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Pedro Javier González (Ibiza, 1975) es un habitual de la música en directo ibicenca. PJ González, como se le conoce en el mundillo de los músicos, es baterista y ha pasado por numerosas bandas del panorama ibicenco. Sin embargo, la batería no es el único instrumento de este músico polifacético, que no solo ejerce también como productor sino que además es instructor de paddle surf y albañil.

¿Cómo se define?
— Es complicado. Soy baterista, productor y, en verano, instructor de paddle surf, entre otros oficios, como también albañil.

¿Significa eso que es difícil vivir de la música?
— No te creas. En ciertas etapas de la vida sí que he podido vivir de la música, pero no en todas. A lo mejor podría haber vivido siempre de la música, pero tendría que haber hecho cosas que no disfruto.

¿Por ejemplo?
— Tocar con DJ en discotecas, cosa que he llegado a hacer en su momento pero no es lo mío. Es verdad que he tocado con algún buen DJ como Joan Ribas, que me encanta. También estuve con un saxofonista. Tocábamos por encima de las bases y estaba muy bien. Estuvimos en Austria, Italia o Barcelona, pero no era mi rollo. Mi compañero, el saxofonista, ha continuado con ello y ahora tiene un buen caché. Toca en Dubai y sitios así.

¿Se arrepiente de haberlo dejado?
— No. Es verdad que antes sí que estaba un poco obsesionado con poder vivir de la música y tal, pero he llegado a un momento en el que me he dado cuenta de que todos mis sueños con la música ya los he cumplido.

¿Cuáles son esos sueños?
— Tocar en países diferentes, distintos estilos con músicos más o menos reconocidos, hacer giras, grabar discos... En un momento me di cuenta de que todo esto ya lo había hecho y yo no necesito tocar ante 20.000 personas para disfrutar. Tocando en un ensayo yo ya disfruto, tocar con unos colegas delante de una chimenea me llena lo suficiente. Antes, cuando me tocaba trabajar como albañil, era como un castigo. «Si hago de albañil es que no puedo vivir de lo mío», me decía. Pero ahora he llegado al momento de sentirme tan satisfecho con lo que he hecho que también puedo disfrutar de hacer una chapuza de albañil. Lo mismo haciendo de instructor de paddle surf en verano.

¿De dónde sale la afición por el paddle surf?
— Me llena mucho. Es deporte, es meditación y, además, Ibiza es un paraíso para esto. Hay muchísimos lugares que descubres. Hace unos siete años que me apunté a una excursión en una empresa que se dedica a eso y terminé trabajando en ella, con Rubén Marí, que es un crack. Además, ahora he descubierto en wing foil, que es la hostia en vinagre y estoy empezando con esto.

Creativamente, ¿en qué momento se encuentra?
— Ahora estoy disfrutando mucho produciendo en el estudio. Cuando estuve viviendo en Barcelona ya hacía cosas, pero al volver a Ibiza no encontraba un sitio donde hacerme el estudio. Han pasado unos años hasta que he encontrado un lugar y he reunido el dinero para acondicionarlo todo.

¿Vivió mucho tiempo en Barcelona?
— Me fui allí a los 24 años y volví hace nueve, pero estuve en distintos lugares: Barcelona, París y Bilbao. Era mi triángulo de referencia. En París tocaba con una banda multicultural que se llamaba Circo Divino y con otra que se llamaba Never Ending Orchestra, con la que tocábamos bandas sonoras de películas con instrumentos de cuerda. Yo tocaba percusión electrónica.

¿Qué ha producido últimamente?
— Grabamos el último disco de Uncle Sal. Ahora estamos con un disco en solitario de Ferran Nogués y otro de Rob Davidson –el guitarrista de The Frigolos–, que antes de marcharse por culpa del Brexit quiso dejar algo grabado. Ahora estamos a punto de comenzar la grabación del último disco de las Poison Ivy. Con esto disfruto mucho. Pero debo reconocer que me monté el estudio para poder hacer mis ideas propias. Me encanta meter las manos en los teclados, los sintetizadores, crear atmósferas sonoras y meterme en un campo más de texturas que melódico y musical.

Música electrónica, vamos.
— Sí, pero más tirando al ambient de Brian Eno que al dance de David Guetta. Es algo más experimental.

Pero se le conoce más como músico de rock.
— Sí. Cuando volví a Ibiza, Riky [Frígolos] me lió para hacer un grupo rockabilly, pero he hecho y me gusta todo tipo de música. He tocado jazz, música folclórica de los Balcanes, música cubana, persa…

¿Con cuántos grupos ibicencos ha tocado en Ibiza?
— Seguro que me dejo alguno. A ver: Frígolos, Fuel Pressure Regulator, Keep a Rockin’, Tonto, Burning Shack, Little Jakie Paper, Lucy Sky and the Diamonds, con Joan Aldrover… Pero ahora estoy montando un grupo nuevo que se llama Cotton Cactus, con Salvatore Licitra, José David y Silvia San a la voz. Haremos un country blues rock suave, como para tocar al lado de la chimenea.

¿En qué momento está la música en directo?
— Tras el coronavirus se está viviendo una pequeña explosión. Es verdad que la pandemia se ha llevado por delante a muchas bandas. Muchas. Sin embargo, creo que está habiendo cierto resurgimiento. Pero sí que está pasando algo un poco extraño desde las administraciones. En Sant Josep hemos pasado de estar perseguidos como criminales a ser el tema principal de promoción de turismo en Fitur. Eso sí, tú vas a tocar a cualquier bar y está muy bien, pero te pagan en negro y eso se tendría que solucionar de alguna manera. Estoy seguro que, con intención, se podría solucionar.