OPINIÓN | Joan Miquel Perpinyà

El Maquiavelo de Podemos

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Es de gran importancia disfrazar las propias inclinaciones y desempeñar bien el papel del hipócrita», escribió Maquiavelo. Alberto Jarabo liquida a las críticas de un plumazo, sin necesidad de dialogar ni de consensuar. Él, que tan a menudo se comporta como un catedrático de democracia, dando lecciones a diestro y siniestro, se nos muestra como un líder con pies de barro, que para acabar con las disensiones corta cabezas y expulsa a los discrepantes. Para ello no le ha importado sumir al Parlament en una crisis de envergadura, como tampoco parece importarles a sus socios de PSIB y Més, lo que ya es más alarmante porque a ver dónde vas con socios así. No hay precedentes en la historia de nuestra autonomía de un partido que expulsa a dos diputadas.

✒ «En Podemos, el que la hace la paga», dijo Jarabo. Pero, ¿qué es lo que han hecho las expulsadas? Se acusa a Xelo Huertas y Montse Seijas de corrupción, que es lo peor de lo que desde Podem se puede acusar a alguien en Balears, baldón imposible de borrar de por vida. Todo por defender que el laboratorio de investigación de Daniel Bachiller debía seguir subvencionado por el Govern como había sucedido hasta ahora. Y ambas vieron claro que la decisión del Govern de retirar la subvención suponía el cierre del laboratorio, inaceptable por lo que supone de retroceso en el panorama investigador de enfermedades en Balears, a parte de una descarada represalia contra Bachiller por su oposición a la creación de la Facultad de Medicina de la UIB. Laura Camargo llegó a decir en Canal 4 TV que había una «persecución política» contra Bachiller. ¡Qué razón tenía! ¿Quién iba a sospechar que ella era la persecutora?

✒Pero Jarabo, el Maquiavelo de Podemos, cuando leyó en Telegram que Huertas y Seijas amenazaban con votar en contra de los presupuestos, vio el cielo abierto. Las dos diputadas que más le criticaban por su apoyo a las cuentas públicas, que no ha llevado al Consejo Ciudadano del partido, podían ser acusadas de vulnerar el código ético por intentar beneficiar los intereses particulares de Bachiller. No por hacer algo, sino por manifestar intenciones. Eso es más que suficiente para botar a las dos diputadas, acusándolas nada menos que de corruptas. Como si después de la rajada de Seijas no supiéramos bien que aquí el único que parece haber maniobrado para beneficiar en IB3 a su antigua productora Quindrop ha sido Alberto Jarabo.

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