Marina Rossell, en una imagen promocional.

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La cantautora Marina Rossell i Figueras (Castellet y Gornal, Barcelona, 1954) regresa el domingo a las 19.00 horas al Espai Cultural Can Ventosa de Ibiza para presentar su último trabajo 300 crits dentro del Festival Barnasants Illes Balears. Un disco, el número 25 de su trayectoria, que llega tras Cançons de la resistència y con temas que remueven el espíritu gracias a versiones adaptadas al catalán como Sous le ciel de Paris (Sota el cel de París), Avec le temps (El temps se’n va), J’attendrai (Jo t’esperaré) o Je ne regrette rien (No me’n penedeixo de res) de Edith Piaf… junto a canciones propias que suenan casi a confesión personal como Guardo el dubte, Morir d’un llamp o 300 crits.

— El domingo regresa a Ibiza a presentar disco. Habrá perdido ya las cuentas de las veces que ha actuado en la isla.
—Es cierto. Ibiza y Formentera son dos lugares muy especiales para mí porque suelo ir bastante siempre que el tiempo me lo permite. Me encantan porque he tenido la suerte de descubrir la otra Ibiza, esa que no sale en las guías y que no tanta gente conoce.

— ¿En Can Ventosa ha actuado ya alguna vez?
—Sí. En este caso además me hace especial ilusión por la historia que tiene ese lugar y que lo hace tan especial. Este símbolo de la fábrica que fue y de la lucha y la rebelión de las mujeres lo hace un lugar muy especial para presentar un disco como 300 crits.

— Conciertos como el suyo ¿son una muestra de que poco a poco vamos volviendo a la normalidad?
—Afortunadamente sí pero aún así hay que tener mucha precaución ante este virus que nos ha cambiado por completo y que yo llamo peste. Tenemos que tener mucho cuidado y ser responsables y por eso hay que vacunarse. Aunque solo sea por respeto y agradecimiento al trabajo de los investigadores durante este tiempo.

— Este disco llega después de Cançons de la resistència y con temas que parecen que, desgraciadamente, están más de actualidad que nunca.
—La música siempre está de actualidad. Por una forma u otra las letras de las canciones son el reflejo de un momento y un lugar. Además, son muy importantes porque ayudan a suavizar las tristezas porque generan esperanza en quien las escucha.

— ¿Eso de que una canción remueve conciencias?
—Claro que sí porque contienen la sabiduría de quien la ha compuesto, sobre todo en los momentos más duros de nuestra existencia.

— ¿A qué le canta Marina Rossell en el disco número 25 de su carrera?
—A muchas cosas. A la resistencia en momentos en los que vemos el auge de la extrema derecha pero también al gozo que supone vivir. A que aprovechemos al máximo esto que tenemos intentando que no se nos escape nada.

— ¿Es a donde van destinados esos 300 gritos de la canción que da nombre al disco?
—En parte sí y a, como he dicho antes, luchar para que la tristeza sea algo más suave en estos momentos tan duros. También para que intentemos abrir un nuevo horizonte que nos permita ser algo más felices.

— En este último trabajo hay canciones de lucha, combate o resistencia. ¿Es una continuación de Cançons de la resistència?
—Eso ya me lo han preguntado en varias ocasiones y lo cierto es que no tiene nada que ver. Yo más bien diría que es como un calidoscopio de lo que ha sido mi trayectoria a lo largo de todos estos años buscando otras miradas a través de canciones que durante años han empujado a la gente a vivir de otra manera con una nueva ilusión.

— Muchos la consideran la gran dama de la música en catalán. ¿Usted se ve así?
—De ninguna manera. Solo soy una persona tremendamente afortunada por dedicarme a un trabajo que amo profundamente. Soy como una artesana de la música que además ha tenido la inmensa fortuna de haber podido viajar por todo el mundo conociendo lugares y personas maravillosas. No soy nadie especial sino solo una mujer que siempre busca dar lo mejor de sí misma cuando se sube a un escenario.

— Además, a lo largo de su trayectoria nunca ha tenido problemas en cantar en castellano y en catalán.
—Por supuesto. Siempre he pensado que los idiomas son un gran tesoro del que hay que disfrutar siempre que podamos. He cantado en castellano, en catalán, en francés... y es que como decía el autor de Platero y yo, Juan Ramón Jiménez, «quien aprende una nueva lengua acaba adquiriendo una nueva alma».

— Desgraciadamente hay quien ve el idioma como una barrera. Una fuente de conflictos en lugar de una fuente de sabiduría.
—Eso es muy duro. Al final cualquier lenguaje es básico para transmitir alegría y emoción a través, por ejemplo, de una canción.

— La última. Me han preguntado para cuando hará un disco con temas de Ibiza y Formentera.
—Me encantaría porque ya he tenido el inmenso privilegio de haber cantado y grabado canciones de Ibiza a lo largo de estos años. De hecho, seguro que alguna suena en el concierto de este domingo.

— Sería precioso que interpretara algún tema con alguna cantadora tradicional ibicenca.
—Gracias. Por mi encantada porque en Ibiza y Formentera hay un tesoro con la música tradicional que desgraciadamente no se conoce ni se valora lo suficiente. A mi me encanta y por eso en mi casa tengo instrumentos tradicionales.