Opinión/Lucas Ramon Torres. Sacerdote

Domingo de Pentecostés ( Jn, 20-19-23)

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Con esta Solemnidad de Pentecostés termina el tiempo de Pascua. Han transcurrido cincuenta días desde que Jesús resucitó. Después de saludar a sus amados apóstoles: “ La paz sea con vosotros”. El Señor añade: como el Padre me envió, así os envío yo. Recibid el Espíritu Santo, a quienes les perdonéis los pecados les son perdonados; a quienes se los retengáis, les son retenidos.

El sacramento de la Penitencia es la expresión más sublime del amor y de la misericordia de Dios con los hombres. Los Papas han recomendado con insistencia que los cristianos sepamos apreciar y aprovechemos con fruto este Sacramento. Momentos antes de retornar al Cielo envía a los apóstoles con la misma potestad con la que el Padre le había enviado, les ordenó que extendieran por todo el mundo su doctrina. Todos los que obedezcan a los Apóstoles se salvarán; los que no les obedezcan perecerán ( Mc.16,16).

Jesús ha subido al cielo pero permanece presente en la tierra por su Espíritu, que es el alma de la Iglesia. Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. El último acto que realizó Jesús al subir al Padre, fue bendecir a los suyos. Anteriormente, en la víspera de su Muerte, quiso quedarse y se quedó en la Santísima Eucaristía. Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.

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