Carmen, en el despacho de su abogado. | M. À. Cañellas

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Carmen (nombre ficticio) vive en una especie de pesadilla que le ha llevado a denunciar el caso ante la Policía Nacional. Todo comenzó hace exactamente un año. Participó en el programa Recerca d’Orígens, del Institut Mallorquí d’Afers Socials, porque «alguien me quería localizar». Era su hijo, el bebé que dio en adopción, hace más de treinta años, porque Carmen fue víctima de una violación cuando era joven y no pudo hacerse cargo del bebé por su situación de sinhogarismo.

La mujer, que vive en Palma, acudió a las primeras visitas. «Era un chico alto y muy grande. Tras conocerle le dije que no había problema en hablar y mantener contacto», recuerda. A los pocos días, Carmen le invitó a su casa con su hija, que tiene una discapacidad psíquica del 40 %. Lo que en un principio parecía un nostálgico reencuentro entre madre e hijo acabó en situaciones extrañas, llamadas por número oculto y mentiras por WhatsApp.

Conversaciones

«Esa primera vez que nos vimos le dije que se podía quedar en el sofá a dormir. Cuando me desperté le vi desnudo inyectándose en la pierna algo. Le dije que se fuera y desde entonces no quise saber nada más de él». Carmen acudió de nuevo al IMAS y comentó lo sucedido, alegando «problemas mentales» por parte de este joven, «que tampoco estaba claro que fuera mi hijo, puesto que las asistentes me confirmaron que faltaban papeles de cuando lo dejé en adopción y no podían comprobarlo al cien por cien», dice.

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Alguna de las conversaciones de su supuesto hijo por WhatsApp donde le pasaba fotos de él en un quirófano.

Renunció al programa y a tener «cualquier tipo de relación con él». Tras unos meses de parón, el 29 de agosto de 2021 recibió numerosos mensajes por WhatsApp. En esas conversaciones, Carmen intentaba ser comprensiva y mostró preocupación por él. «En algunas respuestas el chico se hacía pasar por una amiga suya. Me escribía en boca de ella y llegó a enviarme fotografías de él, supuestamente, en un quirófano, como que le estaban reanimando. Ninguna persona se inventaría su propia muerte». «No hay documentos que justifiquen su diagnóstico mental», asegura Carmen tras haberlo preguntado a las asistentes sociales del programa.

El 20 de marzo comienza otro nuevo episodio de ciberacoso. Recibió hasta 16 llamadas perdidas en un mismo día. En una ocasión, la mujer respondió y aseguró que una voz le dijo «estás muerta». Los días siguientes su teléfono no paró de sonar desde número oculto. El día 2 de abril se decidió a coger el teléfono. «Le pregunté qué quería. Él me contesta que está mal y que está en tratamiento psiquiátrico. Entonces le avisé de que le había denunciado». El hombre también escribió a la hija de ésta por las redes sociales. «Ella le tiene bloqueado», dice.

Carmen no vive tranquila desde que este último mes, tras meses de calma, ha vuelto a tener contacto con el joven, que tiene unos 39 años. «También sé que ha preguntado por mí en el estanco de mi barrio. Siento como que me culpa por darle en adopción. Como que tiene remordimiento. Me hablaba mal de sus padres de adopción, de que le habían dicho que yo le había vendido».

Carmen dio a conocer esta situación al IMAS (imagen del documento) y estos últimos días, también ha presentado la denuncia en el juzgado para tramitar una orden de alejamiento. La mujer asegura que este hombre no es su hijo y quiere justificar que tiene problemas de salud mental.