Algunas personas se resisten a quitarse la mascarilla por miedo, inseguridad o complejos. | Freepik

0

El uso obligatorio de la mascarilla en interiores tiene los días contados, ya que a partir del 20 de abril decae esta restricción debido a la mejora de la pandemia de la COVID-19, aunque con excepciones. Aunque la mayoría de los ciudadanos han acogido con buena aceptación esta decisión del Gobierno, lo cierto que hay personas que son muy reticentes a quitársela y que tienen previsto seguir llevándola. El decano del Colegio de Psicólogos de Baleares, Javier Torres, ha precisado que hay que distinguir entre aquellas personas que tienen miedo a contagiarse y las que quieren tapar algún defecto estético. En el caso de los primeros, opta por respetar su decisión; pueden ser personas que han pasado la enfermedad y tienen miedo porque lo han pasado mal, o bien, porque son vulnerables o han perdido a algún ser querido. No obstante, ha advertido que habrá que estar muy pendientes de que no limiten sus interacciones sociales o restrinjan su vida social.

Noticias relacionadas

Otra cuestión es el caso de aquellos que se niegan a quitarse la protección facial porque la aprovechan para taparse algún defecto estético; los defectos en la boca suelen ser muy habituales. Torres ha precisado que este problema es bastante habitual en los adolescentes, ya que muchos de ellos suelen llevar ortodoncia o tienen problemas de acné y el hecho de llevar mascarilla les ayuda a ocultarlos. Otro caso que han detectado los psicólogos es el de aquellas personas que utilizan la mascarilla como protección para hacer frente a sus inseguridades, por ejemplo en una entrevista de trabajo o en una intervención en público.

¿Cómo solucionar el problema?

Torres ha expuesto que con estas personas habrá que hacer un tratamiento de habilidades sociales, concienciarles de la importancia de que los defectos se deben asumir o trabajar el miedo a hablar en público. Además, ha recomendado quitarse la mascarilla de forma gradual, cuando cada persona se vaya sintiendo cómoda. «Que vean que no pasa nada por quitársela», ha sugerido. En este punto, ha argumentado que el hecho de que esta restricción se esté eliminando de forma progresiva (primero en exteriores, luego en interiores pero con excepciones) ayudará a las personas que son reticentes a dejar de utilizarla.