Ana Gordillo, durante la entrevista | Daniel Espinosa

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Reelegida para su tercer mandato, Ana Gordillo Costa, presidenta de la Federación Hotelera de Ibiza y Formentera, se enciende cuando habla de las obras que hay en Ibiza este verano. Una estancia excelente en un cinco estrellas queda manchada por el recuerdo de las colas en el aeropuerto. Tras dos años marcados por la covid, dice que este invierno quiere trabajar con las instituciones para lograr que se ofrezca una imagen de Ibiza a la altura de su fama.

—Los datos apuntan a un año de récord de turistas, ¿es positiva tanta masificación? ¿Podemos morir de éxito al dar una imagen de isla saturada?

—Morir de éxito, después de los dos años que hemos tenido… no creo que eso pase este año. Ya tocaba tener un año normal. Pero es verdad que en 2019 ya notamos en las carreteras o en las playas que había, no me gusta la palabra pero, cierta saturación. En ese momento ya se hablaba de que algo había que hacer, porque si se trata de una situación sostenida sí se puede llegar a morir de éxito. Después de un paréntesis de dos años, estamos contentos porque se está trabajando muy bien pero vuelven a estar encima de la mesa esos problemas que detectamos en 2019. No hablamos tanto de saturación como de poner ciertas medidas que parece que ya se están impulsando, como la limitación de entrada de vehículos que propone el Consell. Tendremos que trabajar mucho este invierno de cara al año que viene para trabajar con los datos que obtendremos esta temporada. De ahí, con datos, tendremos que evaluar qué medidas son necesarias para evitar esta sensación de exceso de gente.

—¿Qué les parece esa propuesta del Consell de limitar la entrada de vehículos?

—Me gustaría hacer hincapié en que para poder hacer esto hacen falta unos servicios públicos acordes a la realidad que hay. La gente que viene a Ibiza se tiene que poder mover. Los turistas, indistintamente de la época que vengan, igual que los residentes, deben poder contar con ese servicio público. Abrir un hotel es un riesgo y si queremos que se alarguen las temporadas las administraciones deben poner de su parte y ofrecer los servicios que sean necesarios.

—Ponemos límite a los coches pero, ¿se debería poner un límite de gente?

—El límite ya está puesto. Las plazas hoteleras no han aumentado. ¿A qué es a lo que hay que poner límite? Quizás a la oferta ilegal y al intrusismo que tenemos. Si los turistas que tenemos se alojan en establecimientos legales y el número de plazas ha disminuido no es necesario limitar la entrada de turistas. La cuestión es dónde se aloja toda esa gente que no está en la oferta legal.

—Estos dos años se había dejado un poco de hablar de viviendas turísticas ilegales, ¿han vuelto al nivel prepandemia? ¿Se hace suficiente para ponerles coto?

—No. No se hace suficiente. No sé lo que se tendría que hacer, pero es un tema muy preocupante. Para nosotros y para toda la sociedad. Si no buscamos este año una solución para ir contra la oferta ilegal en todos los ámbitos tendremos un problema muy grave. A nosotros se nos ponen todo tipo de controles, la nueva ley turística, más burocracia. La oferta legal ya ha recibido unas cuantas inspecciones en Sant Antoni, pero contra los que no son legales ¿qué se hace? Es un tema complejo pero desde luego las instituciones deben ser imaginativas si las vías tradicionales no funcionan. El problema de la vivienda es consecuencia de todo esto y todos necesitamos una solución.

—El servicio de taxi es algo que preocupa mucho al sector este año, ¿faltan taxis o falla el servicio?

—No te lo puedo decir, pero lo que está claro es que el taxi es un servicio público y por lo tanto la administración debe prever que se cubra la demanda. Si ya se sabe que somos un destino estacional, con un volumen que ya se prevé, la administración debe trabajar para que ese servicio público cubra las necesidades de las personas que hay en la isla. Lo que no puede ser es que veamos las colas que vemos en el aeropuerto o en el puerto o en Sant Antoni. No notamos que haya habido previsión. Además, si queremos limitar el número de vehículos, no podremos hacerlo si no hay un servicio de transporte público adecuado. Tanto de taxi como de autobús. Por eso te digo que este invierno deberíamos trabajar mucho. Nosotros estamos a la disposición de quien no requiera para ofrecer la información que haga falta y buscar soluciones entre todo.

—¿Han estudiado ya en detalle el texto definitivo de la nueva ley turística de sostenibilidad y circularidad?

—Estamos en ello, pero lo importante es que no nos hemos encontrado ninguna sorpresa. Parece que todo es más o menos lo que nos esperábamos.

—Con esta ley primero se enfadaron porque se publicó por sorpresa, luego dijeron que les parecía bien después de reunirse con el Govern, más tarde volvió a parecerles mal… ahora que es un tema asentado ¿qué aspectos no le convencen del texto?

—Creo que no es una cuestión de que nos convenza o no. Desde que se nos presentó el primer documento hasta la aprobación definitiva de la ley hay mucha diferencia. Se han modificado cosas y se ha tenido en cuenta al sector, las visitas que ha hecho el conseller y su directora general han sido innumerables. No es la ley que nosotros hubiéramos hecho, por eso digo que no es una cuestión de que nosotros estemos convencidos, pero dentro de lo que hay creo que hemos conseguido lo mejor para nuestros asociados.

—Podríamos decir que son lentejas como dice la expresión, ¿qué tienen de bueno estas lentejas?

—La parte buena es haber llegado a que unas medidas que eran negativas por su complejidad, ahora son más sencillas y siguen cumpliendo su objetivo. Hablo del plan de circularidad, hablo de la instalación de calderas, hablo del cambio de camas… al final se han ampliado plazos para instalar las camas, los planes de circularidad no requieren tanta burocracia y en el tema de las calderas se han introducido unas salvaguardas para aquellos que acrediten que no puedan cumplir los plazos. Hemos perfilado aspectos, de modo que es una norma que se adecúa más a la realidad. Eso no significa que no haya habido roces. La reducción del 5% de plazas en un principio era obligatoria por casi cualquier mejora que se hiciera en el hotel. Ahora sólo se aplica a aquellos establecimientos con más de 150 habitaciones y dependa del tipo de ampliación que hagas. En ese sentido estamos satisfechos.

—Ha reiterado en medios de comunicación el mensaje de que ve complicado cuadrar las cuentas a final de temporada debido a la inflación. Con un precio medio de la habitación por encima de los 200 euros y ocupaciones casi del 100% en temporada alta, ¿cómo se explica? ¿Tanto ha subido el precio de los suministros?

—Sólo cuando se gestiona un negocio así se entiende el coste que tiene. No es sólo el coste de estar abierto en temporada, es mantener un edificio y sus instalaciones todo el año. Tener cerrado tiene un coste y abrir implica tantas cosas: jardines, piscina, instalaciones eléctricas, servicio de comida… Hay un gasto tan grande que las cuentas a veces no salen. Los precios han subido, pero es algo que no se ha hecho a la ligera. Con la inflación actual era imposible mantener precios.

—¿Cómo ha ido el mes de junio? ¿Se sigue la tendencia ascendente de mayo?

—Junio ha sido mejor que mayo, con una ocupación muy buena y la previsión es que siga siendo muy alta en julio, agosto y septiembre. Podemos estar alrededor del 80% de ocupación media. Después de una pandemia y el inicio de una guerra esperemos que las previsiones se cumplan.

—Parece que realmente hemos vuelto a un verano como los de antes de la pandemia, ¿queda algo de las medidas que se implementaron estos dos años?

—Quedan algunas cosas, pero es más por responsabilidad personal porque ya no hay una normativa obligatoria al respecto. Todavía hay algunas personas que vienen con la mascarilla, que te piden gel hidroalcohólico y algunos turistas no quieren ir a sitios donde haya mucha masificación.

—¿Les piden consejo para buscar sitios sin aglomeraciones?

—Sí, nos preguntan por esta playa o aquella zona. Algunos se van a sitios donde hay aglomeraciones y se sorprenden. Las personas somos seres de costumbre y nos habituaremos a esto otra vez. Algunos que vinieron en 2021 también se llevan una sorpresa y les tienes que explicar que lo que vivieron fue excepcional. Este año es lo normal. El covid todavía está presente, pero parece que se está normalizando la enfermedad.

—¿Qué alternativa tienen al problema de las plantillas con un precio de la vivienda tan elevado?

—Que se consiga que los pisos no se destinen al alquiler vacacional. Es un problema que afecta a todos los niveles y que notan incluso los funcionarios. Muchos profesores alquilan su piso de septiembre a mayo. ¿Por qué? ¿Qué pasa a partir de mayo? Si es que se ve cuál es la práctica. Es un problema muy grave para todos los que vivimos en Ibiza, para las empresas pero también para la gente en general. Al final no es que no consigamos que vengan a trabajar camareros o recepcionistas, es que no tenemos médicos, fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, funcionarios de justicia…

El apunte

«Si al cliente le hago firmar un documento en el que le advierto de que no se tire del balcón, ¿qué imagen le doy?»

—Publicó Periódico de Ibiza y Formentera esta semana (el 30 de junio) las quejas de los hoteleros del West End respecto a la normativa de excesos, ¿cuáles son los problemas concretos que se encuentran?

—Es una ley que empieza a andar ahora y por eso nos ha llegado todo de golpe. Se aprobó en 2019 pero no se aplicó ni en 2020 ni en 2021 por las restricciones covid. Ahora vemos sus efectos. Uno de ellos es la imagen que dan. Los clientes tienen que firmar un documento que les advierte de que si se tiran por un balcón serán sancionados. Claro, ¿qué imagen se queda una pareja o una familia? Piensa: dónde me he metido. El cliente ha elegido esa zona por estar en el centro o por lo que sea y se encuentra este documento. Lo asustas. Nosotros hemos apoyado que si esto se hace acompañado de inversiones para mejorar Sant Antoni, para reconvertir la zona, para aumentar la seguridad, perfecto. Pero a través de medidas en positivo. Estas cosas no suman, no contribuyen a mejorar nada.

—¿Notan que haya cambiado algo respecto a ese ambiente de excesos que se veía en muchas zonas de Sant Antoni?

—Estos dos años tuvimos un ambiente del que cualquier ciudadano de Sant Antoni se sentía orgulloso. Al final es una cuestión de ambiente. Si un cliente se pasa, en un hotel pones orden por el interés del resto de clientes. Nosotros controlamos esto de puertas para dentro, pero eso es aquí y en cualquier lado. Al final lo que tenemos aquí es un problema de orden público. Ese es el quid de la cuestión. Ibiza tiene las características que tiene, con todas sus caras, desde luego deben evitarse las conductas incívicas pero eso es algo que deben controlar las administraciones. Es control.