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Más de cinco kilómetros de vía separan la Avenida Sant Jordi del aeropuerto de Ibiza y, en medio de este trayecto, se encuentra el espacio conocido como la carretera al aeropuerto, una de las zonas con más vida y encanto de Sant Josep. En tan solo esta distancia, la travesía alberga varios cafés en la calzada, decenas de bares y restaurantes tradicionales que, junto a los comercios locales, consigue desprender una combinación mágica para sus vecinos.

Fotos: Daniel Espinosa.

Sin ir más lejos, los residentes de esta zona de Ibiza, afirman que, pese a ser un lugar colmado de tabernas y un gran ambiente de jolgorio, no reciben muchos turistas durante la temporada. «Disfrutamos de bastante tranquilidad durante todo el año. Sí que es cierto que en verano aumentan las visitas, especialmente cuando se celebra algún evento especial», destacó Laura Espinosa, una de las vecinas de Sant Jordi.

Mercadillo
Una de las actividades que, sin duda, incrementa la densidad de personas, es la celebración del mercadillo de Sant Jordi en el hipódromo del pueblo cada sábado por la mañana. «Los fines de semana, muchas personas se dejan caer por los locales de aquí. Pero la mayoría son ibicencos», explicó Carlos Olivares, un vecino de la calle.

Sin duda, este evento de segunda mano y ocasión es muy popular entre la gente local.
Por este motivo, según este residente, muchas de las personas que se desplazan cada sábado hasta el hipódromo de Sant Jordi aprovechan y se quedan a comer en los diferentes restaurantes que colman el camino.

Tipik, Vinyl, L’Albufera, Es Timbal, Ca’n Tixedó, Sangrantana o Ara Anam son algunos de los locales típicos de esta zona de Sant Jordi. «Llevo aquí 20 años. He visto cómo este pueblo crecía de forma progresiva y cómo esta vía se llenaba de vida gracias a las tabernas», señaló Fanny Riera, propietaria del bar Ara Anam detrás de la barra mientras su local empezó a llenarse de gente trabajadora.
Sin duda, este local, igual que el restaurante Sangrantana o Es Timbal, son dos de los espacios que más clientela asidua acoge diariamente. «Normalmente la gente que viene a comer son grupos de empleados que trabajan por la zona y no disponen de demasiado tiempo para volver al trabajo», explicó Josep Martínez, encargado de Es Timbal.

En esta zona de Sant Jordi es donde se distribuye el grueso de la población permanente que vive en la localidad. Es por eso que el interior del pueblo no alberga tantos comercios y negocios como este acceso. En este sentido, no sólo de bares y cafeterías vive la zona, también hay una peluquería, un estanco, una casa de comidas, una floristería o una tienda de decoración para el hogar.

«No nos falta de nada. Vivimos en un punto estratégico de la isla. Además, estamos a solo tres kilómetros de Ibiza. Esto es un lujo», destacó Pablo Ramos, un residente del pueblo.

En la otra mesa, tres vecinas disfrutaban de un aperitivo en L’Albufera. «Mira qué calzadas tan extensas. Esta situación permite a los locales tener terrazas muy amplias», subrayó Marta Madroño mientras señalaba la retahíla de solanas dispuestas sobre el pavimento.

Sin duda, durante esta época del año la tranquilidad de la zona se hace palpable en cada baldosa y en cada rincón de Sant Jordi. Una paz que los vecinos valoran cada día. «Esta avenida está muy lejos de la masificación que sufren localidades como Sant Antoni o Santa Eulària en verano», destacó un cliente asiduo del bar Ara Anam. En la misma mesa, sus compañeros de trabajo asentían a sus palabras.
En este sentido, afirmaron que trabajar en esta zona es un «placer» porque es una zona muy tranquila, sin demasiada circulación de vehículos. Una serenidad que se extrapola también a las aceras vacías en determinados momentos del día.

Según los vecinos, es cierto que cuando hay un evento musical esta zona de Ibiza se reactiva exponencialmente. Lo mismo ocurre cuando se celebran las fiestas locales. Cuando esto sucede, el número de población se multiplica.

«Los locales de aquí acogen muchos eventos musicales. Muchos grupos vienen y tocan música en directo. Estas actuaciones, que son un reclamo para los ibicencos, hace que se desplacen aquí con ganas de disfrutar de estos conciertos», señaló José Antonio Riquelme, vecino de esta zona de Sant Jordi.

Para estos residentes estas aglomeraciones puntuales no son un problema. Ellos son conscientes que el ambiente que despierta Sant Jordi es tan mágico que es normal la concentración de personas. «Estas calles tienen tanto encanto que llenan de vida este