El recorrido lo encabezó el Padre Marcelo Jofré y fue seguido por medio centenar de fieles y curiosos. | Daniel Espinosa

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La mañana del Viernes Santo en Santa Eulària fue muy distinta a la de las últimas dos décadas porque por primera vez desde 1999, salvando los dos años del coronavirus, no se celebró el tradicional Vía Crucis viviente de la localidad. Problemas de comunicación, entendimiento o coordinación entre los organizadores de la Semana Santa en el pueblo y los organizadores del encuentro, la Banda de Cornetas y Tambores de la localidad, echaron al traste uno de los eventos más esperados por los residentes de todas partes de la isla y turistas que acudían conmovidos por el esfuerzo de todo el reparto que se dejaba literalmente parte de su cuerpo para recordar y representar la pasión y muerte de Jesucristo a lo largo del camino hasta el Calvario.

En su lugar se apostó por un acto que fue todo lo contrario, llenando de recogimiento y sencillez las calles que van desde el centro del pueblo hasta el Puig de Missa. Estuvo conducido por el Padre Marcelo Jofré, administrador parroquial de Santa Eulària desde 2021, y junto a él le acompañaron medio centenar de fieles en su camino hacia la iglesia, incluyendo el encargado de portar una pequeña talla repleta de sentimiento que representaba a Jesús en la cruz, y que, según explicó el propio cura a Periódico de Ibiza y Formentera forma parte desde hace poco de las imágenes del Puig de Missa.

También se sumaron a la comitiva una representación del Cor Parroquial del Puig de Missa que fueron repartiendo unas hojas a la mayoría de los presentes y que incluían una serie de canciones en catalán para que todo el que lo quisiera las pudiera interpretar junto a ellos cada vez que se hacía una de las paradas del recorrido.

«Pedir la paz en el mundo»

Este Vía Crucis también sirvió para pedir por la paz «en todos los lugares del mundo» y «para rezar por todos aquellos que sufren en todos los rincones de la casa común que es como el Papa Francisco ha bautizado a la Tierra y para que ésta se llene de verdad, justicia y trabajo».

Incluso se aprovecharon las 14 estaciones de las que tradicionalmente se componen estos Vía Crucis en todo el mundo cristiano para pedir por distintos colectivos y tener palabras de recuerdo hacia ellos.

Así, por ejemplo, antes de comenzar a andar el Padre Marcelo y sus acompañantes rezaron por todos los que sufren en todos los países del mundo. Después, en la segunda estación se pidió «para los ancianos y ancianas encuentren en la Cruz de Jesucristo la fuerza necesaria ante su pronta partida», «para que todos aquellos que han caído en profundos agujeros víctimas de las adicciones o de sus propios problemas encuentren fuerza para salir adelante en la tercera estación que refleja el momento en el que Jesús se levanta tras su primera caída o «para que tantas madres que sufren por sus hijos en silencio o los han perdido hallen en la Virgen María el espero para seguir».Incluso, «para que sanitarios, agentes, bomberos o voluntarios que ayudan al prójimo se inspiren en Simón de Cirena quien ayudó a Jesús en cargar con el madero».