Carlos, durante la rehabilitación en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. | C.L.

«A los dos días de estar en la UCI vino la doctora. Tenía cuatro vértebras rotas y graves problemas en un pulmón. Cada vez me costaba más respirar y me dijo que me tenían que intubar. Me despedí de mi familia y amigos, por si acaso. Eso fue un sábado y el lunes me levanté ya operado». Carlos López recuerda muy bien los días más complicados que pasó en el hospital tras sufrir un grave accidente en moto volviendo de Deià. Lo hace ahora desde el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo donde como él mismo dice está «empezando a construir una vida nueva». Un camino, que explica, sería imposible de hacer sin sus dos pilares fundamentales: la familia y los amigos. La historia de este joven mallorquín de 28 años ha sido una de las diez seleccionadas para visibilizar a las víctimas en la campaña de la carrera solidaria Ponle Freno de Madrid.

Es domingo y el hospital donde se rehabilita está mucho menos concurrido. La actividad allí es constante y aprovecha su día libre para bajar a la cafetería, en la habitación hay poca cobertura, y atender muy amablemente la llamada de Ultima Hora. «La gente que es de Madrid o alrededores suelen irse los fines de semana. Algunos se han ido ahora de vacaciones unos días pero en mi caso es algo más complicado al ser de Mallorca. Recibo muchas visitas pero soy de los pocos que todavía no ha ido a casa. Creo que yo ya esperaré a que me den el alta para volver», explica.

La conversación rápidamente se dirige al punto cero, donde empezó todo: «Era un 5 de enero. Yo salía de una guardia de 24 horas, soy técnico de ambulancias. La noche había sido muy tranquila y había podido descansar. A las siete y media de la mañana fui a desayunar con mi madre. Luego pasé por la barbería a cortarme el pelo y estando allí me llamó un amigo. Otro amigo se había comprado una moto y me dijeron de ir a tomar algo a Deià. A la vuelta fue cuando ocurrió». La niebla y la humedad de esos primeros días del año, a pesar de que asegura que iban de paseo, hicieron que este mallorquín perdiera el control de su moto en una curva. El vehículo chocó contra un muro y él salió despedido por encima del mismo: «Caí en plancha desde unos siete metros. Fue un cerrar y abrir de ojos. Me fui a levantar y no pude. Al trabajar en emergencias ya sabía más o menos lo que me pasaba. Me empecé a palpar y me di cuenta que no sentía hasta la zona del abdomen. Allí comencé a ponerme muy nervioso, a hiperventilar. Recuerdo que cogí una piedra y me puse a dibujar círculos en la tierra para tranquilizarme».

Toledo

Tras la operación, con algunos problemas de salud derivados de la misma y de los que todavía se recupera, la nueva realidad chocó de frente con este joven mallorquín. Los días pasaban y la sensación «de no avanzar» era cada vez mayor. «¿Qué día recuerdo más feliz desde el accidente? El día que me fui de Mallorca. Puede parecer raro pero el día que me dijeron que me iba a Toledo e hicimos una despedida fue muy especial. Para mi era como que empezaba un camino, la rehabilitación de verdad. Así ha sido, cada vez soy más independiente y eso me hace muy feliz», asegura.

El día a día en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo es un no parar. Actividades mañana y tarde: rehabilitación, gimnasio, entrenamientos para mejorar el control de la silla, gestiones varias, psicólogo, etc.

También hay tiempo para la vida social: «Si te aíslas lo pasas mal. Tienes que apoyarte en los demás, hay gente muy positiva. He conocido a personas muy especiales aquí y me llevo su amistad para toda la vida».

Es sorprendente a lo largo de la charla la mentalidad positiva que transmite Carlos. Preguntado por este ámbito, reconoce que esto es «una montaña rusa de emociones» y que aunque ahora le podemos ver muy entero también hay días malos. «Al final te ha cambiado mucho la vida. Pero bueno, esto te fastidia pero no te la arruina. Cuando ahora voy haciendo cosas que hace meses parecían imposibles es cuando me doy cuenta, aunque sean pequeños avances. Si me estanco en la lesión y me maldigo por haberme quedado así no voy a avanzar. Ya tenía mi vida más o menos construida, pues mira, ahora la tengo que construir otra vez. Es una motivación extra», dice.

Gran familia

Clave en los días difíciles y siempre presentes. Así lo resume este joven al ser preguntado por el apoyo de su familia y amigos. El accidente no solo le ha cambiado la vida a él, también a sus más cercanos que son ahora una gran familia: «Mi madre y mis amigos han sido un pilar fundamental. Cuando estuve en la UCI hicieron un grupo de Whatsapp y se preocupan por mi a todas horas. Sin ellos no podría mantener esta mentalidad que tengo. Si no es por mi lo remontaré por ellos, el día que estoy de bajón lo peleo por ellos».

Sobre el futuro, calcula que le quedan unos dos meses en Toledo antes de volver a la Isla. Una vez en Mallorca se le plantean algunas incógnitas como la de la vivienda. «Tengo un buen problema con ese tema porque necesito adaptar mi domicilio y en el piso que tengo no se puede . Estoy pensando como hacerlo para encontrar una nueva vivienda», relata. Otro gran cambio en este nuevo camino va a llegar en el ámbito laboral donde se verá obligado a dar un nuevo enfoque a su vida profesional: «Ya lo quería hacer antes y ahora con la edad que tengo me niego a dejarme ir, quiero estudiar y dedicarme a algo que sea compatible con mi lesión». Confiesa también, que al igual que con la campaña de Ponle Freno, le gustaría poder ayudar a otras víctimas en un futuro.

La vida le ha cambiado mucho y tiene asumido que a pesar de la rehabilitación no habrá «ningún milagro». Sin embargo, este joven asume también que está en plena construcción de una nueva y por qué no interesante vida. El piragüismo es un deporte adaptado que le atrae y que ve con buenos ojos. La música electrónica, una pasión de la que disfruta con sus amigos y de la que no se va a privar: «Ya me han dicho que si para ir a un festival me tienen que subir cien escalones con la silla lo harán, ¡eso no me preocupa!».