Beatriz Casado en su tienda erótica. | Toni Planells

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Beatriz Casado (Aranda de Duero, 1980) abrió la primera tienda erótica destinada a mujeres en Ibiza. «Una juguetería para adultos», tal como define ella misma la iniciativa que tomó hace 15 años, poco tiempo después de descubrir Ibiza.

¿Dónde nació?
—Nací en Aranda de Duero, tierra de vino y cordero (y ahora de música también con el Sonorama). Cuando tenía seis años una gran crisis de la construcción llevó a mi familia a mudarse a Madrid, a Móstoles el Soto. Eso era literalmente el más allá, es donde hacían el Festimad.

Del Aranda de Duero del Sonorama al Móstoles del Festimad para acabar en la Ibiza de las discotecas.
—Pues sí, pero no te creas que yo soy mucho de música electrónica. En el Festimad sí que llegué a saltar la valla alguna vez, pero de Ibiza la única fiesta que me gusta es La Troya. Es la única en la que los tíos te dejan en paz.

¿Qué la trajo a Ibiza?
—A Ibiza llegué en 2002 con mi mejor amiga, Pati, para desconectar de todo el rollo de la ciudad. Ese año hice mi primera temporada en el Casino, ella la hizo en El Divino. Al terminar la jornada la iba a buscar y nos tomábamos una copa viendo el amanecer. Pocos meses antes de empezar la segunda temporada murió repentinamente. Era un 15 de abril, todo pasa en abril. Me planteé no volver, pero en Madrid se me hubiera comido la mierda. Así que volví a trabajar al Casino. Esos paseos del piso al trabajo y la relación con mis compañeros y la gente me ayudaron a salir de esa depresión. Al acabar la temporada ya volvía a ser esa persona con alegría. Entonces me di cuenta de que una persona debe vivir donde es feliz, así que me focalicé en vivir aquí. Eso sí, entre temporadas me pasé seis meses en Brighton aprendiendo inglés, también me saqué el módulo de animación sociocultural.

¿De Brighton volvió a Ibiza definitivamente?
—Sí, hice una parada en Madrid para el último Festimad (que casi ni me acuerdo), y volví para trabajar en el Casino todo el año. Fueron unos años muy bonitos; daba clases de inglés a un grupo de mujeres en riesgo de exclusión social, íbamos todos los jueves a Es Racó Verd, me movía en bicicleta por todos lados... ¡Tenía unas piernacas! Además esas cervecitas post trabajo eran deliciosas. De hecho, desde allí empecé a salir con Vicente, que hoy es el padre de mis hijos, Abril y Darío, y mi compañero de vida.

¿En qué momento se le ocurrió abrir su tienda erótica?
—Viendo por televisión con mi compañera de piso, Cris, lo de las reuniones de tupper-sex, que comenzaban en España. Ella me dijo que al volver a Zaragoza pensaba dedicarse a eso para sacarse un dinero. Yo había visto una tienda preciosa en Brighton, tenía terciopelo, luces cálidas, todo súper exótico y era una tienda erótica, no un sex-shop, y pensé que algún día si montaba una tienda sería de esa manera. Así que plateé con Vicente que quería montar o bien una ludoteca, o bien una tienda erótica, y como una tienda erótica es una ludoteca para adultos, nos lanzamos.

¿Cómo se preparó para montar la tienda?
—Estuve en varias ferias, tambien me asesoraron las chicas de Los placeres de Lola en Madrid (una tienda mítica específicamente para mujeres), que me empoderaron para seguir adelante.

¿Lo organizó todo sola?
—La que aparece soy yo, pero Vicente y yo somos un tándem. Yo pensaba, se lo contaba a Vicente y él le daba forma. Él es el que siempre da forma a las ideas de mi cabeza. Desde entonces ya han pasado 15 años.

¿Por qué una tienda erótica dirigida a mujeres?
—Cuando abrimos se necesitaba una tienda erótica para mujeres. Había que diferenciarse de los sex-shop, que son más para que quienes son consumidores de porno, los que van buscando un lugar en el que masturbarse. Las mujeres necesitaban un lugar en el que sentirse cómodas y en el que poder preguntar sus dudas con tranquilidad.

¿El concepto de tienda erótica ha cambiado al de sex shop?
—La sociedad lo ha cambiado. Ahora la mujer está más empoderada y hace uso de su sexualidad. Ya no tiene miedo de hablar con sus parejas o amigas, ni de darse satisfacción.

¿Le preguntan muchas dudas? ¿Se ve en el papel de sexóloga?
—Esto es lo más cansado. Cuando la gente tiene un problema viene a buscar una varita mágica para que se lo arregle enseguida. Yo escucho y derivo, conozco a muchas profesionales. Los problemas de verdad se tratan con terapias y no se arreglan de un momento para otro, necesitan su tiempo. Lo que hago yo aquí es ayudar a diversificar la vida sexual, a hacerla más divertida y entretenida. Voy a la parte lúdica. Esto es una juguetería para adultos, aunque también tenemos productos terapéuticos.

¿Cómo viene la juventud en cuanto al sexo?
—Están liadísimos, tienen tanta información que están más confundidos. Igual que nosotros estábamos desinformados ellos están sobre informados y esas cosas confunden.

¿Qué detalles ha detectado?
—Las chicas están pendientes de estar perfectas: que no haya un pelo donde no se acepta socialmente, un cuerpo limpio e impoluto para dar placer que lleva a una sobrehigiene que se puede cargar la flora vaginal, por ejemplo. Otra cosa es que las chicas apenas tienen actividades autoplacenteras a la vez que no tienen ningún problema a la hora de entregar su cuerpo al placer de los demás.

Desde su puesto tendrá información privilegiada: ¿Cómo se folla en Ibiza?
—[Ríe] Como en todos lados. Los turistas follan mucho, pero por que no lo hacen durante todo el año [ríe]. Hay quien tiene más apetito sexual y quien tiene menos. Pero como en todos lados, al principio de la relación eres más pasional que cuando la relación se alarga en el tiempo. Hay quien no le gusta el sexo y no tiene y hay quien le encanta y no para. Porque no hay que olvidar que el sexo en solitario también es sexo.