La difícil supervivencia del pequeño negocio en Vila, a la espera de que llegue otro verano

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Los carteles de se vende y se alquila abundan en las calles que hay entre el paseo de Vara de Rey y la avenida Bartomeu Roselló.

Los carteles de se vende y se alquila abundan en las calles que hay entre el paseo de Vara de Rey y la avenida Bartomeu Roselló.

06-01-2019 | MARCELO SASTRE

Al propietario de la peluquería Hair Level dice que no le queda mucho para dejar el local. Tal vez un año, pero no más. Todo dependerá del precio del alquiler que le ofrezcan, ahora que tiene que renovar el contrato. Pero, a pesar de que pueda negociar un alquiler razonable, cosa de la que no parece muy convencido, el bloque de Apartamentos Los Robles, esquina de la calle Juan de Austria con Vicente Cuervo, se convertirá en un hotel de lujo el año que viene. Un proyecto que tenía que iniciarse este año, pero al parecer se ha retrasado un año, según le han anunciado los propietarios del edificio.

Su cierre quizá sea por fuerza mayor, sin embargo comenta lo complicada que está la situación entre los pequeños y medianos comercios que hay entre el paseo de Vara de Rey y la avenida Bartomeu Rosselló. Él lo achaca en gran medida a los alquileres. «El que había aquí delante» señala a un antiguo negocio de todo a 100, «cerró cuando le subieron el alquiler. Pagaba 1.400 euros y se lo subieron a 3.000 euros al mes». En su caso se planteará si hacer la prórroga de un año si valora que el nuevo alquiler no es abusivo.

Precios en la zona

En la calle Juan de Austria, que separa cuatro manzanas, dos a la izquierda y dos a la derecha, hay en la actualidad tres carteles en las puertas de tres locales que anuncia un futuro cambio de manos. Uno de traspaso, otro de venta y otro de alquiler. El que se vende es un local para restauración de 108 metros cuadrados. Era de dos propietarias, una de ellas se jubila y la otra considera que se trata de un local muy grande para el nuevo negocio que quiere abrir. El precio es de 750.000 euros. El que se alquila también es un local con licencia de restaurante de 120 metros cuadrados. El precio es de 3.000 euros al mes y cinco meses de fianza. El tercero tiene licencia de bar de copas y galería de arte. Son 100 metros cuadrados y la propietaria pide 2.040 euros, a lo que habría que sumar el traspaso.

Unos precios que para el presidente de Pimeef restauración, Joan Riera, no son desorbitados. «En Vara de Rey se pide el doble por los locales de esas características», indica. Desde su punto de vista «está habiendo una transformación» en la zona y también dice que debe haberla en el tipo de negocios. Considera además que el pequeño comercio que está en esta zona intermedia entre el paseo de Vara de Rey y la avenida Bartomeu Rosselló está en un espacio complicado. Para él, abrir ciertos tipos de negocios en Ibiza requiere unas características, y la terraza es un elemento importante para un restaurante o un bar. Algo complicado en la calle Juan de Austria dada la estrechez de las aceras.

Además indica respecto a la aparición de muchos nuevos negocios que cierran en poco tiempo, que es importante conocer el tipo de negocio que se está abriendo antes de iniciar la actividad. «El que piense coger un local, hacer un restaurante y que eso aquí funciona...el tema no va por ahí». También considera importante la localización del negocio, y valora positivamente la existencia de competencia del mismo sector. «Si a mí me ponen un restaurante al lado, me irá mejor. Si no hay ambiente de restaurantes o de bares, no es bueno para los negocios. En cada sitio hay que saber que tipo de negocio poner».

Escasa clientela

En una tienda de ropa de la calle Juan de Austria confirman la situación difícil del pequeño comercio en esta zona. La dependienta dice que sabe, por hablar con los dueños de otros comercios, que esta campaña de Navidad está siendo floja en la zona, y cree que en la ciudad en general.

Dice que en la mayoría de casos el margen de beneficios es muy escaso o nulo, e incluso cree que algunos tienen pérdidas. «Se vende, pero no se llega casi a un equilibrio». La sensación es que en la isla «ha quedado muy poca gente en invierno» y las calles «están desérticas desde las seis de la tarde».

Además indica que las grandes cadenas «arrasan con todo», debido a los los productos a precios bajos y muy competitivos contra los que se puede pelear «a duras penas».
Sin embargo dice que los que quedan abiertos lo hacen para «mantener la continuidad del negocio», y llegar a verano con impulso, dado que la mayoría funcionan debido a las ganancias que generan en verano. «En invierno no hay el público para mantenernos a todos».

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