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Manuel Huedo (El Provencio, Cuenca, 1969) regenta el restaurante Típik, en Sant Jordi desde hace siete años, pero su vida ha transcurrido entre sus dos pasiones: el fútbol y el cine.

—Nació en Cuenca, pero usted es de Ibiza de toda la vida, ¿cuándo llegó?
—Así es. Yo nací en El Provencio, el pueblo de mi madre, dónde fue a dar a luz antes de venirse a Ibiza. Mi padre ya trabajaba en Ibiza y vinimos a los 60 días de haber nacido. Como no nací aquí hay quién no me considera ibicenco y tampoco me consideran de allí por que me fui al nacer. El hecho es que he estudiado aquí, he crecido aquí y he hecho toda mi vida aquí.

—¿Dónde estudió?
—Hice el EGB en Sa Bodega, después en Santa María y acabé en el IES Isidor Macabich haciendo FP, en Blancadona, haciendo administración. Al salir estuve en distintas asesorías laborales y fiscales hasta que comencé con Elisa F., una diseñadora. Era la época en la que se informatizaban las empresas y estuve con ella diez años, viajábamos mucho.

—Es un gran aficionado al fútbol, ¿cuándo comenzó?
—Así es. Mi vecino de toda la vida en la Avenida España era José Antonio Navarro Martínez [jugó en el Villareal, el Palamós, el Ferrol]. Nos criamos juntos jugando al fútbol toda la vida, desde niños hasta que un infarto se lo llevó a los 38 años. Además, mi padre, Ramón, fue delegado del Colegio de árbitros, mi tío Juanjo y mi hermano Ramón fueron árbitros de tercera nacional. Yo ya me alisté, me apunté o me ficharon cuando tenía seis años en la Sociedad Deportiva Ibiza. Estuve allí jugando hasta alrededor de los 20 años.

—¿Qué pasó alrededor de los 20 para que lo dejara?
—A esa edad no estás muy bien amueblado, al menos yo no lo estaba. Yo jamás había sido suplente. Siempre había sido titular hasta que llegó un nuevo entrenador que priorizó a otro lateral izquierdo y me sentó varias veces. Hablé con él y pese a prometerme una serie de minutos no lo cumplió y lo dejé.

—¿Lo dejó del todo?
—Como jugador sí, no me fui a otro equipo. Pero sí que me saqué el título de entrenador, como iniciador de fútbol base y he jugado alguna liga privada de fútbol siete y fútbol sala. Hasta la fecha, que juego la liga de ‘superveteranos’ con el Restaurante de Vila. Desde que abrí el bar he tenido que dejar el entrenamiento en la escuela del insular. El día que deje la hostelería (que espero que sea más pronto que tarde) volveré a entrenar.

—Antes de abrir la cafetería tenía un videoclub. ¿Fue de los últimos de Ibiza?
—Creo que no fue el último, pero sí uno de los que cerró más tarde. Sí que fui el primero en traer las máquinas cinebank a Ibiza, teníamos en Vicente Serra, calle Aragón y avenida España. Cuando me enteré de su existencia, mi amor incondicional por el cine me llevó a apostar por eso y estuve 18 años en ese negocio.

—¿Su vida es el fútbol y el cine?
—No, son mi pasión. Mi vida es mi familia. De todo lo que he hecho en mi vida [la emoción le obliga a hacer una pausa], lo mejor son mis hijos, Lucía y Manuel, y mi mujer Paqui. Lucía es una de las personas que se fabrican pocas. No puedo estar más orgulloso de ella. Es técnica superior en Integración Social y licenciada en Educación Social y una grandísima persona. Mi hijo, con todo esto del cine ha acabado siendo actor. Estoy orgulloso de que ha acabado consiguiendo su sueño. Ha trabajado con Carmen Machi y Paco León, ahora mismo está haciendo un trabajo de doblaje para una serie de animación para HBO que todavía no se puede contar y no para. Jamás soñé tener dos hijos de esa talla.

—No solo su hijo, usted también ha hecho cosas en el cine.
—Tuve la suerte de conocer a Adrián Cardona, grandísimo director de cine y todavía mejor persona, y con él acabamos montando la productora Eskoria para darle un toque un poco más legal a las pelis que hacía y poder optar a algún tipo de subvención y esas cosas. Pero eso es muy difícil y se quedó por el camino, en cambio Adrián sigue adelante haciendo verdaderas maravillas con su talento. De hecho tenemos un guión que escribimos a medias en el cajón y que nos hemos prometido que antes o después lo llevaremos a cabo: Maestro Montero, del que ya hicimos un trailer falso y que sigue vivo.

—Su amor por el cine es evidente con las figuras que tiene en su restaurante.
—Sí. Tener una figura de una película que te gusta es como tener un pedazo de la emoción que te provocó. Tendré un par de centenares.

—Elija solo una.
—Si solo es una tardaría horas en decidirme. Probablemente elijiría las piedras de El Quinto Elemento, que es de lo primero que me compré. También tengo mucho cariño a una figura de edición limitada de Cíclope pintada a mano.

—Una película.
—Es imposible. Siempre digo que la peli que me tocó el corazón fue León, el profesional y casi a la misma altura Cadena Perpétua.

—Un equipo de fútbol
—Si he tenido dudas con las películas o las figuras, esto lo tengo más que claro: del Atlético de Madrid se nace, es como el color de mis ojos o mi altura. Es parte de mi.

—Ahora está en la hostelería, ¿está a gusto?
— Llevo siete años en la hostelería en los que hemos pasado la pandemia y ahora viene lo de la guerra. Estoy a gusto pero me encantaría poder retomar el fútbol, el cine, volver a escribir y recuperar el tiempo con mi familia. La hostelería es una esclavitud.