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Hoy me gustaría hablar de ASERTIVIDAD, algo muy importante y muy necesario, pero, muy poco conocido.

Hay bastantes definiciones de esta palabra tan rara, pero, a mí me gusta decir que...

«La asertividad es el arte de comunicarse bien con uno mismo y con los demás»

Básicamente, consistiría en saber expresarles a los demás nuestros deseos y necesidades, haciéndonos respetar y, a su vez, respetando los deseos y necesidades de la otra persona.

Necesitamos poder expresar nuestros deseos y necesidades más profundos con franqueza y honestidad y ser coherentes con nuestros sentimientos, con nuestras emociones, con nuestros valores esenciales. Porque, si no lo hacemos, si negamos lo que pensamos o sentimos y actuamos en contra de nosotros mismos, nos negamos como personas, nos auto-anulamos. Y, si no somos capaces de respetarnos a nosotros mismos, nadie más lo hará. Y ello, atenta gravemente contra nuestra autoestima.

Pero, por supuesto, la otra persona también tiene sus propias necesidades y también le afecta lo que podamos decirle. Al expresar nuestras críticas, quejas o desacuerdos, también necesitamos hacerlo de forma respetuosa, teniendo en cuenta al otro y sin herir, ni hacer daño gratuitamente.

Es vital saber comunicarnos asertivamente, no solo para sentirnos bien con nosotros mismos, sino también para construir relaciones valiosas, sanas y sinceras. La mayoría de los problemas de convivencia importantes, tienen que ver con cómo nos comunicamos. Pero, nadie nos ha enseñado como se hace. No es algo que se aprenda en la escuela.

La buena noticia es que se puede aprender a comunicar bien. Se puede aprender a expresar una queja o un desacuerdo, sin herir, sin ofender a la otra parte y, manteniendo nuestra integridad intacta. Y, para hacerlo, basta seguir unas pocas claves muy claras y simples.

Los estilos comunicativos:

La forma de comunicarnos, básicamente, se mueve en un continuo que iría, de un extremo a otro. De manera que, en uno de los extremos, estaría el estilo de comunicación agresivo, en el extremo opuesto el pasivo y en el centro, justo en el punto de equilibrio, el estilo asertivo.

Estilo agresivo:

Es la forma de comunicarse que utilizarían las personas que se ponen por encima de las demás, no tienen en cuenta las necesidades del otro y siempre imponen su propio criterio a la fuerza y de forma agresiva. En su mente está primero la palabra «YO» y en su mentalidad está la idea de «YO GANO-TÚ PIERDES».

Estilo pasivo:

Consiste justamente en todo lo contrario. Representa a las personas que actúan de forma pasiva frente a las exigencias de las demás que, como no puede ser de otra manera, suelen ser las personas que se comunican de forma agresiva. Se suelen infravalorar, no tienen en cuenta sus propios deseos y necesidades y siempre acaban cediendo frente a los otros. Por ese motivo, lo más importante para ellos es «TÚ», (es decir, el otro), ignorándose a sí mismas, y se mueven con la idea de «TÚ GANAS-YO PIERDO».

Estilo asertivo:

Justo en el centro de ese continuo y en equilibrio entre los dos estilos anteriores, se encontraría el estilo asertivo. Las personas asertivas, no imponen sus criterios a las demás, pero, tampoco permiten que los demás les impongan sus propios criterios. Saben valorar equitativamente tanto sus propios intereses, como los de los demás, por lo que su palabra representativa sería «NOSOTROS» (»TÚ + YO») y se mueven bajo la mentalidad «YO GANO-TÚ GANAS». Por ese motivo, esta sería la forma de comunicación más adecuada, equilibrada y justa de las tres, y la que debería imperar para conseguir relaciones respetuosas, armoniosas y felices.

Nadie es al 100% pasivo, agresivo o asertivo el 100% del tiempo, sino que solemos alternarnos entre uno u otro estilo, dependiendo de las circunstancias, la situación, con quien nos estemos comunicando, etc.

Los seis pasos para una comunicación asertiva:

Para manifestar una queja o desacuerdo de forma asertiva, protegiéndonos a nosotros mismos, expresando lo que sentimos, y sin herir a la otra persona, podemos seguir los siguientes pasos:

1. Mostrar el hecho objetivo sin juicios ni críticas.

2. Expresar con sinceridad cómo nos sentimos por estos hechos que han ocurrido y cómo nos afectan.

3. Ponernos en el lugar del otro, comprendiéndole.

4. Hacer una propuesta, pidiendo lo que nos gustaría y preguntando qué le gustaría a la otra parte. Buscar un equilibrio en el que ambas partes ganen.

5. Negociar. Escuchar también la propuesta del otro y decidir juntos cuál es más conveniente para ambas partes.

6. Indicar claramente de mutuo acuerdo qué pasará si alguna de las partes no cumple el acuerdo y comprometerse a cumplirlo.

Y ahora que ya sabes cómo hacerlo, ¿qué te parece si practicamos?