Opinión / Jesús García Marín

Ibiza, al margen

Eivissa |

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Leyendo aspectos de la historia de Ibiza muchas veces da la impresión de que nuestra Isla ha tenido que funcionar siempre por sus propias fuerzas porque, salvo la exportación de sal, parecía alejada de la mano de Dios, del arzobispado de Tarragona y de los dos centralismos que ha tenido, el que venía de Madrid y el que venía de Palma (ahora sin «Mallorca»). Ese mecanismo sigue en cierta forma funcionando y no me extraña que el otro día peperos ibicencos solicitaran a Armengol que destine más dinero a la isla Pititusa, concretamente 44 millones de euros. Esa lejanía presupuestaria con respecto a Ibiza es casi desde siempre. Como botón de muestra veamos hoy un documento desconocido, se trata de una carta que el 2 de marzo de 1899, un año después de que se perdiera Cuba y Puerto Rico, el militar e historiador ibicenco don José Clapés (1864-1916) mandó al periódico El Heraldo de Madrid. En la misma se queja de que Ibiza esté expuesta a cualquier enemigo por tener una guarnición militar tan reducida que incumple el Real Decreto de 1893 que obligaba a reforzar militarmente los lugares más alejados de la Península. No era el caso de Palma, que estaba bien pertrechada. Clapés se pregunta por qué sí Palma y por qué no Ibiza, añadiendo que a los ibicencos no les ha dolido prendas en vestir el uniforme militar y en ir a combatir a Cuba y Filipinas. Mallorca tenía entonces un soldado por cada 120 habitantes; Menorca, uno por cada treinta; e Ibiza, uno por cada 250 isleños. Clapés exige al Gobierno que por lo menos Ibiza tenga una compañía completa. En aquella época una invasión por mar no era rareza. Incluso los estadounidenses, durante la guerra de Cuba, se plantearon invadir las Baleares.

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