Insólita imagen de la presidenta de la Federación Hotelera, Maria Frontera, en el Parlament. | Jaume Morey

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La que se anunció como la ley de las camas elevables terminará siendo una extraña mixtura de medidas a favor de las kelly, decrecimiento de plazas, concesiones urbanísticas a los hoteleros, obligación de incorporar producto local en los establecimientos y exenciones para Menorca de las medidas más polémicas. Una rara combinación que, sin embargo, no deja una ley Frankenstein. Pero más allá del contenido del texto, del que ya se ha escrito con profusión, la ley deja también otra extraña mixtura: la de intereses políticos divergentes que parecen haber conseguido el imposible desafío de dejar a todos contentos.

La negociación de la ley ha sido para el conseller de Model Econòmic del Govern, Iago Negueruela, como actuar en un circo de siete pistas. En medio de ese aparente caos, ha conseguido un triunfo inapelable que se apreció claramente en la foto de la semana, en esa imagen de los hoteleros en el Parlament dando el aval a una ley en la misma sala de comisiones donde se tramitará el texto a partir de ahora. La foto deja un regusto amargo porque muchos se pueden preguntar qué hacían los hoteleros en la sede de la soberanía popular, qué hacían bendiciendo una ley que aún se sigue tramitando sin haberse presentado a las elecciones, como sí hicieron el resto de actores de la foto. La imagen no ayuda a desmontar la idea de que son los hoteleros quienes dirigen la política turística de la Comunitat, algo que en este caso no ha sido así o, al menos, no ha sido así del todo.

Negueruela es el artífice del texto con la colaboración muy necesaria del diputado del PI Josep Melià. Muchas de las enmiendas que presentó el PI las podría haber firmado el conseller y, muy probablemente, ya le ha venido bien que las presentara. Con esta negociación, la imagen que deja el PI es la de un partido que hace política para mejorar las cosas y resolver problemas. Modera hacia el centro el texto de la ley, escorado a la izquierda por la moratoria turística que tanto necesitaba Més, y además consigue que en la foto no se le vea solo con Podemos y demás partidos de izquierdas –algo malo para su electorado– sino que sale al lado de los hoteleros.

Més tampoco sale mal de esta negociación. Consiguió en primera instancia que se introdujera una moratoria de plazas para que esta ley no fuera solo la de las camas elevables y, durante la negociación, ha logrado meter el decrecimiento de plazas, que tendrá escasos efectos prácticos pero que garantiza grandes titulares. Lluís Apesteguia estaba cómodo en la foto con los hoteleros porque sabe que ha cumplido las expectativas de sus votantes y ha conseguido que la idea del decrecimiento, impensable hace dos años, haya entrado en la agenda política. El PSIB sabe que, si quiere gobernar a partir del año que viene, tiene que dar aire a sus socios para que no se hundan. El decrecimiento es el aire de Més y sin decrecimiento no habría la posibilidad de que los hoteles se conviertan en viviendas. Lo uno por lo otro.

El que sale menos contento de esta negociación es Podemos. El partido de Antonia Jover ha incorporado la obligación de que los hoteleros compren un porcentaje de productos locales, pero se ha quedado sin otra de sus exigencias: las medidas de cambio climático no se han incorporado, y además muchos están incómodos en esa foto con la presidenta de los hoteleros, Maria Frontera.

Josep Castells (MxM) también está satisfecho porque las propuestas más polémicas, como el cambio de usos, no se aplicarán en Menorca. Por esa razón, él no estuvo en la foto con los hoteleros, algo que no es extraño. Sí es insólito que las fotos con los hoteleros se las haga Podemos y no el PP, que ha quedado completamente fuera de la negociación. Ese rechazo absoluto a la ley es muy chocante cuando hasta los empresarios la apoyan públicamente. La soledad de los ‘populares’ y Vox.