La falta de lluvias durante el verano ha mejorado la producción del tesoro blanco de Ibiza. Salinera Española SA, la empresa que lleva más de 120 años explotando este producto estratégico de la isla, se encuentra en los albores del proceso de extracción de su producto estrella, un mineral esencial cuyo mercado de exportación principal se encuentra desde hace casi un siglo en las Islas Feroe y los países nórdicos, donde se emplea para el consumo humano y la salazón del bacalao. Desde hace un par de años cuentan también con un mayorista portugués que por estas fechas suele enviar un buque carguero a la isla para exportar gran cantidad de sal.

La industria que dirige José María Fernández prevé producir hasta noviembre, mes en el que finaliza la campaña de extracción, unas 60.000 toneladas, varios millares más que el pasado año, cuando se recogieron 52.000 toneladas, pero muy lejos de las 73.000 extraídas en 2014.

Según explica el apoderado de Salinera Española en Ibiza, Juan Ribas, las fuertes precipitaciones –que esta semana ya han hecho acto de presencia en la isla– dañan los cristalizadores de los estanques, que ya estaban secos desde finales de agosto. A partir de la evaporación del agua de mar por la acción del sol y del viento, la sal se condensa y cristaliza en la superficie de los estanques, donde por un proceso de recolección controlado, se corta y recoge la sal marina para ser transportada a la montaña o gravera que preside el Parque Natural. «Salen los camiones de los cristalizadores, lo llevan a la plaza, la echan a la torba, pasa por la malla vibradora, va a la cinta de apilado y se va archivando la sal», resume Ribas.

Los trabajadores de Salinera Española en Ibiza miran constantemente el parte meteorológico. Si «ven venir» las lluvias mantienen los estanques para preservar el agua con grado. «Pero si cae bastante lluvia y hace viento lo que hace es mezclarse con el agua graduada y el estanque; si no se ha secado, lima y funde la parte superior. Si nos pilla con un cristalizador seco y llueve mucho mientras estamos sacando sal, también se funde más», precisa Ribas.

La forma de alimentar la sal, su calidad y sus propiedades son siempre las mismas, apuntan desde la compañía, pero la incorporación este año de un nuevo instrumento para realizar el apilado, la malla vibradora, contribuye a separar las impurezas y aparta el producto de los conglomerados de fango de medio y gran tamaño.

Revolución

Como cuenta Juan Ribas, las máquinas han ido sustituyendo a la mano de obra humana y la empresa ha reducido personal al no cubrir las bajas por jubilación –a principios del siglo XX la empresa llegó a dar trabajo a 1.000 personas antes de que apareciera el turismo–.

En cuanto a la extracción, la empresa ha decidido volver «al método de hace 50 años», que consiste en apilar la sal dentro de los estanques, haciendo pequeños montículos, y cargarlas con palas directamente a los camiones. «Es más preciso y más cómodo para trabajar, no tienes que invertir tanto en maquinaria y en personal», subraya el apoderado.

No obstante, la factoría ibicenca no ha reducido costes porque ha invertido unos 200.000 euros en la adquisición de dos nuevos tractores.

La máquina principal en la recolección de sal es el rotovator, un artilugio con un extremo en forma de estrella con entre 6 y 8 puntas que sirve para separar la sal de los barros que quedan en las capas más bajas, para así conseguir que la calidad del producto sea la óptima.

«La empresa innova, lo tenemos claro», sostiene Ribas, quien avanza que de cara al año que viene tienen previsto la adquisición de dos tornillos de Arquímedes, lo que supondrá «otra mejora» para la separación de impurezas. «Son los llamados tornillos sin fin, los instalamos porque la idea es que las impurezas que tengas y que no detecta la malla vibradora lo aparte el tornillo», puntualiza.

LA NOTA

14 empleados y un producto «limpio y cristalino»

Salinera Española cuenta con 14 empleados en Ibiza, de los que nueve se dedican a la extracción de sal y tres, externos, a conducir los camiones. Su jornada comienza a las 08.00 de la mañana y finaliza a las 17.00 de la tarde durante el periodo de extracción.

A diferencia de otras, la de Ibiza «es una sal muy limpia, cristalina, que no necesita lavarse, es decir, no necesita pasar por procesos industriales de refinamiento», explicó en un reportaje anterior su presidente, José María Fernández, quien apuntó que esta pureza «hace que tenga sustancias naturales como el magnesio, el potasio o el yodo que la hacen idónea para la salazón de bacalao».