El presidente de la Autoridad Portuaria de Baleares, Francesc Antich, en una imagen de archivo. | Pere Bota

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El pasado 26 de septiembre, el socialista Francesc Antich cumplió un año como presidente de la Autoridad Portuaria de las Baleares (APB). 365 días que se han caracterizado por utilizar la táctica de la avestruz ante los numerosos escándalos que han sacudido a la entidad en este tiempo, aunque todos ellos heredados de etapas anteriores.

En este tiempo, Periódico de Ibiza y Formentera le pidió a su gabinete de comunicación una entrevista en dos ocasiones. La primera vez fue en pleno apogeo de las investigaciones de este rotativo sobre las presuntas irregularidades del puerto de Ibiza, entrevista que fue denegada al instante; la otra, hace pocas semanas con motivo del primer año de Antich en el cargo, a la que la Autoridad Portuaria ni siquiera ha contestado a día de hoy.

Hasta el momento, su etapa al frente del ente portuario está siendo muy activa en cuanto a los cambios internos. En su afán por deshacerse de todo lo que le pudiera relacionar con la anterior etapa de la APB, bajo la presidencia de Joan Gual de Torrella y plagada de escándalos y corruptelas, Antich destituyó al director del ente portuario, Juan Carlos Plaza, que había sido detenido e imputado en una operación de la Fiscalía Anticorrupción y la Guardia Civil contra la cúpula de la Autoridad Portuaria.

Tras la designación de Jorge Nasarre como nuevo director, el político socialista remodeló también el consejo de administración con la incorporación de José Antonio Morillo como representante de Puertos del Estado y María Cristina García como representante de la Abogacía del Estado.

En el aspecto más operativo de la entidad, Francesc Antich planteó una estrategia centrada en cinco líneas centrales y transversales: la excelencia en los servicios de transporte de pasajeros y mercancías; el refuerzo de la interrelación entre el puerto y la ciudad; la contribución al desarrollo económico de la comunidad; asumir el liderazgo en la preservación del medio ambiente, la sostenibilidad y la responsabilidad social corporativam y la apuesta por la innovación y las nuevas tecnologías.

Para alcanzar estos objetivos a largo plazo, la APB está desarrollando numerosos proyectos de reducción de la huella carbónica, uso de hidrógeno en las estaciones marítimas, impulso de las energías renovables en las estaciones, sensores de vigilancia de la calidad del aire y puntos de recargas eléctricos, entre otros, orientados a la consecución de puertos verdes e inteligentes. Además, su intención es llevar a cabo reformas de los puertos de Palma, Mahón, Ibiza y La Savina, y en el Muelle de Alcúdia.

No acierta con las medidas para reducir frecuencias
Uno de los principales handicaps que ha afrontado Francesc Antich durante su primer año al frente de la Autoridad Portuaria es tratar de cumplir el acuerdo que alcanzó hace dos años el organismo que preside con el Consell de Formentera y las navieras para reducir un 30 % el tráfico comercial entre las Pitiusas.

Muy lejos de lograr este objetivo, el tráfico marítimo se ha visto aumentado esta temporada con la incorporación de una nueva naviera en la ruta de es Freus. Además, la instrucción que impulsó para prohibir la ejecución de maniobras simultáneas de embarcaciones comerciales en los puertos de Ibiza y Formentera ha sido muy criticada por diferentes sectores. Desde el Consell de la pitiusa del sur dudan de que esta medida suponga una mejora en cuanto al exceso de idas y venidas de barcos en el entorno del Parque Natural de Ses Salines, que era uno de los objetivos de la misma.

La patronal náutica, por su parte, considera que esto sólo provoca aglomeraciones en las bocanas de los puertos.