Andreas Darra, un empresario alemán que ha sido embargado por cuatro euros | T. Ayuga

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La pandemia ha afectado a todos, pero las restricciones para evitar la propagación del coronavirus han tocado casi de muerte al sector de la restauración. Se han cerrado multitud de negocios y los que no lo ha hecho, siguen capeando el temporal como pueden. Pero hay casos dramáticos como el del alemán Andreas Darra y su socio, Matthias Kohlmeier, a los que les han embargado y desahuciado de su restaurante en Santa Catalina por un trámite mal gestionado y una deuda de tan solo cuatro euros. Ver para creer.

Andreas no pensó que cumplir su sueño de montar su propio negocio de restauración se terminaría convirtiendo en toda una pesadilla. En diciembre de 2020, cuando encontró un local perfecto para abrir su restaurante, no sabía la que se venía encima. Todo iba a pedir de boca. Pero la ola de la pandemia llegó a su pico más alto y se vieron obligados a posponer la inauguración tres meses, hasta marzo del año pasado; mientras, hacían reformas y montaban el restaurante. En marzo abrieron las puertas de su 2 Monkeys para cerrarlas a los pocos días debido a las restricciones. «Nos tocó capear el temporal a base de ahorros durante los meses de abril, mayo y junio. No podíamos hacer otra», recuerda Darra con pesar.

El verano fue un soplo de aire fresco gracias a la terraza. Parecía que el negocio comenzaba a marchar y les tocó una subida parcial del alquiler del local. No dieron orden al banco y se ingresó el arrendamiento anterior. Faltaban 475 euros. Cuando les llamaron la atención, hicieron el pago correspondiente, pero se ingresó todo el alquiler a uno de los dos propietarios, el otro no recibió nada. Las relaciones con los dueños del local iban de mal en peor. «Toda una serie de catastróficas desdichas. Todo lo que podía salir mal, salía aún peor», confiesa este empresario alemán.

Lo peor llegó con el otoño. El Consistorio palmesano retiró las terrazas de los bares, había terminado el verano y el restaurante volvía a hacer aguas. «Hacíamos lo que podíamos, pero estuvimos dos meses sin pagar el arrendamiento -admite Andreas Darra-. Entonces nos llegó un burofax señalando nuestro impago, el fin del contrato y una orden de desahucio para el 10 de enero. No sabíamos qué hacer, pero tiramos para adelante porque creíamos en el futuro de nuestro proyecto y pagamos los dos meses de retraso a costa de muchos sacrificios. Pensábamos que ya estaba todo solucionado», señala. Andreas se equivocó.

Andreas, su pareja y su socio cometieron un error. Pagaron el requerimiento, pero no enervaron la acción en el juzgado. «Ingresamos de una tacada los dos meses de retraso y los dos siguientes. Cuatro en total. Pensábamos que ya estaba solucionado. Seguimos trabajando sin saber que, aunque los dueños habían cobrado, no estaba confirmado en el juzgado», explica el restaurador. El 10 de enero llegaron a trabajar como todos los días y se encontraron el local precintado y con la cerradura cambiada.

Desde entonces están luchando para dar marcha atrás al desahucio o, al menos, recuperar los objetos personales y la decoración que sigue en el restaurante. «Tenemos un inventario en comida y bebida valorado en 12.000 euros y calculamos que gastamos 15.000 euros en la decoración, mi ordenador personal, que sigue en el local... Nos han dejado sin nada», denuncia Andreas, que puso el caso en manos de un abogado. Han tratado de demostrar en el juzgado que todo ha sido un error administrativo, pero los propietarios han presentado un informe asegurando que todavía les debemos cuatro euros. ¡Cuatro euros! Una cifra que no sé de dónde sacan. Pero es falso», critica.

El juzgado ha condenado a Andreas a pagar las costas del proceso, que calculan que serán de unos 12.000 euros, y el propietario se ha quedado con todo el material del interior del local, así como el depósito de 3.000 euros que dieron cuando firmaron el alquiler. Andreas lamenta que los propietarios del local se han negado a devolverle sus objetos personales ya que, según la justicia, al haberse ejecutado el desahucio, todo lo que se encontraba en el interior del restaurante ahora les pertenece.

«Ya han puesto el anuncio del establecimiento en alquiler 'totalmente equipado'... con mis electrodomésticos, muebles y decoración. Me he quedado sin los ahorros de toda una vida, sin el depósito ni el dinero del traspaso. Siento que se han reído en mi cara. Tengo 56 años, tres hijos a mi cargo y no tengo ni trabajo ni dinero. Todo esto por 4 euros que, supuestamente, no he pagado. Que me digan que existe la justicia, me cuesta creerlo», finaliza.