Una administración de Lotería de Santa Eulària. | Daniel Espinosa

0

«El otro día entré a comprar un décimo de Navidad en una administración a las afueras de Madrid y de repente la dependienta empezó a dar gritos» - cuenta el mediático vidente Rappel - y es que «la chica había soñado que daría El Gordo si me veía entrar por esa puerta". Los otros clientes del local se fijaron en los décimos que elegía el personaje televisivo y pidieron a la dependienta que les diera exactamente los mismos que se había llevado, algo que Rappel explica porque «la gente se piensa que yo llevo el número en mi cabeza, como si fuera repartiendo semillas», y sin embargo eso es algo que «no hay astrólogo en el mundo que lo sepa».

«La probabilidad de que te toque El Gordo es de 0,001 %», explica Roberto Atanes, profesor de estadística e investigación de la Universidad CEU San Pablo, que aclara que en el Sorteo de Navidad existe lo que llama «probabilidad uniforme» entre los 100.000 números que están en el bombo, es decir, «todos los números tienen la misma probabilidad de salir». Más allá de creencias y supersticiones, el profesor cree que la mejor opción de conseguir hacerse con un premio en la Lotería de Navidad es diversificar porque «si compramos cinco números diferentes hay más probabilidades de que toque» y advierte de que jugar el mismo número no hace que aumenten las posibilidades porque «cada sorteo es un suceso independiente» y cada año todos los números tienen las mismas opciones. A lo largo de los 200 años de historia del sorteo el número 5 es la terminación más premiada, algo que Atanes califica de «hecho casual» y recalca que «no existe la manera de jugar a un número que tenga más posibilidades».

«La mayoría de gente que gasta dinero en loterías no lo recupera», aclara el profesor, que reconoce que compra Lotería de Navidad por "tradición" y se incluye en el grupo de personas que "todos los años pierde dinero». «La suerte es muy caprichosa y no sigue ninguna regla», cuenta la astróloga Paloma Navarrete, habitual de platós de televisión que afirma que las personas que la llaman «preguntan por cosas mucho más importantes que el número de la Lotería de Navidad».

Rappel afirma que tampoco tiene muchas llamadas preguntando por la lotería, pero sí que hace en todas sus consultas «una pirámide numérica con números de la suerte según la fecha de nacimiento», a pesar de lo cuál a él nunca le ha tocado El Gordo, aunque sí «algún que otro premiecito». «Muchas personas se aferran a un clavo ardiendo y tienden a este tipo de explicaciones y predicciones por su propia situación personal», explica Valentín Martínez-Otero, doctor en psicología en la Universidad Complutense, que asegura que «no hay un perfil único" de personas que acudan a estos servicios paranormales, pero sí que hay «un número significativo de personas que lo hacen porque tienen poca información».

El psicólogo cree que la pandemia ha hecho que se incremente el número de personas que se decantan por este tipo de prácticas, algo que responde a «ciertos problemas de estrés, de ansiedad y desadaptativos que provocan poca confianza en un mundo racional».
Martínez-Otero pide poner en valor «el beneficio que genera la ilusión» a la hora de compra lotería, un estado que compara al de «una persona que cree mucho en su equipo», pero habla de una corriente "bien asentada y tal vez creciente" de personas que se aferran a explicaciones paranormales. «El problema es cuando uno se instala en un mundo mágico e irracional», sentencia el experto, que alerta que esto puede provocar un trastorno adaptativo en la persona.

Una de las muchas anécdotas que cuenta Rappel es la de una dependienta de Galerías Preciados que, tras escuchar al vidente en el programa de Hermida, compró varios billetes con la terminación con la que había pronosticado que tocaría El Gordo y los repartió por toda la sección de señoras. «Hermida me puso contra las cuerdas y yo contesté que acabaría en 46 o 64», cuenta Rappel, que aún tiene guardados los recortes de prensa de la lotería de ese año en la que por, según él mismo confiesa, por «casualidad espontánea» acertó que el premio acabaría en 64 para alegría de las dependientas de la sección de señora de Galerías Preciados. «Tuve la gran suerte de que acerté» - bromea - «Si hubiera acabado en 27 me hubiera quedado el prestigio como una mierda».