Incendio en Cala Saona. | David Setbetes

Dicen que la primera vez es casualidad, la segunda tal vez coincidencia, pero la tercera es una declaración de guerra, y si no de guerra, sí al menos de intenciones en lo que concierne a Cala Saona y a los tres incendios que ha sufrido la zona en menos de dos meses. Tres jornadas dominadas por el calor y viento a ráfagas que han propiciado el avance de las llamas hasta dejar un balance de más de treinta hectáreas de bosque calcinadas en un paraje donde no se recuerdan incendios tan excepcionales ni, por supuesto, tan seguidos.

Las primeras llamadas al 112 alertando de un nuevo incendio se empezaban a recibir a las tres y media de la tarde. Poco después, una columna de humo grisáceo oscuro se dejaba ver de nuevo desde gran parte de la isla y todo se volvía a poner en alerta. Las llamas se declaraban originalmente en el inicio del camí de Punta Rasa y con el viento empujándolas a atravesar la carretera, cosa que evitaron por los pelos los primeros efectivos y vecinos/voluntarios en llegar al lugar. El fuego ardía con extremada virulencia en este paraje, devorando pinos, sabinas y matas, además de los protectores plásticos distribuidos en los palos del vallado de la acentuada curva por la que prosigue la carretera hasta la playa. Ahí se tuvieron que aplicar voluntarios y guardia civil con palas y ramas hasta la pronta llegada de bomberos, mangueras y agua, el mejor recurso para detener el avance de las llamas. La zona parecía, dentro de lo que cabe, mínimamente controlada, pero centenares de metros más al sur, siguiendo es Canal de Cala Saona, las llamas se hacían fuertes a poco más de un centenar de metros del hotel que corona esta visitada zona de baño. El fuego, pero sobretodo el humo, aconsejaron activar el protocolo de dichas instalaciones para este tipo de emergencias. El hotel se encuentra estos días al 100% de reservas, aunque parte de la clientela estaba fuera del alojamiento en otras playas o enclaves. Los turistas y usuarios que sí que se encontraban en el hotel fueron confinados en el hall del mismo y evacuados ordenadamente por furgonetas y taxis, que accedieron a las pistas que llevan a Sant Francesc y que estaban alejadas del fuego. Fueron también desalojados diez residentes de tres casas cercanas al hotel y a las llamas, que se sumaron a los inquietos inquilinos del hall.

Entretanto, la batalla contra el fuego seguía en dos frentes; por un lado, los helicópteros se surtían de agua en la cala observados por los bañistas y las tripulaciones de los yates fondeados en la zona. Por otro lado, parte de la plantilla del hotel se armó de cubos y palas y fue a hacerle frente al fuego con agua, arena y agentes de la guardia civil que hacían las veces de servicio de extinción y de servicio de protección por si las cosas se torcían de repente. No fue así, y las llamas acabaron por ceder.

Ayer, por repetición, se vivieron las mismas escenas que el veinte de mayo o el cinco de julio, no hace ni tan siquiera dos semanas. Una repetición que, en su parte positiva, daba cierta experiencia a todos los involucrados en la lucha contra el fuego, ya que dentro del caos que supone una desgracia de tal magnitud, todo parecía un poco más bajo control.

Todo el mundo, aunque sorprendido otra vez por las llamas, sabía mejor donde ponerse y cómo incidir para minimizar los efectos del desastre. Se vivieron momentos de angustia, ya que la jornada de ayer nos dejó también un incendio en el municipio de Sant Antoni y se temió por la llegada de menor número de efectivos por el efecto ?repartición?, pero al final, con mucho ahínco por parte de todos y la ayuda de un viento que fue aminorando, el fuego se pudo dar por estabilizado a las siete y media de la tarde y por controlado unas tres horas después.

Ahora resta otra vez más el trabajo de remojar la zona afectada, vigilar que nada reavive las llamas en las siguientes jornadas e investigar las causas de un tercer incendio que ya no parece ni casualidad, ni coincidencia?

EL APUNTE

Un importante despliegue para luchar contra el fuego

Según confirmó Ibanat, trabajaron para acabar con las llamas 5 aviones, entre ellos un Canadian y un Air tractor, 3 helicopteros, 1 automba, 18 brigadistas, 2 amas y 2 técnicos, a los que se sumaron el cuerpo de bomberos de Formentera, 16 efectivos de Protección Civil y agentes de la Policía Local y de la Guardia Civil de la isla. Asimismo, diversos camiones cisterna de varias empresas de la isla colaboraron también en las tareas de extinción. En total se calcula que entre 60 y 80 efectivos estuvieron operando en la zona ayer por la tarde para acabar con las llamas.