OPINIÓN| Paco S. Pérez

Subasta esperpéntica

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Alguna otra oferta? Número 95 ¿Alguna otra oferta? Número 22... y la secuencia se repitió unas 200 veces hasta alcanzar la friolera de 355.100 euros por un lote de 180 hamacas y 90 sombrillas. Fue la puja más elevada registrada durante las más de seis horas de mercadeo vividas la mañana del martes en el salón de plenos del Ayuntamiento de Sant Josep. En boca de los presentes expresiones que se repetían: «barbaritat y vergüenza».

A las 8.30 de la mañana, media hora antes de que la teniente alcalde de Sant Josep, Paquita Ribas, abriese la sesión, los licitadores inscritos ya expresaban su malestar con el método elegido. A mano alzada, una puja pura y dura.

El esperpento podía ir más allá y fue más allá. El salón de plenos ‘josepí’ ya era un zoco cuando emergió la figura de Mahy Marrero. El empresario canario, pendiente de sentencia por un cargamento de media tonelada de cocaína, llegó, vio y reventó el mercado.

Marrero tomó asiento en la penúltima fila de sillas del salón de tal forma que las miradas iban de un costado a otro de la sala como si de un partido de tenis se tratase. Paquita Ribas dirigía la subasta de los lotes desde la presidencia y él controlaba todos los movimientos desde ‘su trastienda’. Pujas al límite, muy por encima de los umbrales de la rentabilidad y que llevó al extremo en uno de los últimos lotes subastados.

El lote número 44 compuesto por una mesa y una silla en Platges de Comte. Precio de salida: 500 euros. Para sorpresa de los presentes, ahí estaba de nuevo una de las cartulinas que llevaba Marrero Sosa. Tras consultar su portátil, llevó la puja hasta los 8.000 euros. Huelgan palabras.

Sinceramente, creo que lo de la transparencia se le ha ido de las manos a algunos gobernantes. Lo del martes fue más un esperpento de don Ramón del Valle-Inclán que un ejercicio de transparencia.

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