Palma Pilar Pellicer -El Periodico de Ibiza- Entrevista al conseller Miquel Mir a Medi Ambient

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El conseller balear de Medio Ambiente y Territorio asegura sentir una «empatía total» hacia los vecinos de Vila que, semana tras semana, sufren los efectos de los vertidos que se registran en la zona de sa Llavanera. Miquel Mir (Campanet, 1985) aprovecha para cargar contra anteriores gobernantes por la falta de gestión en materia de depuración y recuerda cómo el canon de saneamiento, entre 2011 y 2015, no destinó ni un solo euro a las depuradoras de Baleares.

—A estas alturas de legislatura, ¿qué balance puede hacer de la gestión realizada en su Conselleria?
—Creo que es notablemente positivo, con avances muy importantes en la conservación del medio ambiente en nuestras islas. Las Baleares han sido pioneras y así ha quedado reflejado en muchos foros nacionales e internacionales, en aspectos que tienen hoy en día una relevancia importante. Primero, sin duda, situaría los avances y la gestión que se han realizado en conservación marina y, muy concretamente, en el cuidado de la posidonia oceánica. Empezamos con muchas reticencias y no fue un camino fácil. Comenzamos con la aprobación de un decreto y con la articulación de un servicio que hoy en día todavía es pionero en el mundo, como es la asistencia a la vigilancia de la posidonia que durante los meses de verano cuenta con unas 15 embarcaciones y que realiza labores informativas y de concienciación y protección. Hemos hecho además en Mallorca una prueba piloto única en el mundo consistente en sembrar por primera vez posidonia oceánica en el fondo marino para regenerar una zona que había quedado degradada. Ahora hemos visto cómo la Comunidad Valenciana replicará el decreto y el servicio con el que contamos, y Cataluña sigue en la misma dirección. Son hechos importantes.

—La ley de residuos habrá supuesto también un cambio importante.
—Ha marcado un antes y un después en la gestión y, sobre todo, en el horizonte de esta gestión en Baleares. Nos hemos adelantado al Estado, que ahora tiene su ley en el Senado, e incluso a las directivas europeas. Cuando se aprobó, muchos colectivos y partidos políticos nos tildaban de ilusos o de irreales. Hoy en día es una ley que se está aplicando y ha logrado cambiar patrones de consumos y de gestión de residuos, aunque muchos pensaban que no sería posible. Queda camino por recorrer, pero es un logro muy importante. Pero en el balance también me gustaría destacar el aumento de la protección del territorio en Baleares. Desde el 2015 se han protegido más de 100.000 hectáreas marinas y terrestres. Además, en esta legislatura se han ido aprobando los mecanismos de planificación de estos espacios naturales protegidos. En las Pitiusas contamos con uno muy significativo: el plan de gestión Xarxa Natura de Formentera. También es un hecho destacable en la política de esta Conselleria.

—Cerca del torrente de Sa Llavanera se registran continuos vertidos de fecales, ¿qué les diría a los vecinos afectados?
—Ante todo y en relación a los vecinos: empatía total. No me tiembla la voz al afirmarlo. Cuando hay un problema, debemos abordar la solución e implantar mecanismos para solventarlo. Haciendo un poco de cronología, en esta Conselleria iniciamos hace dos años un informe sobre el estado de la depuración en Baleares. En el caso de Ibiza, en 2020 existían cuatro depuradoras de un total de nueve que no cumplían las directivas europeas. Así, desde la Agencia balear del Agua (Abaqua) realizamos un plan de choque con inversiones extraordinarias para paliar estos problemas y ello nos ha permitido contar en la actualidad con una sola depuradora que no cumple esos parámetros: la conocida como depuradora de Vila que, más allá de su topónimo, absorbe las aguas de Ibiza, Sant Antoni y Santa Eulària. Además, estuvo literalmente abandonada durante años. Dicho esto, la solución definitiva está clarísima y es la construcción por parte del Estado de la nueva depuradora.

—Pero, ¿no hay entonces una fecha exacta para su puesta en marcha?
—Cuando llegué en 2016 a la Dirección General, ya escuchaba decir que se tenía que inaugurar y, hoy en día, no lo está. Que el Estado, por los motivos que sean, todavía no haya puesto en funcionamiento la depuradora, es una muestra de la falta de implicación y eficiencia que el Gobierno español ha tenido históricamente hacia las Baleares, también el Ejecutivo actual. Es la muestra perfecta. La depuradora está hecha, pero sorprendentemente el Consell d´Eivissa encontró unos restos arqueológicos que, sí o sí, debían suponer el parón de las canalizaciones que faltaban para poner la depuradora en marcha y ha sido un contratiempo que nadie esperaba. La información que tengo es que el Consell ha aceptado el plan sobre los restos presentados por el Ministerio y esperemos que ello suponga reactivar de forma definitiva las obras. Este conseller lleva desde el 2019 con infinitas reuniones tanto con el Consell como con el Ministerio, con multitud de cartas mandadas a ambos para que se desbloqueara el proyecto. Si no recuerdo mal, el secretario de Estado aseguró que estaría para 2023.

—¿El Consell ha actuado entonces de manera equivocada?
—No soy técnico y no lo cuestiono, pero sí digo que cuando esta depuradora había pasado toda la tramitación sustantiva y ambiental, surgió un problema por parte del Consell en relación a temas arqueológicos. A mí me sorprendió, pero no soy técnico y respeto las prescripciones técnicas, aunque esta objeción del Consell ha supuesto un retraso en la depuradora.

—Siempre afirman también que, para evitar los vertidos, debe completarse la separación de redes pluviales de las fecales.
—La solución pasa por la nueva depuradora, pero hay algo que no podemos olvidar. Las depuradoras son estaciones de depuración y se nutren de agua que les llega de las redes de alcantarillado. Hablamos mucho de estas depuradoras, pero muy poco de estas redes y de la calidad del agua que nos llega. Esta legislatura se ha puesto en marcha una comisión de seguimiento entre Abaqua y los municipios de Ibiza, Sant Antoni y Santa Eulària, para trabajar conjuntamente y encontrar las soluciones necesarias según las competencias de cada uno. Podemos hacer inversiones en depuradoras, pero si el agua que llega de estas redes no cumple unos niveles de calidad, tendremos problemas para que estos procesos de depuración sean buenos. Me sabe mal decirlo, pero los problemas tampoco se solucionarán hasta que la separación de las redes de pluviales y fecales de los distintos municipios termine de llevarse a cabo. Hay municipios como Vila que trabaja en un plan de separación de fecales y pluviales muy ambicioso y está ejecutando obras en el colector de Can Murtera, cofinanciadas por el Govern, que ayudarán a reducir la presión sobre el tanque de tormentas.

—¿La zona de cuarentenas para mercancías en el puerto de Ibiza será la solución definitiva a la invasión de serpientes?
—Definitiva no, pero será importante. Autoridad Portuaria tramita el Plan Especial del Puerto de Ibiza. En la Conselleria nos hemos reunido en el último año hasta en cuatro ocasiones con APB y con el Ministerio y hemos pedido que este Plan contemple esta zona de cuarentenas. Como administración, esperamos que el proyecto salga a exposición pública y entonces nos fijaremos en si se incluye esta zona. Si no es así, realizaremos las alegaciones para contar con ella. El plan de choque del Govern contra las serpientes empezó en 2016 y, de alguna manera, lo iniciamos con la convicción de que podíamos alterar estas poblaciones. Además, hay que pensar que en las Pitiusas las serpientes se detectaron por primera vez en 2004 y políticamente nunca se optó por actuar por parte del Govern o de los Consells.

—Se han capturado miles en estos años.
—Desde el 2016 se han capturado unas 8.300 serpientes. Si en 2004 se hubiera comenzado a actuar, posiblemente hoy en día no hablaríamos de esta problemática. Sólo el pasado año se capturaron en Ibiza 1.100 ofidios - un récord- y en Formentera, 700. Además, en Ibiza hemos pasado de una a ocho personas dedicadas a la lucha contra los ofidios y esto lo ha hecho la Conselleria de Medio Ambiente y Territorio. Es la única administración que, de alguna manera, está trabajando en ello. Hemos pasado de 300 jaulas en 2016 a más de 2.000. Lo definitivo sería que el Estado dé alguna solución en materia de bioseguridad al transporte de árboles ornamentales y es algo que estamos pidiendo desde el año 2016.


—¿Hay cabras ahora mismo en Es Vedrà después de una última intervención en 2020?
—Lo único que me llega es que la floración de la biodiversidad está siendo espectacular. No hemos tenido ninguna otra incidencia. Es Vedrà es un espacio natural protegido y, obviamente, la obligación del Govern en cuanto a gestión y conservación de este lugar nos requería salvar y proteger toda la flora ya que hay algunas especies endémicas que sólo están en el islote. Hablamos de una grandísima responsabilidad desde el punto de vista de la conservación. Se realizan seguimientos, y no sólo por parte del personal técnico, sino por parte de grupos de investigación de universidades muy prestigiosas y la regeneración florística de Es Vedrà desde que no hay estos seres vivos es sencillamente espectacular.

—Las reservas hídricas en Baleares están al 59%. ¿Es preocupante la situación de cara al verano?
—Más allá de estos datos que han bajado tres puntos en comparación con 2021, diría que la situación es preocupante. No dejamos de tener signos de los efectos que el cambio climático está dejando en nuestro territorio de manera tácita. Si me permiten la expresión, el 2022 será un año notablemente pedagógico en este asunto. Las Baleares tuvieron un mes de noviembre positivo en cuanto a precipitaciones. En Mallorca, por ejemplo, llovió de manera continuada 27 días, lo cual fue muy bueno para las reservas hídricas. Desde noviembre, sin embargo, casi no ha llovido. La situación es preocupante por el contexto de emergencia climática y por la geolocalización de las Baleares. Esto no lo dice el conseller de Medio Ambiente, sino cuerpos académicos y científicos. La zona mediterránea será uno de los puntos más calientes por este cambio climático. Por lo tanto, la gestión y racionalización de los recursos hídricos pasa a ser una pieza capital y estructural. La suficiencia hídrica, muy importante en Ibiza, ha de pasar a ser un elemento fundamental a la hora de articular cualquier planificación territorial y lo debemos asumir. Hablando de esa suficiencia, es momento de replantear el futuro de las islas, su capacidad de carga o la necesidad de contención y decrecimiento.