Islas pequeñas y delicadas

La artista valenciana María Casalduero inaugura hoy en Formentera la exposición ‘Formencoses...’

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Sobre estas líneas, una de las cajas de ‘Formencoses...’. Arriba, tres de los ‘collage’ creados por Casalduero.

Sobre estas líneas, una de las cajas de ‘Formencoses...’. Arriba, tres de los ‘collage’ creados por Casalduero.

Dicen que en cada lugar conviven varios mundos, que incluso los espacios más pequeños pueden contener universos. La reflexión viene perfectamente al caso cuando se habla de la obra de la artistas valenciana María Casalduero, quien hoy inaugura a las ocho de la tarde en la sala del Ajuntament Vell de Sant Francesc, en Formentera, la exposición Formencoses..., su particular homenaje a la Isla a la que regresa regularmente desde hace diez años.

Porque las pequeñas piezas de Casalduero contienen pequeños retazos de ese poliédrico universo que es Formentera. La idea de dedicarle una exposición a la Isla le rondaba la cabeza desde hace tiempo y, recogiendo todo tipo de objetos durante sus veraneos y dándoles forma a través de su trabajo, ahora presenta este particular diario de sensaciones, no exento de ironía, pero tampoco de amor hacia la isla mediterránea.

«Todos los veranos desde hace diez años voy a Formentera, en junio, antes de que la Isla se llene, y he ido recogiendo todo tipo de materiales, como conchas o redes, con las que he confeccionado la serie de cajas y collage bajo el título de Formencoses..., un juego de palabras entre el nombre de Formentera y el concepto de formar, hacer cosas», explica Casalduero a este periódico.

La artista reconoce que se siente cómoda trabajando con formatos pequeños, una tendencia que fue cultivando tras dejar la facultad. «Al terminar de estudiar no sabes muy bien qué hacer y necesitas formatos grandes para explicarte. Luego descubrí que en el formato pequeño puedes contar muchas más cosas. A veces, una frase puede ser más importante que toda la novela que la contiene», reflexiona.

En la intención de la escala está también el obligar al espectador a agudizar sus sentidos, a concentrarse, evitar que se disperse. «El observador se centra más en lo que puedes contar, lo que puedes sugerir, cuando está contenido en muy poco espacio», profundiza la artista.

Pero no solo en la escala se define el trabajo de Casalduero. En su obra es una constante la reflexión entre la presencia del hombre ante y dentro de la naturaleza, así como de la relación de éste con sus iguales. Un buen ejemplo sería una de sus anteriores series El bosque animado, en la que formaba pequeñas escenas sobre los tocones de árboles cortados. «Busco la sencillez trabajando de un modo muy meticuloso», resume.

Nacida en Valencia en 1961, Casalduero se licenció en Bellas Artes en la Facultad de San Carlos. Dedicada a la docencia desde el año 2000 llega a Formentera con algo más de treinta obras con las que quiere ofrecer a la Isla algo de lo que ésta le ha brindado: la armonía que la envuelve, como ella misma menciona, o cada uno de los pequeños universos que esconden todos y cada uno de sus rincones.

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