Olivier Mourao: «Por no ser corrupto me han hecho la vida imposible durante casi diez años»

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El pintor británico de origen brasileño, posando junto a una de sus obras, ‘La celebración de la crueldad’, inspirada en todo lo que ha sufrido durante estos años». Foto: DANIEL ESPINOSA

El pintor británico de origen brasileño, posando junto a una de sus obras, ‘La celebración de la crueldad’, inspirada en todo lo que ha sufrido durante estos años». Foto: DANIEL ESPINOSA

Olivier Mourao es uno de los artistas más importantes de los últimos tiempos. Nacido en Brasil el 10 de septiembre de 1946, pero de nacionalidad británica, comenzó a pintar a la edad de 8 años, y a los 14 ya hizo su primera exposición, en la localidad brasileña de Minas donde estudió Bellas Artes en la Escuela de Arte Guignard. Fue el comienzo de una prolífica trayectoria creativa que le ha permitido que sus creaciones se hayan podido ver en más 700 publicaciones y 74 exposiciones por todas partes del mundo.

Sin embargo, Mourao es mucho más. Su tremenda inquietud y búsqueda constante de horizontes le ha llevado a ser, por ejemplo, presentador de su propio programa de televisión, Band 13, donde presentaba sus obras de arte conceptual, escultor de mármol en Carrara, Roma, litógrafo en París, joyero y creador de tapices en Nueva York o un apasionado coleccionista de obras de arte, sobre todo relacionadas con el antiguo Egipto.

Además, puede presumir de haber sido amigo de personajes de la talla de Pablo Picasso, Salvador Dalí y su esposa Gala, Andy Warhol o Francis Bacon, al que considera su gran ídolo. Precisamente, algunas de las obras de estos artistas se pueden contemplar, junto con una máscara egipcia del 1.300 a.C, otra del 2.000 a.C., retratos del siglo XVIII o magníficas esculturas de distintas épocas en la magnífica vivienda que tiene en el barrio de Cas Serres de Ibiza.

En ella, el pintor de origen brasileño pasa los veranos rodeado de los grandes amigos que ha ido haciendo desde que llegara a la isla por primera vez en 1976 quedándose «profundamente enamorado de ella y de su gente». De hecho, durante más de dos décadas compartió un ático en el centro de la ciudad de Ibiza junto a su amigo, el príncipe Lubomirski Tomasz.

Sin embargo, al querer cambiar de vivienda comenzaron una serie de problemas que poco a poco han conseguido que Mourao haya perdido su permanente sonrisa e, incluso, se haya planteado el abandonar y olvidarse de todo lo que le rodea en Ibiza. Los primeros llegaron cuando compraron dos terrenos en Puig d’en Valls para construir una vivienda en la montaña con vistas a Dalt Vila y que, después de cinco años de intensa lucha para que se convirtieran en urbanizables, tuvieron que acabar vendiéndolos «perdiendo buena parte de la inversión realizada».

Desgraciadamente, lo peor estaba por llegar. En verano de 2005, Mourao encontró una casa casi terminada a la venta en Cas Serres que le llamó la atención desde el primer momento, «mucho más que un apartamento en la playa o una villa escondida en la montaña» y decidió comprarla junto a Tomasz y convertirlo en el hogar donde retirarse definitivamente en Ibiza. En colaboración con la arquitecta brasileña Perla Stefani, decidió tirar todos los tabiques, hacer todo diáfano e incluir columnas estriadas en la planta baja, ventanas circulares a la fachada principal, paredes decoradas con diversos mármoles «para dar una sensación fresca en un clima como el de Ibiza», y una decoración en la que se combinan muebles de distintas épocas y países que ha ido comprando en mercadillos de antigüedades de medio mundo con piezas hechas por artesanos de Ibiza. Incluso, en la parte sótano, una zona destinada a convertirse en un depósito de agua, construyó una impresionante sala, de doble altura, y que es la sede de sus famosas fiestas.
Un oasis de arte, serenidad, y hedonismo a pocos kilómetros de Dalt Vila que a estado muy cerca de no ser tal. Olivier Mourao asegura que ha sido «víctima de la enorme corrupción que reina en la isla». Según explicó ayer a PERIODICO de IBIZA Y FORMENTERA durante estos once años en los que ha invertido «los ahorros de toda mi vida» se ha tenido que pelear con abogados que le han hecho la vida imposible. «Desde el primer momento creyeron que me podían chantajear alegando que yo no tenía todos los papeles en regla pero como yo siempre me he negado a ceder a los chantajes y además tenía todo legal han intentado hundirme en la miseria», asegura el artista británico.

«Se han perdido inversores»

Tal es así que Mourao asegura que una vez terminada su espectacular vivienda en Cas Serres, le han tenido tres años sin luz y más de un mes sin agua. Incluso, según sus palabras, ha vivido situaciones «surrealistas y de película» como el que alguien, haciéndose pasar por su constructor, llamara a Gesa para dar de baja la luz y así hacerle todo el daño posible. «No soy una persona que fácilmente se de por vencida, y más si se trata de algo que tiene relación con mi amada Ibiza, pero ha habido momentos en los que se me ha pasado por la cabeza el tirar abajo esta casa y construir encima una serie de pequeños apartamentos», confiesa con una mirada que mezcla nostalgia y rabia.

Además, asegura que no es la única persona a la que se le ha pasado esta idea por la cabeza y que otros incluso han decidido «salir corriendo» de Ibiza. «Conozco muchos más, como por ejemplo un amigo que tenía pensado invertir 650 millones en la zona de Dalt Vila y el puerto de Ibiza y viendo todo lo que me estaban haciendo a mi ha decidido echarse para atrás». Y al mismo tiempo también habla del lado contrario, los que «han cedido al chantaje por miedo a vivir lo que yo he sufrido».

En este sentido Olivier Mourao asegura que aún no va a desvelar los nombres de los que le han chantajeado ni de los que se han dejado corromper. Eso quedarán para cuando se muera y aparecerá, según explicó, en el libro que ha escrito sobre su figura el periodista Michael Koellreutter.

Afortunadamente, con el paso del tiempo, decidió aplicar la frase de su madre «el mal se queda con quien lo hace» y «gracias a los ánimos de sus amigos» y de algún vecino que viendo todo lo le estaban haciendo, durante un tiempo le dejó un cable para poder tener encendido el frigorífico, asegura que ahora es un «hombre libre» y que seguirá «al menos un año más en nuestra isla».

Una isla que ha sido el escenario de sus famosas fiestas, desde que, recién llegado a la isla «pusiera a Sa Trincha en el mapa mundial gracias a celebraciones en la playa, con personas guapas vestidas de blanco, entre antorchas y buena música». Además, su espectacular casa ha sido el escenario de algunas de sus fiestas más famosas, como la que realizó recientemente, el 9 de septiembre, inspirada en el mundo hindú y bautizada como Camino a las indias. «No se cual es realmente el secreto de mi éxito, tal vez la combinación entre show, música, baile, buena compañía y sobre todo buena cocina, con platos que yo mismo preparo y en los que intento siempre aplicar una máxima de mi madre, si vas a un banquete nunca ofrezcas a tus invitados algo que podrían comer en su día a día».

«Ibiza va cada vez peor»

Olivier se marcha mañana a Londres para pasar los meses de otoño e invierno aunque ya está pensando en regresar a esta casa por la que tanto ha sufrido y que por supuesto, tiene dos estudios de pintura, uno en la parte de arriba y otra en el jardín. En ellos aprovecha la magnífica luz de Ibiza para crear sus famosas obras siguiendo un peculiar proceso. «Pinto con los ojos cerrados, con el tubo de pintura directamente sobre el papel, el lienzo o el cartón, dejando que fluya la espontaneidad y la imaginación, congelando el movimiento, y una vez hecha la base ir añadiendo el resto de la composición», resume.

En este sentido, explica que Ibiza es una magnífica fuente de inspiración aunque «desgraciadamente la isla se está echando a perder». Algo que achaca, entre otras cosas, a la menor calidad de la música actual. «Es como si estuvieras constantemente dentro de una lavadora y parece que está pensada para que solo la puedas bailar si estás drogado».

Por ello, Mourao asegura que esta es una de las principales causas de que Ibiza se esté llenando de «un turismo tacaño, lleno de hooligans con ganas de pelea y que sólo dejan problemas para los residentes en la isla».

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