«Ha sido duro, pero una pandemia lo es para todo el mundo», aseguró Font, durante la entrevista. | Pilar Pellicer

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Si lo hacemos bien y no se entrometen nuevas variantes del SARS-CoV-2, no habrá nuevas restricciones en Balears. Y quien lo dice lo sabe bien, pues el peso de esta decisión parte de su departamento. Maria Antònia Font (Palma, 1966) realiza una fotografía del actual momento de la pandemia.

¿Hemos tenido suerte con la llegada de la variante ómicron?

—No creo demasiado en la suerte, sino en la ciencia. El virus va cumpliendo su misión que es adaptarse a los humanos para seguir viviendo, y eso es lo que hace. Era de prever que apareciera ómicron. En estos momentos todavía hay que ver si es más leve porque confluyen dos factores importantes que pueden despistar: uno es la vacunación y la otra el comportamiento del propio virus.

¿Y cree que se está notando el factor vacunación con ómicron?

—La mayoría de la gente que está en UCI sigue siendo no vacunada y sí, se mantiene la inercia de que las personas con doble pauta tienen más protección que las que no.

¿Cómo cree que evolucionará la pandemia llegado a este punto? ¿Qué perspectivas abre 2022?

—Llevamos dos años de pandemia, tenemos más conocimientos y estamos abiertos a más. Sabemos que no lo sabemos todo, que deben resolverse todavía muchas incógnitas porque la evidencia necesita tiempo para dar respuestas claras. Pero la experiencia hasta ahora nos deja adaptarnos con más rapidez a las pautas que van marcando las diferentes variantes.

Se dice que el pico de la sexta ola será a mediados de enero.

—Sí, porque esperamos que el efecto de las fiestas empiece a pasar y deje de haber reuniones familiares. No hay que olvidar que mantenemos el símil con anteriores olas y que la mayoría de los contagios se producen en el ámbito familiar y social.

Sin embargo ahora no hay restricciones y esta variante es la enfermedad más contagiosa en el mundo, ¿podría no haber un pico, sino un nivel de contagios elevado sostenido en el tiempo?

—Podría pasar pero no es habitual en las enfermedades transmisibles. Lo normal es que siempre se llegue a un pico.

¿Hay nuevas restricciones sobre la mesa?

—En este momento no más de lo que ya está aprobado.

¿Se ampliará el uso del certificado COVID?

—Nuestra apuesta es la vacunación, que es lo lógico frente a un problema de salud pública. Nuestra función es mantener a las personas sanas con medidas de prevención e inspección con las herramientas de que disponemos, ya sea la vacuna, las medidas como la mascarilla o la detección precoz, que es hacerse las pruebas de diagnóstico lo antes posible para darle un tratamiento al enfermos, que en este caso es autoaislarse y que la persona misma se cuide.

Lo que sí parece que está cambiando es la gestión de la pandemia, dando las herramientas al paciente, ¿es lo que veremos ahora?

—Si la variante se sigue comportando de esta manera y estamos hablando de síntomas compatibles con cualquier resfriado, sí. Si alguien presenta ahora estos síntomas debe pensar que tiene COVID, y tiene que autogestionarse como ya lo habrá hecho otras veces a lo largo de su vida.

¿Cada vez hay más asintomáticos?

—Su detección ha evolucionado mucho. Al principio de la pandemia sólo enfocábamos los síntomas en la tos, la fiebre o la dificultad respiratoria, pero tras la primera ola se amplió el abanico y la gente empezó a notificar síntomas que, aunque fueran leves, no eran habituales en ellos como puede ser un excesivo cansancio, dolores musculares, o la falta de olfato o gusto... que no deja de ser leve aunque muy molesto, eso sí.

¿Ha pasado la COVID?

—No, yo no -ríe-. Pero sí sé de personas que lo han pasado y se han quejado mucho de este síntoma porque con el aislamiento les entra más ganas de comer y es incómodo.

¿Cree que dejaremos de cuarentenar a los contactos estrechos?

—Primero hay que diferenciar si están o no vacunados. Si lo están sólo deben extremar las medidas de precaución porque tienen más carga y pueden contagiar menos. En el colegio parece que pasará igual, entre los vacunados está por ver si deben mantener la cuarentena como la conocida hasta ahora o va a cambiar.

¿No le da miedo la vuelta al cole, teniendo en cuenta cómo terminó la situación en diciembre?

—Miedo no es la palabra. Lo que puede pasar, con la cantidad de transmisión comunitaria que tenemos ahora, es que sea un regreso con aulas bastante vacías. Esto lo hemos vivido en épocas de mucha gripe.

En diciembre se confinaron muchas clases y el sistema de vigilancia parecía saturado, muchos padres se quejaron.

—Se está trabajando en reforzarlo. Ahora, además, la ponencia de vigilancia ha revisando los protocolos para adaptarlos.

¿Los colegios siguen siendo un lugar seguro?

—Sí. Así lo dicen todos los datos que manejamos de transmisión secundaria. En el último mes, por cada 100 casos, apenas cuatro se contagiaron en las aulas. Cuando un positivo llega al colegio, normalmente se corta la transmisión porque se detectan ahí.

Baleares está a la cola de vacunación de niños, ¿qué les diría a los padres que no quieren inyectar el suero a sus hijos?

—Hace dos siglos que las vacunas salvan vidas, sobre todo, de los niños. Sabemos que no siempre se ponen para proteger la salud en ese momento, por ejemplo, a los dos años se pone la del tétanos y ningún padre o madre la pone en duda. Se vacuna porque si en algún momento a lo largo de su vida está en contacto con el virus, estará protegido. Tenemos la herramienta, usémosla. Hay muchas creencias que confunden a las personas pero hay que escuchar al mundo científico al que sólo le mueve el beneficio de las personas.

Este verano se plantearon vacunar a los niños en los colegios pero no se ha llegado a hacer.

—Las escuelas tienen un inconveniente, que son un medio educativo, lo que sirve para la educación en salud pero les falta la parte informativa que se necesita en el momento de la vacuna. Ya hace años que la vacunación salió fuera porque la red de control del niño de Atención Primaria da respuesta a todo el calendario de una forma muy segura para las familias y para el niño o joven.

¿Está saturada la sanidad balear ahora mismo?

—Tenemos un sistema sanitario fantástico, no me atrevería a decir que está saturado.

¿Y la Atención Primaria?

—Está haciendo una función muy importante de muro de contención en una estrategia que está cambiando. Lo importante ahora es adaptarnos lo antes posible a este cambio.

¿Se está resintiendo la atención a los pacientes no COVID en esta sexta ola?

—Probablemente la historia de la pandemia nos lo dirá. Cuando las medidas de prevención fallan, el sistema sanitario nos rescata, que es lo que está pasando ahora. Nos estamos rehaciendo del confinamiento, Primaria se ha reorganizado para atender a todos los pacientes y hacer prevención así que creo que no, no está afectando. Sí lo hace, por ejemplo, a Urgencias.

¿Cómo está evolucionando la otra epidemia, la de la gripe?

—Todavía apenas se han visto casos. La cobertura de vacunación al cerrar el año era del 57,65 % en mayores de 65 años, pero nos falta añadir las cifras de residencias. El total de vacunados de gripe es de 160.183 personas y en estos momentos ya se ofrece a la población general.

¿Qué retos se plantea desde la dirección de Salut Pública?

—Tenemos diferentes programas de prevención primaria como la vacunación, ya que hay que incorporar la del neumococo en mayores de 65 años al calendario; seguimos en la lucha contra el tabaco y ampliaremos los cribados de cáncer de colon o de papiloma, entre otros.

El apunte

Sobre la crisis de estudiantes: «La respuesta judicial avala lo que se hizo»

Tras verse implicada en varias denuncias judiciales por la gestión de los contagios entre estudiantes de todo el territorio español que celebraron en verano el final de curso en Mallorca, Maria Antònia Font aclara que «está todo archivado». Llegaron a acusarla incluso de secuestro, por la justificación que dio para confinar a los contactos estrechos, sin embargo asegura que «se hizo lo que se tenía que hacer, como durante toda la pandemia». ¿Cree que cometió algún error? «La respuesta judicial avala todo lo que se hizo», responde, «por eso está archivado». Tras dos años de pandemia y de tomar decisiones complicadas, ¿ha tenido ganas de tirar la toalla?, se le pregunta. Y la respuesta es sencilla y sin asomo de duda: «no». «Ha sido duro, pero una pandemia lo es para todo el mundo, cada uno a su nivel. Yo tenía un puesto de responsabilidad porque lo acepté y lo he asumido», responde.