hecho varios encargos.

¿Cómo se consigue que algo sea tan realista?

—Pues sobre todo con paciencia, empeño y algo de técnica. Pero al final si le pones ganas a tu trabajo casi siempre consigues que salga algo parecido a lo que quieres pintar.

Sinceramente, esto para mí tiene mucho mérito. En ocasiones, y sin desmerecer, el arte abstracto me parece más sencillo...

—Bueno, es la eterna batalla que siempre hay entre figurativos y realistas y abstractos. Yo creo que son dos campos muy distintos y que los dos tienen el mismo mérito. Y es que aunque no lo parezca, una pintura abstracta también lleva mucho trabajo, sobre todo intelectual... En fin, que siempre habrá pintores realistas buenos y pintores abstractos malos y al revés. No es cuestión de que algo sea mejor o peor.

Lo cierto es que usted no ha parado... también ha hecho sus pinitos en el mundo del grafiti.

—(Risas). Es cierto. Eso fue cuando estaba en la Escuela de Artes y era más joven. Es algo muy diferente que genera más adrenalina por el tema de ser ilegal y por tener que terminarlo antes que una pintura.

¿Y es cierto que aprendió con Jerome? Él es el gran referente del grafiti de Ibiza y posiblemente uno de los más importantes grafiteros de España.

—Pues sí. Es otro tío muy simpático. Le llamé cuando él estaba haciendo un mural en Can Cantó para que me asesorara y me dijo que me pasara sin problemas para que me explicara. Fue una experiencia genial porque además de todo lo que sabe es un auténtico genio del hiperrealismo.

¿Qué prefiere, pintar con spray o con pincel?

—Son muy distintos pero el spray es muy complicado porque estás al aire libre y la pintura se te mueve para todos los lados (Risas).

Y ya la última... ¿Cuál es su referente en la pintura?

—Pues es complicado pero si tuviera que elegir diría que el norteamericano Sargent. Es un pintor de retratos realista que vivió en el siglo XIX y que es espectacular.

PEQUEÑA BIOGRAFÍA

Bruno Preciado nació en Ibiza hace 25 años.

Estudió en el Col.legi públic de Jesús y en el IES Isidor Macabich, aunque 2º de Bachillerato lo hizo en la Escola d’Arts i Oficis d’Eivissa.

Cursó Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y los últimos dos años los complementó asistiendo a cursos intensivos de dibujo y pintura en la Barcelona Academy of Art.

Ha tenido el privilegio de estudiar en dos ocasiones con Antonio López en los cursos que imparte anualmente en Olula del Río, la primera en 2013 y la segunda en 2017.

A FONDO

✎ UN LIBRO. ‘Tener o ser’, de Erich Fromm

✎ UNA PELÍCULA. El padrino

UNA SERIE. The Wire

✎ UN GRUPO. Tracy Chapman

✎ UN COLOR. El verde

✎ UN PLATO DE COCINA. El cocido

✎ UN DEPORTE. El fútbol

✎ UN VIAJE QUE NUNCA OLVIDARÁ. Panamá con la Ruta Quetzal

✎ UN LUGAR DE LA ISLA DONDE SE PERDERÍA. Sa Talaia

UNA MANÍA. Dormir mucho

✎ UN DEFECTO. La pereza

UNA VIRTUD. La paciencia

✎ UN SUEÑO POR CUMPLIR. Poder vivir profesionalmente de la pintura

ALGUIEN A QUIEN ADMIRE. Antonio López

✎ TE HUBIERA ENCANTADO SER... Psicólogo o fisioterapeuta

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Alessio
Hace 10 meses

Quiero hablarles de la obra de Gabino Amaya Cacho ¿No les parece creativo el puntillismo abstracto? Como todo lo abstracto, eres tú quien le das significado a la obra; cada quien ve algo distinto, es una forma de compartir la imaginación y descubrir las similitudes y diferencias que tenemos cada persona.

Cacho también pintó cuadros destacados como Neptuno, El Morralero, Concierto para Venus, Girls playing in the tree, Icarus and Daedalus y The dream of Jacob, Sanson and Dalila, Las Tres Gracias, The Ages of Bacchus.

Entre los premios que ha ganado están Primeros Premios de Pintura, Fundación Caldeiro, Beca del Gobierno de Hungría, Cartel de Fiestas Villa del Prado, Primer Premio Concurso La Tarterie, Premio Walter Thomson concedido por el alcalde Álvarez del Manzano, Premio Villa de Leganés, Accésit Asociación Barrio de Salamanca, Seleccionado. Exposición Gonza Geza, Oroshaza, Hungría, Copista del Museo del Prado.

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