El delantero italiano del Villarreal Giuseppe Rossi (2i) celebra la consecución del segundo gol de su equipo en presencia de los jugadores del Real Mallorca. | Efe

Villarreal 3 - 1 Mallorca


Villarreal: Diego López, Angel, Gonzalo, Musacchio, Capdevila, Bruno, Borja Valero, Cazorla ( Senna, m.79), Cani, Rossi (Altidore, m.83) y Nilmar (Marco Ruben, m.75).

Real Mallorca: Aouate, Pau Cendrós, Nunes, Ramis, Ayoze, Martí (Nsue, m.61), Joao Víctor, Pereira, De Guzmán, Chori Castro (V. Casadesús, m.75) y Webó.

Goles: 1-0, m.10: Cazorla. 1-1, m.27: De Guzman. 2-1, m.34: Rossi. 3-1, m.51: Nilmar.

Àrbitro: Turienzo Alvarez (Castellano-leonés). Mostró tarjeta amarilla al local Musacchio y a los visitantes Nunes, Webó, Joao Víctor, Ramis y Ayoze.

Ahora que acaba el año, empieza a agotarse también el crédito. El Mallorca, que hasta ahora acumulaba reservas suficientes para disfrutar del parón navideño desde la zona mejor acondicionada de la clasificación, le dará la vuelta al calendario bajo sospecha. Sobre todo, después de que el Villarreal haya vuelto a entrometerse en su camino para agrandar la peor ristra de resultados de la campaña. Los rojillos, a mucha distancia de aquella otra versión que clavó su bandera en los principales templos de la Liga, fueron zarandeados de nuevo en El Madrigal y amontonan ya tres caídas en cadena. Los isleños se derrumbaron con una polémica decisión arbitral que ilustraba un primer tiempo extraño y agotaron sus respuestas para quedar reducidos a la mínima expresión, a cenizas. Quizás sigue siendo pronto para encender las alarmas, pero conviene reaccionar. De inmediato (3-1)

Antes del vendaval el Mallorca se había despertado con buena cara. De hecho, los dos equipos se adentraron en el partido muy conectados y con la intención de dirigir desde la génesis el tráfico del balón, aunque ninguno era capaz de agarrar el volante de forma firme debido a pequeños detalles y desajustes. Aún así, carecía el conjunto balear de esa frescura con la que tomó tierra en el Pizjuán, o del convencimiento con el que arrolló al Valencia en Mestalla. Esa tímida tentativa isleña se fue deshaciendo de forma progresiva y el Villarreal, armado hasta los dientes, no tardó en trasladar el combate hacia su esquina. Diez minutos, concretamente. Aouate tuvo que cerrarle el paso a Nilmar con una de sus prodigiosas apariciones, pero la jugada, lejos de morir, volvió a cobrar vida al momento y sorprendió a la zaga visitante con el fango hasta las rodillas. Rossi peinó un balón procedente de uno de los costados y Santi Cazorla batió por alto a Aouate con un toque de precisión que moldeó en soledad. El partido empezaba a ensuciarse.

Aturdido y debilitado, el Mallorca descendió varios pisos de golpe. Mientras tanto, su enemigo crecía a la velocidad que imponía Rossi, excelso durante toda la tarde. El italo-americano, que derrumbaba como un castillo de naipes la pared bermellona, estuvo a punto de apagar la luz en el minuto 25. Esta vez su remate se fue acariciando la base del palo izquierdo, pero confirmó que el Mallorca andaba tocado. Demasiado.

Pintaba fatal el partido y se mascaba el segundo tanto amarillo cuando los baleares encontraron un pozo de petróleo al que se garraron para seguir de pie. Un inocente saque de banda sirvió para que Webó le ganara la espalda a Gonzalo Rodríguez por el carril izquierdo y asistiera a De Guzmán, que definió la emboscada desde la media luna del área. Su disparo picado descolocó a Diego López y taladró el pórtico local cerca de la escuadra. Golazo (minuto 27).

Con el empate bajo la manta el Mallorca trató de ir un poco más allá, aunque esta vez fue Turienzo el que impidó su progresión y le sacó de sus casillas. Rossi sacó una falta muy cerca de los límites del área y el balón se estampó contra el codo derecho de Webó, que formaba en la parte central de la barrera. El árbitro no lo dudó y señaló el punto de penalti entre los gestos de desesperación de los jugadores rojillos. El propio Rossi pidió el lanzamiento y engañó por unos centímetros a Aouate, aunque lo hizo a través de un 'paradinha' que avivó un poco más el incendio en las filas bermellonas. De ahí hasta el descanso al Mallorca le resultó imposible reactivarse y aunque su fútbol seguía sin transmitir mucho, se marchó al vestuario con la percepción de que le estaban quitando algo. Otra vez.

Volvió enrabietado al equipo al tapete y casi fuerza la igualada al minuto de la reanudación, aunque se trataba de un espejismo. La respuesta castellonense fue un contragolpe de libro en el que sólo Aouate pudo Nilmar. No obstante, el brasileño volvió enseguida para vengarse. Se coló entre los dos centrales del Mallorca recogió el guante que le entregó Valero y superó a Aouate con una de las preciosidades de su catálogo. Quedaban cuarenta minutos por delante, pero tampoco había nada que hacer. De repente, se había hecho de noche (minuto 50).

La última fase de la jornada fue una tortura para la escuadra de Laudrup y una bendición para el Villarreal, que con el viento a favor y sin apenas resistencia cosió un fútbol de seda. El técnico danés apuró su depósito para reanimar a los suyos, pero todas sus maniobras acabaron siendo inútiles y ni siquiera se planteó la posibilidad de recortar distancias. Estaba claro. Villarreal sigue siendo territorio comanche.