Ayer se registraron más de 200 vuelos de llegada a la isla. | Irene Arango

4

«Vuelos habrá los mismos, pero vienen medio llenos». Es la impresión que tiene Diego Talavera, conductor de autobús, que ayer esperaba a los pasajeros de un touroperador en el aeropuerto de Ibiza. «Sí, pero de hacer viajes no paramos», replicaba a su lado Florin, también conductor profesional. Con percepciones distintas, coincidían en lo mismo, los que vienen lo hacen menos días. Eso significa más viajes y más trabajo para los conductores, pero menos noches para los hoteles.

Frente a la puerta de salida de la sala de recogida de equipajes, ambos ofrecían una muestra de la realidad de este verano. Una época de altibajos. Florin conduce una VTC e indica que en julio fue un mes de bastante actividad, más a final de junio y principio de julio, concretaba. La perspectiva es que en agosto se mantenga, «pero ahora mismo la situación es impredecible». La pandemia ha enseñado a vivir en la incertidumbre.

Para Diego también hubo trabajo, «pero el autobús iba siempre medio lleno». Por eso explica, con conocimiento de causa, que este año todavía es a medio gas, recordando los autobuses llenos de gente que conducía en 2019. «Aún así nos podemos dar con un canto en los dientes, yo me temía que en julio nos encerraban», explicaba.

El aeropuerto de Ibiza registró en la jornada de ayer 436 vuelos entre despegues y aterrizajes, una cifra superior a la del mismo día de 2019, cuando hubo 419. La gran cantidad de vuelos se reflejaba en las ristras de taxis que llegaban de manera continuada. La actividad era tanta que, en la fila de la parada, esperaban taxis de todos los municipios con sus franjas de cada color, a pesar de que los del municipio de Sant Josep tienen preferencia en estos servicios.

Noelia, en un taxi con el escudo de Santa Eulària, contaba cinco viajes al aeropuerto entre las 6 y las 10 de la mañana. «Sobre todo los fines de semana es un ir y venir. La actividad es la misma que en 2019», afirmaba.

Mucha actividad, pero menos pasajeros. Una realidad que identifican mejor las empresas de transporte colectivo. Vicente Ribas, de Ibizatours, daba fe de ello. «Ha sido un julio flojo, con muchos altibajos y la perspectiva para agosto sigue siendo incierta. Parece que recuperaremos al turismo holandés, que vuelve a operar, pero ya veremos».

Incertidumbre. La situación en Baleares llevó a los gobiernos Belga u Holandés a recomendar a sus nacionales que limitaran sus viajes a las Islas. El gobierno británico estuvo a punto esta semana de ponernos la luz roja de su semáforo.

«Hemos mantenido la conectividad tanto aérea como marítima», celebraba el director insular de turismo, Juan Miguel Costa, «que era lo fundamental para que vinieran turistas. Los vuelos no vienen tan llenos como en 2019, pero las frecuencias son incluso superiores».

Para Costa la expectativa para el turismo debe ser optimista. A pesar del impacto de la quinta ola en Ibiza, apunta que la presión hospitalaria está lejos de ser la de la tercera, cuando las Pitiusas llegaron a cerrar la entrada de viajeros. «La plantilla hotelera está abierta en torno al 70% con una ocupación buena. Vivienda vacacional tiene una ocupación elevada y veremos a ver si lo mantenemos en el mes de agosto», informó, siempre con la coletilla cautelosa de que la situación del turismo en pandemia va «día a día» y que cualquier noticia puede dar al traste con la actividad.

En 2021 todavía se presenta un agosto atípico.