Editorial

La libertad de expresión en sede parlamentaria

Eivissa |

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La intervención de la portavoz de EH Bildu, Mertxe Aizpurua, en la sesión de investidura provocó una sonora bronca y la salida de diputados del hemiciclo por sus alusiones a Arnaldo Otegi, de quien dijo que «estuvo más de seis años injustos en prisión» y sus críticas a Felipe VI. Aizpurua calificó de «autoritario» al Rey y criticó el discurso del jefe del Estado después del referéndum ilegal del 1 de octubre en Catalunya. El presidente del PP, Pablo Casado, calificó estas afirmaciones de «apología del terrorismo», y recriminó a la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, que no hubiera llamado al orden a la diputada de EH-Bildu. Ciudadanos exigió que Aizpurua se retractase de sus manifestaciones y que fueran borradas las alusiones al jefe del Estado.

Defensa mediante la palabra.
La presidenta del Congreso, tras pedir respeto a la libertad de expresión y llamar a la calma, y subrayó que en Parlamento se defienden posiciones políticas mediante la palabra, «no mediante el grito y el insulto». Batet fue más lejos al añadir que durante el debate de investidura ha escuchado afirmaciones «absurdas, execrables y algunas falsas», pero su obligación es garantizar la libertad de expresión.

Debates en sede parlamentaria.
El contraste de ideas, programas y planteamientos políticos se sustancia, en sede parlamentaria, mediante debates donde intervienen los portavoces de los distintos grupos. Cada uno de ellos es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios. El fair play exige una dialéctica serena y con altura intelectual para rebatir con argumentos, no con broncas ni con críticas ad hominem, las afirmaciones de los adversarios. «Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo», frase atribuida erróneamente a Voltaire, aún cuando es de su biógrafa británica Evelyn Beatrice Hall. La libertad de expresión debe prevalecer sobre las armas arrojadizas de las descalificaciones, los insultos y las amenazas.