Jaime Far, director de la Oficina Anticorrupció. | M. À. Cañellas

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El director de la Oficina Anticorrupció hace balance de su trabajo durante estos cuatro años. Defiende su labor en la Oficina pese a las críticas que ha recibido de miembros de la izquierda, que incluso llegaron a plantear su reprobación sin que se llegara a concretar. El insiste en que se va por motivos profesionales.

¿Por qué se va?

—Es una decisión profesional que ya se la comuniqué en su día al president del Parlament. Vuelvo a la Agencia Tributaria, donde ha surgido una oportunidad de trabajo.

¿En su decisión no han pesado los desencuentros con el Govern durante estos años en materias que ha investigado?


—No. Es verdad que algunas veces en estos años me he sentido un poco solo en mi trabajo. Yo no soy político, no me muevo por intereses políticos y no me debo a nadie. Me voy por razones profesionales y dejo la Oficina bien posicionada y en funcionamiento.

¿Sabe quién será su sustituto al frente del organismo?


—En teoría será el Parlament quien deberá elegir a mi sustituto por el mismo procedimiento.    Los grupos parlamentarios deberán presentar propuestas y el pleno de la Cámara decidirá.

Pese a las complicaciones al frente de la institución, ¿qué balance hace de estos cuatro años en la institución?

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—He intentado inculcar la cultura de la integridad en las administraciones públicas y creo que eso se ha conseguido poco a poco, además de otras investigaciones que se han realizado.

¿Qué es lo más difícil que le ha tocado hacer?


—Lo más difícil ha sido lograr que la institución se haga un hueco en la sociedad, que nos vean y nos tengan en cuenta. Esa ha sido una dificultad añadida y, aunque algo hemos conseguido,    creo que aún sigue habiendo reticencias a la creación de la Oficina por parte de determinadas personas.

¿Por qué lo dice?


—Muchos señalan que la Oficina hace las mismas funciones que otras entidades y no es así. No es cierto que choque con otros organismos como la Fiscalía, porque esta actúa cuando hay denuncias. Tampoco con la Sindicatura de Comptes, que tiene otras funciones que no tienen nada que ver con la investigación. Nuestras funciones son diferentes por completo.

¿Se ha encontrado alguna sorpresa en el transcurso de sus investigaciones?


—Sí, me he llevado sorpresas con algunas denuncias y todo el equipo de investigación, también. Nos han llegado informaciones que han servido para verificar lo mal que funcionan en ocasiones la administraciones en los controles básicos. En algunas administraciones hay un descontrol enorme.

¿Recuerda algún tema en especial?


—Hubo polémica con la investigación por la vacunación a los altos cargos, pero creo que esa es la función de la Oficina: estudiar los aspectos éticos y de buen gobierno, que era lo que se debatía.