Alicia Reina, presidenta en Baleares de la Asociación Española de Directores de Hotel, en su establecimiento. | Marcelo Sastre

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Desde el hotel familiar que dirige, la empresaria, abogada y doctora en Turismo, Alicia Reina (Ibiza, 1974), repasa los frutos de su trabajo en la Asociación de Directores de Hotel, una importante entidad que representa los intereses de este colectivo de profesionales. Sin pelos en la lengua, valora además la gestión de los responsables turísticos en Baleares.

—En 2019 fue nombrada delegada en Ibiza de la Asociación Española de Directores de Hotel. ¿Qué balance puede hacer de esta labor?
—El presidente nacional Manuel Vegas me dio entonces un voto de confianza y apostó por mí. Gracias a mi trabajo previo como delegada de la asociación en Ibiza, en 2020 me nombraron también presidenta de la entidad en Baleares. El balance es muy positivo puesto que hemos demostrado en tiempos muy difíciles que estamos al lado del sector hotelero y turístico y hemos logrado poner en valor la función de los directores y directivos de hotel. Además, hemos intentado ser útiles para asociados y simpatizantes y para el sector de los alojamientos turísticos en las islas. El feedback que me han transmitido asociados y simpatizantes es muy positivo y estamos contentos de poder ser útiles.

—¿Cuántos miembros son en la actualidad?
—ADEH se constituyó en 1972, por lo que celebramos ahora los 50 años. Se formó como una entidad sin ánimo de lucro con el objeto de representar los intereses profesionales y colectivos de los directores de hotel y poner en valor estas funciones dentro de las empresas turísticas.

—¿Sirve para compartir y trabajar en problemáticas comunes?
—Así es. La asociación se despliega en distintas delegaciones y podemos poner en común diferentes problemáticas. De hecho, durante la pandemia estuvimos realizando múltiples webinars para abordar los problemas que se nos iban presentando, como los protocolos Covid que teníamos que implementar en los hoteles. Vamos abordando temas en cada región y, en este sentido, en Baleares hemos tratado la reforma de la ley turística, además de la ley 8/2019 de Residuos. Hay mucho networking y colaboración y hemos demostrado con nuestra manera de trabajar que unidos somos más fuertes y que el sector ha pasado a otro nivel, que es caminar al unísono porque tenemos muchos intereses en común y nos va mejor cuando estamos unidos y coordinados.

—Ha mencionado la polémica nueva ley balear turística.
—Si bien esta reforma está guiada por unos principios iniciales loables que la inspiran, que pueden ser muy interesantes y que compartimos en el sector, creemos que la reforma tiene muchas deficiencias que pueden ahogar a las pymes hoteleras y turísticas locales por lo farragoso y complicado de los planes de circularidad que van a suponer un coste adicional económico, burocrático y operativo. También está la cuestión de las instalaciones de gasoil o de las camas elevables y una batería de medidas que se quieren implementar por decreto, sin consenso, y a un ritmo que ahoga a las pequeñas y medianas empresas

—Las empresas pueden enfrentarse a multas.
—Cierto. El régimen sancionador que se pretende aplicar es excesivamente elevado e injustificadamente desproporcionado. No hay una relación de proporcionalidad entre la gravedad del hecho punible y la infracción a aplicar. Considero también que se ha desperdiciado la oportunidad de optar por un modelo de incentivos y se ha preferido recurrir a un modelo coercitivo y desproporcionado que no ayuda a sacar a flote a un sector duramente golpeado.

—Asegura que ya antes caminaban hacia la circularidad en el sector.
—Nuestro sector lleva tiempo caminando hacia la circularidad, mucho antes de que el Govern planteara esta cuestión como eje de su estrategia. Nosotros manejábamos unos tiempos y plazos muy distintos a los que ahora se nos imponen. Eran plazos y ritmos que nos permitían hacer sostenibles, en todos los sentidos, a nuestras empresas. Con esta apresurada reforma de la ley turística balear, los tiempos y plazos de nuestros proyectos se nos han acortado, poniendo en peligro la subsistencia de las pymes. Todo se ha trastocado por cómo la ley se ha llevado a cabo: con muchas prisas, sin consenso y sin poder mejorarla, e impidiendo de facto que el turismo sea de mejor calidad, más sostenible e innovador. Algunas de las medidas que promueve la ley son incoherentes ya que van contra de su espíritu. Además, considero que, pese a las presiones, el sector ha de poder expresarse libremente y sin cortapisas sobre los aciertos y desaciertos de esta norma. Una crítica es siempre una oportunidad de mejora y creo que merece la pena que expresemos nuestras opiniones desde el conocimiento de la realidad del sector y que éstas sean recibidas con respeto y sin recibir reproches ni presiones por las críticas constructivas que se proponen.

—¿Esas presiones han procedido de los responsables turísticos en Baleares?
—Desde el respeto al conseller y al resto de responsables turísticos en Baleares, considero que hay una desconexión entre la política y la realidad del sector. La política y los que la ejercen deberían bajar a esta realidad, escucharnos y ver qué problemas tenemos y cómo se pueden solventar. Tendrían que analizar a conciencia cómo podemos ser más eficientes y mejores, pero siempre desde una posición de mayor humildad y cooperación. No somos el enemigo a batir; somos un aliado necesario e imprescindible. Compartimos un interés común muy claro y preciso, que es conseguir que Baleares sea el destino turístico número uno a nivel mundial, pero esto hay que llevarlo a cabo de forma que no se ahogue a las empresas. Cuando no reconocen y no valoran nuestros esfuerzos, sino más bien al contrario, es algo que nos entristece. Es frustrante ver cómo los profesionales del sector no tenemos ni voz ni voto en algo de lo que depende nuestra subsistencia, quedando en manos de la política que desconoce e ignora nuestra realidad.

—Se ha incluido, además, una moratoria de plazas turísticas.
—El problema en sí no es la medida, que no voy a entrar a valorar, si no la forma sorpresiva con la que se ha abordado, sin ningún tipo de consenso y sin una motivación suficientemente razonada que respalde esta medida. La improvisación puede acarrearnos muy malas consecuencias y es preciso que diseñemos un plan estratégico basado en el consenso. Un plan en el que nos veamos todos reflejados y hacia el que caminemos con paso firme, pero cuando estas cuestiones se hacen de forma improvisada y pensando que el sector hotelero es el malo de la película y que en vez de héroes somos villanos, pasan estas cosas. Se acaban implementando medidas sin consenso y sin analizar previamente si son coherentes con otras acciones que ya están en marcha. En vez de luchar contra el intrusismo y la oferta ilegal, es mejor seguir hostigando al sector reglado de alojamientos turísticos. En definitiva, no entraremos a valorar esta medida y simplemente haremos lo que hacemos siempre: acatarla, aceptarla y cumplirla.

—El pasado agosto exigió al Govern explicaciones sobre el destino del impuesto turístico y en noviembre se descubrió que había servido para financiar una gala musical.
—Siempre hemos mantenido que el problema crucial que existe respecto a la tasa turística radica en que, si bien en su origen presentaba un objetivo muy noble y loable, actualmente el espíritu con el que se gestó ha quedado totalmente diluido y ha perdido su razón de ser, la razón por la que se originó. Mantengo mi opinión al respecto, opinión que sigo defendiendo y que manifiesto cada vez que tengo ocasión a quienes tienen el poder de corregir esta cuestión. A pesar de mi insistencia y la vehemencia con la que suelo defender mis argumentos, no he obtenido ninguna respuesta de quienes pueden cambiar las cosas. La solución que me dan es el silencio absoluto, la callada por respuesta. No es una cuestión baladí y considero que es muy grave que no estemos destinando la tasa turística al objetivo inicial para el que se gestó. Además, dicho impuesto presenta otros problemas que habría que corregir como es la doble imposición o como que lo recaudado en cada isla se destine íntegramente a esa isla y que se recaude en puertos y aeropuertos.

—Defiende que sea el propio turista quien escoja su destino final.
—Sería importante y toda una operación de marketing estratégico como destino sostenible de primer orden que tuviera por bandera la transparencia en todos los sentidos. Más en especial de cara al cliente final a quien debería darse la palabra para que participara en la elección del proyecto sostenible al que desea destinar el impuesto que paga. Con ello, sería más transparente y fácil explicarle para qué es el impuesto y la razón y el fin que perseguimos. La tecnología actual nos permite poder hacer esto y el turista, con un solo click, podría decidir a qué proyectos quiere destinar la tasa turística.