Paca en un parque de Vila. | Toni Planells

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Francisco, Paca, Gutiérrez (Oliva, Valencia, 1964) es un personaje del paisaje de Vila que no pasa desapercibido. Llama la atención por su imagen a contracorriente. Su indumentaria femenina y su paso por el programa First Dates le han convertido, tal como se define él mismo, en «una persona peculiar».

— ¿Es usted ibicenco?
— Bueno, no nací en Ibiza. Nací en un pueblo de Valencia que se llama Oliva. Pero mi familia vino a Ibiza cuando era muy pequeño. Ni siquiera tengo recuerdos de mi infancia en Oliva.

— ¿Qué trajo a su familia a Ibiza?
— Mi padre trabajaba en una ladrillera en Oliva. Era especialista en montar los hornos y cuando montaron la fábrica en Ibiza le llamaron. Vio que en Ibiza había futuro y se trajo a toda la familia. Entonces tenía siete hijos, la pequeña, Inma, ya nació en Ibiza. Somos tres hermanos y cinco hermanas, ocho en total.

— ¿Dónde vivían?
— En una casita cerca de la fábrica. En el camino que comunica la carretera de Santa Eulària con la de Cala Llonga. Allí no había ni luz, ni agua: nos apañábamos con una cisterna y con candiles. A 200 metros de allí había unos almacenes donde montaron una especie de colegio de barrio. Cada año venía una maestra diferente, el recreo lo pasábamos en medio de la calle. Para mí era impensable un colegio como los que hay ahora.

— ¿A qué se dedica?
— A cuidar de mis padres, que están muy mayores y a cobrar del Estado. Me explico: soy pensionista por un problema en la vista. Había estado trabajando 20 años con un técnico alemán, en Ca na Negreta. Pero antes había estado, hace muchos años, trabajando en Radioelectrónica, cuando tenían los videoclubs.

— ¿Qué problema tiene en la vista?
— Un desprendimiento de retina. Me operaron y, al parecer,    me tocaron la mácula. Desde entonces tengo allí una zona borrosa que no hay forma de recuperar. En una segunda operación tuve un segundo desprendimiento de retina que me hizo perder mucha visión.    Siempre tengo que ir con mi lupa para poder ver el móvil. Por eso no puedo conducir y voy siempre en la bicicleta.

— Usted es alguien que, con su forma de vestir, va contracorriente. Hábleme de eso.
— A mí siempre me gustó la ropa de mis hermanas, lo que pasa es que antes era impensable que me pudiera vestir así. Además en los trabajos no era muy recomendable ir de esta manera. Así me tuve que esperar hasta que tuve una vida estable en la que no tenía que rendir cuentas a nadie.

— ¿Cuándo se vistió como realmente quiso por primera vez?
— En carnaval siempre me disfrazaba de mujer. Llegó un momento (ya tendría más de 40 años) que en mi tiempo libre, al salir del trabajo, ya me vestía de mujer. Recuerdo que iba al Bora Bora con mis atuendos ligeritos. Me ponía hasta peluca, pero era un follón y decidí dejarme el pelo largo. Aquí la gente joven me ha visto siempre vestido de mujer.

— Pero ha ido un poco más allá de su pelo y su atuendo: se ha operado el pecho, ¿verdad?
— Sí. Para mi ropa necesito pecho. En el momento en el que me jubilé, tenía un dinerillo ahorrado, decidí ponérmelo, para dejar de llevar esos sujetadores con relleno, que son un coñazo. Llegué a preguntar por el tema del vello y de las hormonas, pero el médico me contó que para eso había que comenzar bien joven, así que opté por operarme el pecho y ya está (y depilarme las zonas visibles, claro).

— ¿Considera que ha nacido en un cuerpo equivocado?
— No. Yo soy un hombre, me gustan las mujeres. También me gusta vestir como ellas, eso es todo. Nunca quise haber nacido en un cuerpo de mujer. De hecho no me acaba de ir mucho todo el rollo gay. Yo juego a otra cosa, simplemente paso por encima del rol masculino a la hora de vestir. Además estuve en First Dates y lo que buscaba allí era una mujer. Pedí que fuera rubia, simpática, con las tetas grandes y con la mente abierta.

— ¿La encontró?
— Bueno, esa chica tenía la mente demasiado abierta. Era muy exagerada y expresiva y no me gustó. Ella dijo que sí y yo dije que no. Quedamos como amigos, pero ni siquiera me llegó a pedir el teléfono. La segunda vez me tocó con una valenciana, en este caso ella me gustó pero yo a ella no.

— ¿Fue una buena experiencia?
— Sí. Te pagan el viaje y la comida. Luego no pagan mucho, 60 euros, pero es una experiencia. Es todo muy fácil de grabar. No te hacen decir nada, solo tienes que ser tú mismo. Cenas una hora y después haces la entrevista arriba. Es genial, lo recomendaría a todo el mundo. Ahora me gustaría que me eligieran para el del crucero, que ligues o no por lo menos estás en el barco.

— Su modo de vida, ¿le supone una dificultad a la hora de ligar?
— No, me va bien. Aunque no tengo pareja. No preciso de nadie, a no ser que me encuentre con alguien especial. Estoy libre y feliz.

— ¿Ha sufrido algún tipo de acoso por su modo de vestir?
— Alguna vez. Los chavalillos cuando van en pandilla y se envalentonan me dicen algo por la espalda. Pero nada grave y nunca a la cara. Hace tiempo que eso no me pasa.

— ¿A qué dedica su tiempo de ocio?
— Últimamente me he aficionado a los coches teledirigidos. Les hago modificaciones, los personalizo y les pongo una cámara y hago vídeos por los caminos. Tendré unos 15: un vehículo militar con su lona, un Land Rover hasta una excavadora con sus cadenas. Cuando haces los vídeos parecen reales.