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Con rimas sobre su nombre y bromas con el pianista argentino Marcelo Arnal empezó ayer su actuación en Ibiza el conocido cuentacuentos catalán Xavi Demelo. Con ello prácticamente se ganó la complicidad del auditorio de Can Ventosa, que se llenó para disfrutar de una doble sesión de historias «para niños mayores de seis años», como advirtió el trovador al principio de su discurso.

Alrededor de un centenar de niños escucharon expectantes –en ocasiones impactados por las rarezas, en el buen sentido de la palabra, contadas por Demelo– e interactuaron con el artista, quien, durante la hora y media de su espectáculo en cada turno, tuvo tiempo de bajar del escenario y mezclarse con la gente que le prestaba atención, asombrada con sus palabras, como hipnotizados por esas mágicas historias.

Cuatro cuentos componían el programa de Demelo. Todos ellos iban acompañados por el piano de Arnal, que sonaba fluido y acompasaba las palabras del catalán, a veces con melodías reconocibles. Además, cada historia estaba dedicada a un personaje diferente, y siempre con un mensaje de fondo de connotaciones positivas y fraternales. Todos ello con un trasfondo mágico, o con circunstancias inexplicables por lo natural.

Así, el primer cuento, dedicado a la pintora mexicana Frida Kahlo –de quien Demelo dijo, por cierto, que había inventado el selfie–, hablaba de una pócima de amor eterno para Toro Bravo y Noche Alta, y de capturas de un águila y un halcón.

El segundo, introducido por la figura de la cantante estadounidense de jazz y blues conocida como Nina Simone, hablaba de una teixidora que hacía salir el sol cuando tejía y que, aún más, era capaz de hacer realidad todo cuanto tejía, hasta incluso un marido. En este cuento, la tejedora acaba descubriendo que «mejor sola que mal acompañada» y deshace todo cuanto había tejido hasta verse de vuelta en la primera casa y el sol saliendo de nuevo frente a su ventana.

El tercer cuento, dedicado a Yoko Ono, esposa de John Lennon, trató de la triste historia entre un árbol y un niño que lo desprecia cuando se hace mayor, conforme va pasando el tiempo. Al piano sonaba entonces Imagine, la icónica canción del ex Beatle.

El último contó la curiosa peripecia de un payés ayudando a cruzar un río a una abuela para encontrar al otro lado a sus dos nietas, a quienes pretendía cambiar sus nombres.