Juan comenzó la terapia en enero de 2021 y su hermana es la persona que le administra el dinero

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No quiere decir cómo se llama ni mostrar su rostro, pero revela que tiene 30 años, es de Palma y ha sido diez años adicto a los juegos online. Se llamará Juan para esta entrevista, donde relata su paso por esta adicción ininterrumpida y cómo salir de ella le ha reportado la tranquilidad que un día perdió siendo todavía menor de edad.

Todo comenzó en su barrio y con la brisca. Tenía 17 años cuando era habitual frecuentar un bar para jugar con amigos a este juego de naipes. La diferencia con la partida clásica es que este grupo decidió apostar dinero. «En torno al 2010 empezó a salir por internet el póker. Era un momento en que salíamos de la crisis en el país. Yo en ese momento era un nini (ni estudiaba ni trabajaba) y la manera rápida de sacar dinero era con este juego. Jugar a las briscas ya se me quedaba corto», rememora este joven en Projecte Home, donde lleva un año en terapia.

Juan es usuario del programa Eureka, destinado a personas mayores de 23 años con alguna adicción comportamental (que no son a las sustancias). La decisión de poner límites a su adicción la tomó en el año de la pandemia, aunque no iniciaría la terapia hasta enero de 2021. Un día, explica, «me vino una situación complicada sobre pagos pendientes en un momento en que también tenía un viaje al cual no quería renunciar. Este año [2020] había jugado muy poco y en una partida gané 200 o 300 euros. Al día siguiente lo volví a intentar y perdí 900 euros. Tras eso, me fui a casa de mi hermana y le conté todo. Ahí fue cuando había tocado fondo».

Perder el control

La adicción al juego online le ha afectado en todos los ámbitos de su vida. «Cuando estaba mal, me refugiaba en el juego. Tapaba así una ausencia emocional. Ya con 21 años era consciente de lo que me pasaba, pero no le di importancia, porque no sabía que podría desarrollar todo esto. Pero al final, uno no puede gestionarlo y, a pesar de que me he intentado poner límites, los sobrepasaba», reflexiona.

En diez años adicto al póker, Juan ha llegado a perder 18.000 euros y a ganar unos 4.000 euros. El máximo tiempo que ha estado frente a la pantalla han sido doce horas seguidas. Cada vez que tenía problemas los solucionaba con algunas partidas. Ya en estos últimos años su frecuencia bajó, pero era consciente de su adicción. «Lo más difícil fue iniciar el cambio», y reconoce que ha tenido crisis en este año de terapia en Projecte Home.

Es su hermana quien administra sus cuentas. Juan, sin embargo, nunca ha sido de jugar en casinos ni en salones de juego. Solo se enfocaba en el póker online. Cada día, Juan tiene un dinero concreto para gastar, y para no caer en la tentación desde los dispositivos (ordenador, teléfono), hay una aplicación que le restringe según qué accesos. «Todo es autoprohibición, nadie me obliga», matiza.

Los años de pandemia le han ido bien para controlar su adicción al juego «por el estrés que tenía de que no podía gastar dinero por lo que pudiera pasar». Y ahora que está recuperándose muy bien siente que «el descanso psicológico es enorme».

Mery Fernández, subdirectora del programa Eureka, destaca de la memoria del año pasado que un total de 134 usurarios finalizaron terapia. El 74 % de las personas atendidas tenían problemas de adicción a videojuegos y juegos de apuesta presenciales y semipresenciales.