Marc Tur, en un momento de la carrera. | KIM HONG-JI - Reuters

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Con secuelas tras el enorme esfuerzo realizado a lo largo de 50 kilómetros de alto ritmo y tensión, el marchador ibicenco Marc Tur daba por buena la cuarta posición y el diploma logrados en Sapporo, aunque lamenta el desenlace de una prueba en la que tuvo el podio en sus manos. «Al final estaba mareado. No podía más», confesaba el atleta pitiuso, autor del mejor resultado olímpico del atletismo balear.

«Poco a poco lo voy asimilando», confesaba el pupilo de José Antonio Quintana, de 26 años y debutante en unos Juegos Olímpicos. «He tenido la medalla casi colgada del cuello, me he quedado con la miel en los labios, pero estoy contento con mi actuación. Me he encontrado estupendo, ha sido mi día, pero es cierto que el último kilómetro me he encontrado con un muro que no supe sortear bien», relataba el ibicenco. «Estaba al límite de mis fuerzas, aunque lo he dado todo hasta el último momento. Ni siquiera supe reaccionar cuando me pasó el canadiense en el último momento», confesaba con el ánimo más recuperado.

El enorme esfuerzo realizado, en especial en el tramo final, en el que tiró del grupo perseguidor a la caza del podio, le pasó factura, de tal manera que «al llegar a meta, es cierto que estaba desorientado y mareado», decía. Pero con la perspectiva del tiempo, aunque está «afectado por ser cuarto, voy valorando lo que he conseguido, porque hace un año ni sabía si estaría en los Juegos y, al final, una cuarta posición está más que bien», concluía el marchador, primer atleta isleño olímpico en esta especialidad.