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La inflación del 1,8 % en el mes de junio dispara la tasa anual al 10,2 % –la más alta en los últimos 37 años– y tiene efectos demoledores para las familias y las empresas de España porque el poder adquisitivo de los consumidores se ha deteriorado tanto en un mes como durante todo el año 2018. Definida como el ‘asesino silencioso de tus ahorros’ y el ‘impuesto de los pobres’ al reducir la capacidad de compra de quienes no están en condiciones de incrementar sus ingresos en la misma proporción que suben los precios, la inflación castiga al conjunto de la población y retrasa la reactivación. Al mismo tiempo, acentúa la población en riesgo de pobreza o exclusión social, que ha aumentado hasta el 27,8 %, el dato más alto desde 2016, según la Encuesta de Condiciones de Vida. Es preciso adoptar medidas porque mantener la misma estructura de gasto que hace un año supone para los hogares españoles 260 euros más al mes y que un salario de 20.000 euros anuales perderá más de 2.000 euros de poder adquisitivo, además de pagar más impuestos.

Las medidas han sido insuficientes

Las medidas del Gobierno Sánchez para afrontar el aumento del coste de la vida, que se nota especialmente en la cesta de la compra, la electricidad y los carburantes, han sido insuficientes. Y no obtendrán el efecto deseado ni serán eficaces con una inflación de dos dígitos, como ya ha sucedido con la bonificación de los 20 céntimos por litro de combustible. Y cuando la inflación subyacente, la que no cuantifica el impacto de la energía y los alimentos frescos, ha aumentado el 5,5 %, se necesitan otras decisiones y actuaciones.

Pacto para recuperar la confianza

Es el momento de impulsar un pacto de rentas, como hace 45 años, cuando la inflación alcanzó el 23 %. Exige voluntad de diálogo y entendimiento que implique al Gobierno y la oposición. A Pedro Sánchez le corresponde liderar esta iniciativa, que ya no se puede demorar.