Vicente Madrid: «Es impresionante la ampliación de productos que ha hecho la empresa desde que empezó»

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Vicente Madrid de Frutos Secos Ibiza

Vicente Madrid de Frutos Secos Ibiza

04-06-2018 | MARCELO SASTRE

Fundada en 1978, Frutos Secos Ibiza empezó comercializando almendras y patatas que elaboraban en sartenes industriales en un local de Sant Rafel. La empresa trabaja ahora con más de 250 productos y varias submarcas como Exquisite, Papas Vicent, Sal de Ibiza o Ibiza Carob Company, con la que están haciendo una fuerte apuesta por la algarroba ibicenca. Vicente Madrid (Albacete, 1954) empezó a trabajar con 15 años en la empresa fundada por su padre y ahora son sus tres hijos, Saúl, Vicente y David, los que se preparan para el futuro relevo generacional.

¿Cómo empezó la andadura de Frutos Secos Ibiza?
— Empezó en el año 1978. La familia vino a la isla en 1963 cuando yo solo tenía diez años y mi padre montó un bar, el bar Madrid, en Ibiza. Entonces se fijó que había muchos almendros en el campo ibicenco y pensó que sería una buena idea montar una empresa de frutos secos.

¿Dónde empezó?
— La empresa empezó en un pequeño local de Sant Rafel y empezamos a producir productos de forma artesanal y manual. A raíz de aquí, se empezaron a ampliar todas las referencias. Como mi padre venía del campo vio también que era una oportunidad para mejorar el campo de Ibiza, por lo que en este sentido también se hizo un gran trabajo.

¿Con qué productos empezaron?
— Al principio empezamos con almendras y patatas. Todo era artesanal y las elaborábamos con sartenes industriales en un almacén que no tenía ni 40 metros cuadrados. Envasábamos las patatas en bolsas de plástico que no duraban más de cinco días porque se ponían blandas, pero el producto funcionaba y el cliente lo demandaba. Estuvimos así hasta que vino un hombre de fuera que nos dijo cómo estábamos trabajando tan artesanalmente. Entonces empezamos a comprar maquinaria semiautomática, aunque tampoco era para hacer cantidades muy grandes, y así estuvimos hasta 1985. Hacíamos el reparto con una furgoneta de dos caballos.

¿Cuándo empezaron a ampliar la oferta de frutos secos?
— A la gente les gustaba y vimos que hacía falta más productos, pero en Ibiza no hay, así que empezamos a traer productos de fuera y de otros países del mundo, como pistachos, nueces de macadamia, cacahuetes o anacardos. Al ampliar la producción, en 1989 se hizo una nave más grande en Sant Rafel y en el año 2000 nos trasladamos a las instalaciones actuales en el polígono de Montecristo. A partir de aquí se amplió aún más la gama y a crear un abanico variado de productos.

Empezaron con dos productos, almendras y patatas. ¿Ahora con cuántos trabajan?
— Frutos Secos Ibiza ahora tendrá entre 250 y 300 productos diferentes. Hay un abanico muy amplio, que recoge no solo frutos secos, sino también semillas, snacks o chocolates. Es impresionante la ampliación de productos que ha hecho la empresa desde que empezó hasta ahora. Antes no había conocimiento de productos y ahora cada día hay más productos que vienen de diferentes países del mundo. De Ibiza cogemos lo máximo que nos interesa y en lo último que estamos trabajando es con la algarroba que es uno de los mejores productos que tenemos.

¿Con la algarroba trabajan con una marca propia?
— Sí, tenemos una marca, Ibiza Carob Company, y tenemos sirope natural 100% elaborado con producto de Ibiza, harina de algarroba y otros productos que son la última novedad de Frutos Secos Ibiza. Es algo fabuloso. Con esto hacemos que el campo esté mucho mejor y la payesía ibicenca está muy contenta porque estamos recogiendo toda la algarroba que hasta ahora se quedaba en el suelo y solo se usaba para los animales, cuando la algarroba es un producto que tiene una cantidad de propiedades inmensamente grandes. Nosotros lo estamos llevando al mercado y está teniendo un éxito total.

¿Tienen algún otro proyecto de futuro en mente?
— Ahora estamos con el tema del sirope de algarroba, porque para mí es un producto con mucho futuro, empezó hace muy poco y tiene muchísimo recorrido. Lo elaboramos aquí, como la patata y la almendra. También tenemos la cerveza de algarroba, que como el resto de licores se hacen fuera, pero posiblemente la acabemos haciendo aquí muy pronto. Ahora tenemos un proyecto con los higos que también se están dejando y vamos a intentar recogerlos y acercarlos a los clientes. Es un proyecto nuevo que seguramente de cara al futuro será bueno y también hará un gran favor al campo ibicenco.

En los inicios elaboraban los productos con sartenes, ¿cómo ha cambiado el proceso de elaboración con los años?
— Ha cambiado muchísimo. Si comparamos del año 1978 al año 2018, hay mucha diferencia. Ahora es todo mecánico aunque nosotros seguimos haciendo cosas de forma manual y las queremos seguir haciendo así porque creemos que es importante mantener la tradición de productos naturales. No obstante, la maquinaria es importante para poder llegar a toda la clientela que tenemos.

¿Con cuántos trabajadores empezaron y cuántos son ahora?
— Empezamos con tres personas: uno freía, otro cerraba las bolsas y yo repartía. Éramos mi padre, yo y otra persona.

¿Cuándo empezó a trabajar en la empresa?
— Acabé los estudios con 15 años y ya entré. Lo tenía claro porque siempre me gustó el negocio y me metí directamente.

¿Con cuántas marcas trabaja ahora Frutos Secos Ibiza?
— Frutos Secos abarca unas ocho submarcas como la de la algarroba, Ibiza Carob Company; la de las patatas, Papas Vicent; la de los chocolates y licores, Exquisite, o la Sal de Ibiza.

¿En los inicios esperaban este crecimiento de la empresa?
— No, lógicamente que no. Cuando uno empieza con un proyecto como este piensa que es un trabajo para vivir, pero no te das cuenta de que vas creciendo poco a poco como empresa familiar y tampoco piensas que pueda llegar hasta donde ha llegado. También es verdad que es una lucha diaria y constante y el éxito es trabajar, no hay otra forma de llegar al máximo.

¿También han pasado dificultades durante esta trayectoria?
— Sí, como todos hemos tenido momentos duros en los que quieres tirar la toalla porque no puedes, pero ahí está la fuerza del empresario, con la que lucha, lucha y lucha hasta que sale adelante. Sufres muchas bajadas, pero con esfuerzo también subes y por eso llegas hasta aquí.

¿Cuál es el secreto para que dure tantos años una empresa y que lo haga creciendo como la vuestra?
— A parte de la calidad del producto, de cuidarlo y de mimarlo, lo más importante es trabajar. El éxito de un negocio es trabajar y estar cada día encima, luchar y creer en ello, convencido de que ese producto va a llegar a los clientes con orden y calidad.

La empresa también distribuye fuera de la isla, ¿a cuántos países llega?
— En la Península y Baleares tenemos varios puntos de distribución y también llevamos productos a países de Europa, como Holanda, Alemania o Suiza. Además, ahora estamos entrando en Norteamérica, donde tenemos clientes en Canadá, Nueva York y San Francisco.

¿Cuándo empezó la empresa a salir fuera y a dar el salto internacional?
— Con Mallorca y Menorca hace tiempo que trabajamos con ellos y hace siete u ocho años empezamos con la Península. Después, la marca Sal de Ibiza es la que nos ha sacado fuera de la isla y nos ha enfocado hacia el mercado internacional. Tiene éxito, está funcionando bien, a la gente le gusta el producto y nosotros estamos muy contentos con el resultado.

¿Cuáles son los productos con más salida?
— La almendra tiene mucha salida por su calidad, porque tiene muchas propiedades, y después va seguida de pistachos o anacardos.

¿A cuántos establecimientos llegan en las Pitiusas?
— Estamos en todos sitios, a lo mejor en 4.000 o 5.000 establecimientos. Tenemos un abanico tan amplio que al final llegamos a todos los clientes, pequeños y grandes.

¿Cuándo empezaron a abrir mercado al sector de la hostelería y restauración con los grandes formatos?
— En el año 85, más o menos, empezamos con el tema de hostelería y empezamos a hacer formatos de 5 kilos, de 3 kilos o kilo y medio, para que los hoteles y restaurantes pudieran tener nuestros productos.

¿Qué cree que es lo que más atrae a los clientes para comprar sus productos y les diferencia de la competencia?
— La calidad es lo que marca el producto y que son 40 años trabajando, por lo que ya nos conocen muy bien. Tienen claro que nuestro producto es un producto de calidad, damos servicio y el precio está dentro de la línea. Esto nos diferencia de otras marcas que vienen de fuera, que nos quieren hacer daño pero nosotros luchamos contra todo eso.

En Ibiza, ¿cuáles son las principales dificultades que encuentra un empresario?
— El transporte es un añadido doble al producto. Cuando viene un producto de un país extranjero tiene que llegar a Valencia o Barcelona y después venir a Ibiza, por lo que es un doble transporte y supone un encarecimiento del producto. Estamos aislados y todo es más costoso que si estuviéramos ubicados en la Península.

¿Acusan también la estacionalidad?
— Sí, muchísimo. Trabajamos cuatro meses para doce meses y después estamos ocho meses pensando en la luna (risas).

¿La empresa seguirá con el relevo generacional?
— Tengo tres hijos, de los cuales dos ya trabajan aquí y el tercero está estudiando pero seguramente también se incorporará. Serán ellos los que se queden con la empresa, tienen mucha ilusión y ganas para seguir trabajando con ella.

¿Qué ventajas o desventajas tiene trabajar en familia?
— Tiene muchas ventajas, porque si te llevas bien con la familia no hay ningún problema. Cada uno lleva su departamento, y nos sentimos muy orgullosos de que estén aquí. Para mí es muy bonito que la familia pueda seguir con la empresa. No siempre pasa, pero nosotros tendremos esa suerte.

En estos 40 años de historia, ¿cuáles han sido las mejores épocas de la empresa?
— Hay momentos de todo. Hay años más bonitos y otros más duros. Cuando empiezas un proyecto lo haces con mucha ilusión pero antes de sacarlo, se quedan muchos atrás, y es difícil. En 40 años se pueden encontrar momentos de todo tipo.

¿Volvería a ser empresario?
— Sí, porque me gusta lo que hago, me lo creo y me gusta ser empresario. Siempre ha habido momentos de no saber qué hacer, pero si junto todo veo que me gusta mi trabajo y volvería a repetir.

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