Bomberos | Vicente Rabanal se jubila tres décadas después de su primer servicio

«Lo mejor ante un aviso es ponerse en lo peor»

| | Eivissa |

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En la imagen, Vicente Rabanal dos días antes de jubilarse y en su última guardia de Nochevieja. Foto: DANIEL ESPINOSA.

En la imagen, Vicente Rabanal dos días antes de jubilarse y en su última guardia de Nochevieja. Foto: DANIEL ESPINOSA.

DANIEL ESPINOSA

Vicente Rabanal llegó en 1981 a Ibiza con la intención de quedarse un mes en la isla, pero desde entonces han pasado ya más de tres décadas. «Yo era Guardia Civil y vine para hacer un curso del Grupo de Acción Rápida que duraba un mes y cuando vi lo que era no me interesó», explica. Aún así, decidió quedarse aquí y buscar su sitio en algo que le llenara. «La verdad es que nunca pensé que iba a trabajar como bombero, pero tenía un amigo que me hablaba de lo que hacían y pensé que seguro que era mejor de lo que tenía en ese momento», dice al tiempo que añade que aprobó la oposición y «tuve la suerte de empezar a ser bombero». Además, «apareció la rubia», dice refiriéndose a su mujer y ya no se le pasó por la cabeza la idea de volver a Herrera de Pisuerga, en Palencia, su localidad natal.

Este pasado 1 de enero colgó definitivamente el casco y las botas después de 31 años al servicio del cuerpo de bomberos de Ibiza. «La sensación de abandonar el parque fue fatal; no me gustó», cuenta. Rabanal también explica que su profesión le ha ayudado a superar algunos de sus miedos. «Al principio temía a los accidentes de tráfico, a sacar cadáveres o a ver gente mutilada... lo evitaba siempre que podía, pero al final tuve que hacer de tripas corazón y superar esa dificultad». Al final era parte de su trabajo y él sabía que ser bombero le compensaba con otras cosas. «Pertenecí al Grupo de Rescate Vertical y me acuerdo de un rescate en concreto. Un hombre se precipitó en un sitio muy escondido al que no sabemos cómo llegó y consiguió hacer una llamada de emergencia. Se levantó mala mar y se dificultó el rescate», señala. «Empezamos de madrugada y se nos hizo de día; no sé cuántas horas estuvimos allí. Fue un rescate muy trabajoso, pero muy satisfactorio». Lo más bonito de esta historia es que, unos días después, el hombre fue de visita al parque y «vimos cómo había salvado su vida».

No solo rescatar a personas le hace pensar que su trabajo merece la pena sino que también recuerda con cariño los rescates de animales. «Cuando ayudas a perros que están, por ejemplo, en un pozo ves que ellos saben que les has hecho un bien. Con los gatos ya es diferente. Yo los temía porque son muy difíciles de coger. Los perros hacen lo imposible para que los rescates», explica.

Vicente Rabanal ha estado ejerciendo en la pitiusa mayor desde que tenía 29 años y asegura que en ningún momento ha tenido problemas al recibir un aviso de un incendio. «La verdad es que nunca me ha dado miedo entrar a sitios calcinados, con mucho calor o con llamas», especifica, «lo contrario de lo que me ha podido pasar en otro tipo de situaciones».

Su último servicio coincidió con las últimas horas de 2017 y las primeras de 2018. «No era la primera vez que trabajaba en Nochevieja, pero esta vez fue una guardia muy emotiva, demasiado», cuenta con cariño y, quizás, ya con nostalgia. «La noche fue tranquila y ¡menos mal! Estábamos sin gente al haber compañeros de baja por la gripe y pensábamos: ‘¡uy como pase algo!’». Una noche que transcurrió con calma, aunque con una llamada que les alertó. «Nos dijeron que sospechaban de una persona que se podía haber suicidado. Cuando llegamos allí ya había subido la Policía Municipal al piso y nos dijeron que no había nadie». Por eso siempre dice que «lo mejor ante un aviso es ponerse en lo peor».

Éste será su último recuerdo en el trabajo, aunque no se olvida del momento en el que dijo en su casa que quería dedicarse a ello. «Cuando conté que iba a ser bombero a mi familia no le gustó mucho. Lo veían muy peligroso, pero yo quería eso y renunciar a mi antigua profesión. Con el paso del tiempo vieron que yo estaba contento y eso era lo importante», recuerda. También hace un guiño a su hija. «Cuando era pequeña le dije que tenía que ser bombera; ya ni se acordará de aquella conversación, pero yo me acuerdo de la mala cara que puso», cuenta entre risas.

Este palentino se considera un ibicenco más que supo, desde el primer momento que llegó a la isla, que no se iba a mover más. «La calidad de vida es muy cara, pero es buena. Me gusta la gente, es introvertida y te permiten adaptarte sin problemas. De hecho, yo nunca he tenido ninguno, ni siquiera con el idioma. Nunca me ha hecho falta aprenderlo porque nunca me han apartado por ello».

Ahora va a dedicar su tiempo a cuidar su casa, el jardín y el huerto. «También quiero ir en bicicleta por salud y encontrar actividades para pasar el tiempo», dice mientras añade que «con eso ya tengo bastante».

Querido por sus compañeros

Bruno Roig, cabo jefe de turno, ha estado 31 años trabajando codo a codo con Rabanal. «Es una persona un poco aprensiva con el tema del sufrimiento de las personas, pero lo ha sabido sobrellevar y ha hecho su trabajo como el que más. A parte de las guardias, siempre ha estado disponible de retén», explica.

Juntos han vivido más salidas de las que recuerdan, como el crimen de Benimussa, y han pasado de la euforia a la tristeza en segundos. «Si consigues sacar a alguien con vida, vale, pero muchas veces no puedes hacer más de lo que has hecho y eso te marca bastante».

EL DETALLE

Casi el 50% de la plantilla del parque se jubilará en cuestión de dos años

€La plantilla del parque de bomberos de Ibiza consta, a día de hoy, de 38 efectivos de los cuales «16 se van a jubilar en cuestión de año y medio o dos años». Así lo explica el cabo Bruno Roig que califica la situación de «problemática».

«Lo suyo es que hubiese habido una transición y que hubiesen coincidido los viejos con los más jóvenes», explica ante un hecho que, dice, es sabido desde hace años. En este sentido, explica que en 30 años solo se han hecho dos oposiciones y, por ello, «la media de edad de la plantilla está en los 49 años». Roig, que lleva ejerciendo desde los 21 años, es consciente de que la plantilla «envejece» y dice que «en mi época los que entrábamos teníamos veintipico años y ahora, salvo alguna excepción, tienen 30 largos».

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