III Congreso Vívete

Juan Pablo Escobar: «El valiente es el que no consume drogas»

Las ponencias del III Congreso Vívete cautivan a dos millares de adolescentes de las Pitiusas.

| Eivissa |

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Momento de la conferencia de Juan Pablo Escobar, ayer.

Momento de la conferencia de Juan Pablo Escobar, ayer.

DANIEL ESPINOSA

Caras de atención, silencio, respeto. Conseguir esa actitud de 2.000 adolescentes es todo un logro que ayer pudo verse en el Recinto Ferial de Ibiza. La artista y ganadora de ‘La Voz’ Miriam Fernández, el arquitecto Juan Pablo Escobar y la periodista Irene Villa, atraparon a la joven audiencia de varios institutos de la isla que llenó el recinto por el III Congreso Vívete sobre inteligencia emocional, organizado por el Consell d’Eivissa con la colaboración de todos los ayuntamientos de la isla y el Consell de Formentera.

El evento se dividió en dos sesiones con una aforo de 1.000 personas. En la primera intervinieron Miriam Fernández y Juan Pablo Escobar, la segunda contó también con la ponencia de Irene Villa.

Miriam
La primera ponente en subir al escenario fue Miriam Fernández. Cantante y actriz, Miriam sufrió una parálisis cerebral al nacer que los médicos decían que le impediría andar e incluso hablar. Ayer subió los escalones que daban a la tarima. Contó con la ayuda de «dos chicos guapetones». Ventajas de necesitar un apoyo.

Miriam sonríe a la vida y ha convertido sus limitaciones físicas en su fortaleza. Su llegada a este mundo ya fue difícil, sus padres eran adolescentes y su cerebro se quedó sin oxígeno por dificultades en el parto. Dice estar muy agradecida a sus padres biológicos. Primero por dejarla nacer a pesar de la edad que tenían. Segundo por tener la «generosidad» de darla en adopción.

La adoptó un matrimonio mayor que tenía siete hijos. Una gran familia que se empeñó en que aprendiera a caminar y enseñarle a sonreír. A base de juegos y triquiñuelas consiguieron que andara. Su día a día era divertido entre sus hermanos. Pero la felicidad es difícil de alcanzar cuando en clase todos se burlan de ti, te maltratan y te humillan por ser diferente. Llegó a odiar el colegio, a levantarse de la cama y desear que llegara la hora de volver a la habitación.

Con apenas diez años, en la soledad de su habitación en la que actuaba para sus muñecos para huir del mundo, se dio cuenta de una cosa: «si tú no sonríes, si no te aceptas a ti misma, ¿cómo pretendes que los demás lo hagan?».

Sus compañeros no iban a cambiar, así que el cambio corría de su cuenta. «Decidí aceptarme, entender que las consecuencias de mi parálisis cerebral eran una circunstancia más, no algo que me identifique y acapare toda mi vida y ser feliz».

En ese momento el «por qué» se convirtió en un «para qué». «El por qué no sirve de nada, sin embargo cuando nos planteamos para qué soy así, todo adquiere sentido».

Este cambio de actitud le llevó a empezar a tener amigos, a aprender a reírse de sí misma, a dedicarse a la natación y ganar varios campeonatos de España y a sacrificar el deporte por dedicarse a la música. Ganó la segunda edición de ‘La voz’ y hoy es cantante, actriz y profesora de interpretación para personas con discapacidad.

«A mí la sonrisa me cambió la vida y espero que vosotros dejéis que vuestra sonrisa cambie el mundo pero que el mundo no cambie vuestra sonrisa». Aplauso, público en pie y algunos pañuelos secando lágrimas.

Juan Pablo

El apellido de su padre despertó un aplauso general entre la audiencia. Escobar. Todos conocen la serie ‘Narcos’. El padre de Juan Pablo, Pablo Escobar, se ha convertido en un referente. Un ídolo. Él vino ayer a hacer caer el mito. A bajar a los jóvenes a la realidad de un delincuente que «secuestró, torturó y asesinó a mucha gente».

Su foto en la pantalla gigante volvió a suscitar aplausos. «Plata o plomo» le comentaba un chico a su amigo entre risas. «Les pediría mucho respeto y que en todo caso el aplauso se lo den a sus víctimas, no a él», corrigió la actitud de la audiencia, que volvió a aplaudir.

Arquitecto de profesión, Juan Pablo se cambió el nombre y los apellidos a los 16 años y pasó a llamarse Juan Sebastián Marroquín. El apellido de su padre era un estigma que le cerraba las puertas a huir de la violencia en su país.

En su casa lo tuvieron todo: aviones, helicópteros, casas, un zoo con más de mil animales salvajes. Pero la riqueza no les alejaba de la sombra del narcotráfico. Su padre se pasó gran parte de su vida huyendo, «apenas pudo disfrutar de lo que consiguió» y puso en peligro a su familia, a pesar de que «hizo una gran labor como padre».

«La vida de mi padre y mi familia no fue como la pinta Netflix», insistió un par de veces. El equipo preferido de su padre era el Deportivo Independiente Medellín, no el Atlético Nacional, comentó a modo de anécdota.

El narcoterrorismo, que nació con su padre, le ha llevado a convertirse en un hombre de paz. Da charlas por todo el mundo para destapar la auténtica cara del narcotráfico, que a veces quiere limpiar su imagen destinando fortunas a caridad con dinero «manchado de sangre».

Sobre las drogas, da el mensaje que le hizo llegar su padre, «valiente es el que no las consume».

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